Capítulo 4
______ había empezado a relajarse al ver que terminaron
el primer plato, el
segundo, y que pasaron a los postres sin que Tom se
acercara a su mesa, pero
justo cuando estaban esperando la cuenta, apareció a su
lado, con la elegante rubia
de su brazo.
—Vaya, hola —lo saludó Brandon cordialmente—. ¿Qué hay
T.T.? Imagino que
estarás contento de que la feria de ganado sea pronto. Yo
mismo estoy hecho polvo
y todavía me quedan por examinar dos rebaños enteros,
pero bueno, pronto
volveremos a la calma habitual
—Sí, será agradable tener algo de tiempo libre para
variar —asintió vagamente
Tom. Sin embargo, mientras hablaba no miraba al
veterinario, sino a ________, y fue a
ella a quien se dirigió a continuación—. Hace semanas que
casi no te he visto — le
dijo en un tono cortante—. Estaba empezando a preguntarme
si estarías evitándome.
A ______ le pilló por sorpresa aquel ataque repentino, y
el veneno en su profunda
voz. Y no era la única a juzgar por las miradas de
extrañeza que intercambiaron
Brandon y Eddie.
—No he estado evitándote —replicó ______, pero apenas
pudo mirarlo a los ojos,
recordando su último encuentro—. Lo que ocurre es que tú
has estado muy ocupado,
igual que mi padre. Y yo también he estado atareada.
—Sí, pero siempre sueles venir a vernos trabajar
—insistió T.T., entornando los
ojos.
______ no quería seguir con aquella conversación.
Jugueteó nerviosa con la
servilleta, tratando de hallar un modo de convencerlo de
que no era lo que él
pensaba.
— ¡Estoy gorda!, ¿de acuerdo? Últimamente me cuesta mucho
subirme a un
caballo —casi le gritó, intentando resultar convincente—,
¿Ya estás satisfecho?
—No digas tonterías, tú no estás gorda —repuso Tom.
—Bueno, algún kilito de más sí que tiene —murmuró Eddie,
agarrando de un
modo posesivo el brazo del vaquero—. No seas, bruto, T.T.,
todas las mujeres somos
muy sensibles cuando se trata de esos centímetros de más,
¿verdad, querida?
—añadió con una risa que no denotaba demasiada
sensibilidad—. Sobre todo cuando
se concentran en las caderas.
______ se sintió dolida, y quiso abofetearse por la
excusa que se había buscado.
—Pues yo creo que _______ está bien como está —salió
Brandon en su defensa,
dedicándole a la joven una brillante sonrisa—. De hecho,
a mí me parece una de las
mujeres más hermosas que conozco.
—Eres un ángel —le dijo _______ apretándole la mano.
— ¿Cómo es que no está tu padre con vosotros? -inquirió
T.T.
De pronto, al ver aquellos gestos de afecto entre la
joven y el veterinario, sus
facciones se habían puesto rígidas.
______ lo miró sin comprender.
—No suelo llevar a mi padre en mis citas, T.T. –le dijo
muy calmada.
—No era hoy su cumpleaños? -inquirió el capataz. No sabía
que lo irritaba más,
si el verla allí con aquel payaso de Hale, o el haberse
enterado de que ya no era
virgen. Había soñado tantas veces con ser el con quien
compartiera esa primera vez...
Sus ilusiones, sus esperanzas se habían visto
destrozadas, y lo único que quería era
hacerla sentirse tan mal como se sentía el.
—No es mañana -respondió ______-. Brandon y yo vamos a
llevarlo al desfile de
mañana, ¿verdad, Brandon?. —añadió de improviso.
No habían planeado o no estaba dispuesta a decirle a Tom
que solo había
pensado hacerle una tarta de cumpleaños y celebrarlo , en
casa, y que la acusara de
ser una mala hija.
—Claro... desde luego -asintió Brandon, mirándola
sorprendido.
Otra vez el maldito Hale... », pensó Tom furioso. Miró a
______ con desdén, y
le dedicó a Brandon una fría mirada.
—Vaya supongo que se sentirá muy agradecido de que al
menos os hayáis
acordado de su cumpleaños.
—¿Se puede saber qué mosca te ha picado? —le espetó
_______ mirándolo
con el entrecejo fruncido. ¿Estaba tratando de empezar
una pelea? Se irguio en la
silla consciente de la mirada escrutadora de Eddie.
—Vamos ______, no le hagas caso, es solo que ha tenido un
par de semanas muy
duras. Lo sé, porque para mi también lo han sido
—intervino Brandon conciliador,
con una sonrisa.
—Es verdad las semanas previas a la feria de ganado
pueden poner nervioso a
cualquiera que trabaje en un rancho —asintió _______.
Giró la cabeza hacia Eddie,
en parte por cambiar el tema de conversación, y en parte
para que dejara de mirarla
de aquella manera tan descarada—. ¿Y tú, Eddie?, ¿Cómo
estás? Me encanta tu
vestido.
—¿Este trapo viejo? —se rio Eddie—. Gracias. Pensé que le
alegraría la vista a
nuestro amigo —dijo mirando a T.T.—, pero me parece que
mis esfuerzos han sido en
vano.
—¿Eso crees? —murmuró Tom. Tras lanzar una breve mirada a
_______, deslizó
su brazo por la cintura de Eddie y la atrajo
posesivamente hacia él—. Si vienes
conmigo te demostraré lo equivocada que estás —le dijo en
un tono muy sensual.
—¿Quién podría negarse a una oferta tan tentadora?
—murmuró Eddie
sonriéndole de un modo seductor. Volvió la cabeza un instante
hacia _______ y Branden—.
Que disfrutéis de la velada.
Se despidieron de ellos, y ______ los vio alejarse,
reprimiendo a duras penas el
deseo de levantarse y gritar: «¡Detengan a esa mujer! ¡Se
lleva a mi esposo!» Se iban
a estar a solas en algún sitio, y seguramente no sería
para jugar al parchís. Apretó
los dientes celosa.
—Pobre ______ —dijo Brandon de pronto, sorprendiéndola.
La joven giró el rostro
hacia él y vio reflejados en sus ojos azules la
comprensión y una sincera
preocupación—. De modo que era eso...
—No es lo que piensas... —se defendió ______—, es solo
que... Bueno, llevo tanto
tiempo cuidando de él... Lo sé, sé que parezco una
gallina clueca, y que debo dejar de
protegerlo a toda costa. En fin, supongo que será el
instinto maternal.
Pero Brandon no estaba ciego. Puso su mano sobre la de
_______, y se la apretó
afectuosamente.
—Si alguna vez necesitas un hombro sobre el que llorar...
Bueno, aquí me
tendrás siempre, ¿de acuerdo? — le dijo suavemente—. Y si
alguna vez superas tus
sentimientos por él...
—Gracias, Brandon —murmuró ella, obligándose a esbozar
una sonrisa.
—Um... ______... sobre lo del desfile de mañana... Me
encantaría acompañaros,
pero tengo trabajo y no voy a poder lo comprendes,
¿verdad?
Ella meneó la cabeza.
—Perdóname, no debería haberte puesto en un problema así.
Yo solo tenía
pensado hacer algo sencillo, una tarta y algunos
regalos... Es solo que T.T. me puso
furiosa.
—No pasa nada. De todos modos, la verdad es que es
extraño que T.T. se
comportara como se ha comportado esta noche. ¿Ha ocurrido
algo entre vosotros?
La joven se retorció las manos incómoda. No podía
decírselo.
—Sería muy largo de contar. La verdad es que por mi culpa
nos he metido a los
dos en un lío tremendo, pero no tengo ganas de hablar de
ello. No te enfadas
conmigo ¿verdad?
—Pues claro que no.
—¿Podrías llevarme a casa? Me duele un poco la cabeza—Brandon
pareció algo
decepcionado de que la velada terminara tan pronto,
pero, como el caballero que era, hizo lo que le pedía sin
rechistar, y la dejó en la
puerta de su casa sin siquiera pedirle un beso de
despedida.
Mientras, ______ entraba en la casa con el ánimo muy
decaído. La aparición de T.T.
le había arruinado la tarde, precisamente cuando había
salido porque necesitaba
apartarlo un rato de su mente.
Aquella noche apenas pudo dormir, y para colmo, cuando se
levantó y bajó para
hacer el desayuno, entró T.T. por la puerta del patio
trasero, con la expresión de un
gato con la boca llena de plumas. No hacía falta tener
mucha imaginación para
adivinar por qué parecía tan contento. Probablemente lo
había pasado muy bien con
Eddie la noche anterior.
—¿Qué quieres? —inquirió ______ disgustada.
Él enarcó las cejas ante semejante saludo matutino.
—De momento me conformaré con una taza de café, y después
querría hablar
con tu padre antes de que tú y tu afortunado veterinario
os lo llevéis a la ciudad.
_______ se quedó callada. La noche anterior le había
contado otra mentira, y de
repente volvía a encontrarse con que se había caído con
todo el equipo. Incluso notó
como un ligero rubor subía a sus mejillas.
T.T. la miró curioso. Levantó un poco el ala de su
sombrero, y se apoyó contra la
encimera.
—No ibas a llevar a tu padre al desfile, ¿no es cierto?
—le preguntó en un tono
menos beligerante que la noche anterior.
La joven meneó la cabeza muy despacio, sin atreverse a
mirarlo a los ojos.
—¿Y por qué me dijiste eso?
Entonces ______ alzó la vista y lo miró enfadada.
—¡Pues porque tú pretendías hacer ver que era una mala
hija!
Los ojos negros de Tom estaban recorriendo su cuerpo de
abajo arriba. ______
se sintió enrojecer de nuevo. Ningún hombre la había
mirado antes de ese modo tan
sensual, haciéndola sentir como si la estuviera
acariciando.
Sus ojos se encontraron, y Tom pudo leer el deseo en los
de ella. ¡De modo
que no le era tan indiferente a ______ como ella
pretendía! Tal vez no fuera una virgen
inocente, pero seguía siendo vulnerable. Una sonrisa
imperceptible se dibujó en sus
labios.
— Ya sé que te preocupas por tu padre —le respondió—. Es
solo que no me
gusta que pases tanto tiempo con Hale.
—Brandon es...
—Un payaso —concluyó él —. Es demasiado irresponsable y
alocado. No es el
hombre que deberías tener a tu lado. Seguramente no te ha
satisfecho del todo ni
una sola vez.
Por su tono, era evidente a lo que se refería, y a _______
casi se le cayó el
paquete de harina que tenía en las manos cuando quiso
dejarlo sobre la encimera. Le
dio la espalda mientras preparaba la masa de las galletas
rogando por que se fuera.
—Brandon me hace reír, y siempre es muy amable conmigo
—le dijo a T.T.
Tom se acercó a ella por detrás, y se quedó a escasos
centímetros de ella.
Estaba tan cerca que _______ podía sentir su calor y oler
su colonia. Se puso tensa,
esperando que él la tocara, que sus fuertes manos le
rodearan la cintura, y que
ascendieran hacia sus senos, tomándolos.
—¿Qué estás haciendo? —inquirió el capataz.
La joven abrió los ojos, que había cerrado hacía unos
instantes, perdida en
esos pensamientos turbadores. Tom no estaba tocándola.
Podía sentir su aliento en
la nuca, pero simplemente estaba mirando por encima de su
hombro, eso era todo.
¡Dios!, ______ estuvo a punto de volverse y besarlo, de
abrazarse contra él. No, se dijo,
tenía que controlarse, no quería que supiera lo
vulnerable que se sentía cuando lo
tenía tan cerca.
—Estoy... estoy haciendo galletas —contestó ella,
tragando saliva. Se notaba la
garganta tan seca... — . Hay café recién hecho en la
cafetera, si quieres irte
sirviendo.
Sin embargo, T.T. no se apartó de ella. Tratando de
ignorarlo, ______ alisó la masa
con un rodillo y empezó a cortarla con el molde,
colocando las galletas en la bandeja
del horno. Quería darle la impresión de estar muy
calmada, pero el ligero temblor de
sus manos la delataba. Quería gritar. ¿Por qué tenía que
atormentarla de esa forma?
Se atrevió al fin a girar la cabeza hacia él, y lo miró a
los ojos, hallando en ellos
lo que había esperado ver: brillaban burlones, como si ya
se hubiera dado cuenta del
efecto que tenía sobre ella.
—¿Te incomoda mi proximidad, _______? —la picó, bajando
la vista
deliberadamente a los generosos labios de la joven—. Yo
diría, que si Hale te
satisficiese, no te incomodaría en absoluto.
La respiración de ella se había tornado entrecortada, y
tuvo que volver a girar
la cabeza hacia su tarea para poder ignorarlo.
—¿Y Eddie?, ¿es Eddie suficiente para ti? —replicó
enfadada.
—La verdad es que, cuando un hombre siente ciertas
necesidades, le basta
cualquier cosa que tenga un par de senos —contestó él
irritado al ver que ella se
negaba a admitir que la atraía.
— ¡T.T.! —exclamó ella indignada, girándose hacia él.
Aquel fue un error, porque Tom aprovechó ese momento de
despiste de ______
para acorralarla contra la mesa, interponiendo ambas
manos a los lados de sus
caderas.
—¿Por qué no quieres admitir que te sientes atraída por
mí? —inquirió
mirándola a los ojos.
La joven trató de rehuir su intensa mirada, pero fue
inútil.
—Esto no es justo, T.T. —murmuró ______—, yo he estado
salvándote el
cuello estos tres años, he tratado de hacer que te
sintieras cómodo aquí, te he
ayudado siempre que he podido... ¿Es este tu modo de
pagármelo?
— Ya te he dicho que nunca he necesitado a una niñera.
No, _______, has estado
evitándome toda la semana, y no me gusta. Quiero saber
por qué.
—¿Y es así como pretendes hacer que te lo explique? —le
espetó ella.
—Es el modo más efectivo que se me ha ocurrido —respondió
él — porque
desde el día en que hablé contigo en el vestíbulo, has
puesto tierra de por medio
cada vez que nos encontrábamos —entornó los ojos
suspicaz, — De hecho, yo diría
que has estado haciéndolo desde aquella noche en Juárez.
¿Qué es lo que te hice
_______? ¿Acaso intenté hacerte el amor?
—¡No! —exclamó ella.
—¿Qué pasó entonces?
_______ no podía decírselo. Debería hacerlo, pero no
podía. Bajó la mirada al
cuello de su camisa.
—Dijiste que podría cargarte sobre mi hombro para traerte
de vuelta
—murmuró repitiendo lo que tanto le había dolido—, que no
era nada más que un
chicazo.
T.T. no lo recordaba, pero si pudo entrever el dolor en
el rostro de la joven, y
eso le hizo sentirse mal.
—Estaba bebido, _______ —le dijo suavemente—. Tú sabes
que no decía en serio
esas cosas.
La joven se rio con amargura.
—¿Ah, no? Yo creía que los únicos que decían lo que
pensaban eran los niños,
los locos y los borrachos.
Tom contrajo el rostro.
— ¿Qué más te dije?
—Con eso ya fue bastante. Cerré mis oídos al resto.
—¿Y es por eso por lo que me estás evitando? —insistió
él, como si aquello
realmente le importara. Y la verdad era que le importaba,
porque se había sentido
muy dolido por su rechazo.
La joven se quedó dudando un instante, pero luego asintió
con la cabeza.
Tom agachó la cabeza y frotó su mejilla suavemente contra
la de ella. No
intentó besarla, ni siquiera atraerla hacia él, pero su
rostro se acercó al de ella, y
______ pudo notar su aliento sobre el pómulo, después
sobre la barbilla, la
garganta... T.T. apoyó la frente en el hueco de su
cuello, y la joven sintió su
respiración jadeante chocar contra la piel que quedaba al
descubierto a través de la
blusa entreabierta. La nariz de Tom descendió sobre esa
zona, apartando con
cuidado la tela y rozando la parte superior de uno de sus
senos cuando...
—______, ¿dónde diablos has puesto el periódico?
Tom levantó la cabeza al oír la voz de su jefe,
procedente del salón. Los ojos de
los dos se encontraron, y él se apresuró a apartarse de
ella, mientras la joven se
arreglaba la blusa, azorada.
Tom fue a servirse el café, y ella volvió a sus galletas
con el corazón
desbocado.
—Vaya, T.T., buenos días —saludó Ben Mathews entrando en
la cocina—, no
esperaba encontrarte aquí tan temprano. Hola, hija, ya
encontré el periódico,
perdóname. Olvidé que lo había metido en el revistero.
—Feliz cumpleaños, papá —le dijo su hija esbozando una
sonrisa con dificultad
y besándolo—. Voy a hacerte galletas de mantequilla para
el desayuno.
— Hummm... Eso veo. Y también me harás una tarta...
espero.
— De coco, tu favorita. Y también te voy a preparar tus
platos favoritos para
el almuerzo.
—¿Qué más podría desear un hombre el día de su
cumpleaños? —dijo Ben
sonriendo ampliamente — . T.T. puedes unirte a nuestra
celebración si quieres.
—Me encantaría —contestó el capataz, sin dejar de
advertir la repentina
rigidez en la espalda de ______—, pero me temo que no me
será posible: le he
prometido a Eddie que la llevaría al desfile, y que
después iríamos a Juárez, a pasar
el resto del día de compras.
—Vaya, bueno, pues que os divirtáis —contestó Ben
lentamente, advirtiendo
que había malas vibraciones en su cocina.
—Por qué no vienen con nosotros? _____ y usted — dijo Tom—.
Podría celebrar
su cumpleaños en México.
—¡Gran idea! —exclamó el ranchero—. No me he tomado un
día libre desde...
demonios, ni siquiera recuerdo desde cuando —dijo
frunciendo el ceño—. Y también
lo pasaría muy bien, estoy seguro. ¿Qué cariño? Y luego
T.T. y Eddie podrían venir
a cenar a casa con nosotros.
La joven quería que se la tragara la tierra. Por suerte
estaba de espaldas a
ellos y no podían ver la expresión su rostro.
—Claro, será estupendo —dijo con una voz lo más alegre
posible. ¿Qué otra
cosa podía decir? Después de todo era el cumpleaños de su
padre, y tenía derecho
a celebrarlo como quisiera.
—De acuerdo entonces —intervino Tom—. Solo nosotros
cuatro, sin Hale.
La joven lo miró molesta.
—Brandon no podría venir de todas maneras —le replicó—.
Me dijo que hoy
tenía mucho trabajo.
—¿No te llevas bien con Brandon, T.T.? —le preguntó Ben a
su capataz,
mirándolo extrañado.
—Sí que me llevo bien con él, es solo que no me gusta
verlo mariposear
alrededor de ______ —contestó Tom con sinceridad—. Ella
se merece algo mejor —
dijo lanzándole una breve mirada a la joven.
Ben se rio entre dientes. Ya estaba empezando a
comprender por qué el
ambiente parecía tan tenso. Giró la cabeza en dirección a
su hija, y observó el ligero
rubor que teñía sus mejillas, y cómo parecía algo
nerviosa mientras metía la bandeja
en el horno. Lástima haber irrumpido de repente en la
cocina...
Sin embargo, Ben Mathews apartó aquella cuestión de su
mente en cuanto su
capataz empezó a hablarle del estado de los animales y la
venta del ganado.
Al cabo de un rato, _______ tuvo listo el desayuno, las
galletas, el bacon y los
huevos revueltos desaparecieron de los platos en un
santiamén.
—Deberías casarte con mi hija, T.T. No encontraras a una
cocinera mejor en
todo el Estado.
—¡Papá! —exclamó ella indignada. Aquello le recordó que
«ya» estaban casados,
y se sonrojó.
T.T. lo advirtió, y la observó un buen rato con los ojos
entornados. Aquella era
una reacción bastante peculiar para una chica liberada, y
también lo había sido el
modo en que se había turbado momentos antes. Sí, estaba
actuando de un modo muy
extraño, y no creía que fuera solo porque hubiera herido
sus sentimientos en Juárez.
Debía haber ocurrido algo aquella noche, estaba seguro.
¿Pero qué?
—La verdad es que no me interesa el matrimonio — murmuró,
absorto en una
tira de bacon, y no vio la expresión de desesperación en
el rostro de _______.
—¿Y no quieres tener hijos? —insistió Ben.
_______ desearía haber salido llorando por el modo en que
afectó a Tom aquella
pregunta tan inocente. Lógicamente su padre no sabía la
tremenda pérdida que T.T.
había sufrido, que su mujer estaba embarazada cuando se
ahogó.
—¿Más café, papá? —le ofreció la joven, distrayendo su
atención del rostro de
Tom, que de pronto había palidecido.
T.T. se sintió conmovido por aquel gesto, por aquel deseo
de protegerlo, incluso
a pesar de esas cosas que le había dicho. La observó en
silencio, pensando en lo
atractiva que era, incluso con esos centímetros de más. A
él le gustaba tal y como
era. Tenía exactamente la figura que él siempre había
pensado que una mujer
debería tener: redondeada y suave. Le encantaban sus
graciosas pecas, y como su
cabello parecía estar hecho de llamas danzantes cuando se
ponía al sol, y cómo
hablaba y cómo olía... Si no hubiera sido por los fantasmas
del pasado, que lo
atormentaban aún, probablemente le habría pedido ya que
se casara con él. Pero no,
ese era un error que no quería volver a cometer.
A pesar de los celos que sentía de Hale, probablemente
sería un marido mucho
mejor que él para _______. No debería haberla tocado. No
le quedaba otro remedio
deshacer el daño que había hecho sin querer, al perder la
cabeza antes de que
apareciera su padre en la cocina. Tendría que mostrarse
más cariñoso con Eddie que
de costumbre, para que ______ no se hiciese ilusiones.
Amistad era lo único que podía
ofrecerle, y cuanto antes se lo dejara claro, mejor.
Sin embargo, aquello no sería fácil. _______ se le estaba
subiendo a la cabeza,
como el vino. No se reconocía. Le había dicho cosas que
jamás le habría dicho años
atrás, incluso había flirteado con ella. No podía
comprender por qué aquella joven lo
estaba desestabilizando de aquel modo, ni porque de
pronto lo fascinaba hasta ese
punto. Tal vez las largas y agotadoras horas de trabajo
de esas dos semanas estaban
empezando a hacer estragos en él. Frunció el entrecejo y
bajó la vista a su taza de
café.
Necesitaba unas vacaciones. Tal vez podría ir de visita a
Jacobsville, donde
había nacido y vivían su madre y sus tres hermanos, que
llevaban el negocio familiar
en su ausencia. Sí, quizá debería ir allí y afrontar el
pasado, si podía.
—¿T.T.?
La voz del viejo Ben lo sacó de sus pensamientos.
—Digo que a qué hora pensabas que saliéramos.
—Em... sobre las nueve y media —respondió el capataz
apurando su café—, si
no queremos llegar tarde al desfile.
—¿Seguro que no os molesta que vayamos? —inquirió ______.
Tom se puso de pie y se quedó mirándola antes de
contestar.
—Por supuesto que no, es el cumpleaños de tu padre. Y a
Eddie y a mí nos gusta
tener compañía... De vez en cuando. Ya tendremos tiempo
de estar a solas esta
noche, cuando la lleve de regreso a su casa.
Ben se rio, pero ______ se sintió como si le hubieran
dado una bofetada. La
joven se levantó también y empezó a recoger la mesa.
Minutos después, cuando subió a cambiarse, se llevó su
tiempo decidiendo que
se pondría. En un principió había pensado ponerse un
colorido traje mexicano que le
había regalado su padre, pero luego se dijo que no tenía
caso intentar arreglarse
cuando Eddie iba tan bien. A su lado parecería un saco de
patatas se pusiera lo que
se pusiese.
De modo que se decantó por unos viejos pantalones grises
de punto y un jersey
de color caqui que detestaba, y se recogió el cabello en
una coleta. Ni siquiera se
molestó en maquillarse. Eso le demostraría a T.T. lo poco
que la atraía.
Y en efecto, este casi se cayó de espaldas al verla.
Frunció el ceño cuando la
vio bajar las escaleras con esa ropa, y lo mismo hizo su
padre.
—¿Qué diablos te ha pasado? —inquirió Tom sin poder
reprimirse.
—¿Qué quieres decir? —le espetó ______, como si no
supiera a qué se refería.
—Anoche no tenías ese aspecto —dijo él.
—Anoche me vestí para Brandon —replicó ella para
fastidiarlo—. Tú ya tienes a
Eddie que se viste para ti, ¿no? —añadió con toda la
intención.
T.T. contrajo el rostro. Se lo había merecido.
—¿Listos para irnos? —dijo el capataz volviéndose hacia
el padre de ______.
—Sí, en cuanto tenga mi sombrero —murmuró el hombre
mientras iba hacia el
perchero—. Podrías haberte puesto el vestido que te
regalé —le dijo a su hija.
—No me queda bien —mintió ______—. Parezco una ballena
con él.
—¿Quieres dejar de mortificarte con eso? —le espetó Tom
—. No pareces
ninguna ballena. Tienes el cuerpo de una mujer, eso es
todo.
______ se quedó mirándolo boquiabierta. ¿Entendería alguna
vez a aquel hombre?
Eddi estaba esperándolos junto al coche de Tom.
—¡Al fin! —masculló, irritada—. Hace un calor horrible
aquí fuera.
—Lo siento —se disculpó Ben — es culpa mía, tuve que ir a
buscar mi
sombrero.
______ y él se subieron al asiento de atrás del vehículo,
mientras Eddie ocupaba
el del copiloto, y Tom se ponía al volante y arrancaba.
—Perdóname tú a mí, Ben —le contestó la mujer con su voz
más dulce,
girándose en el asiento—. Estamos encantados de que
vengáis con nosotros. Feliz
cumpleaños.
—Gracias —contestó el ranchero lanzando una mirada de
reojo al triste rostro
de su hija.
El desfile fue muy colorido y había allí congregada una
gran cantidad de
gente. La fiesta del dieciséis de septiembre era una
celebración que conmemoraba el
Día de la Independencia de México. A ______ siempre le
había encantado, con la música,
el ambiente alegre... pero aquel día no pudo disfrutarlo
por lo preocupada que estaba.
Trató de poner cara de felicidad cada vez que su padre la
miraba, esperando que no
se diera cuenta de lo desgraciada que se sentía, pero los
celos la estaban devorando
por dentro al ver el obvio interés de Tom por Eddie.
Tenía el brazo en torno a la
cintura de la rubia, y en un momento dado se inclinó
hacia ella y la besó con pasión,
delante de ______.
La joven se detuvo a comprar un souvenir en un tenderete,
tratando de
ignorarlos, y se lo dio a su padre.
—Ten, papá. Pensé darte los regalos que te he comprado
esta mañana, pero
después me dije que mejor te los daría después de la
cena, cuando hayas soplado las
velas de tu tarta. ¿Te parece bien?
—Pues claro que me parece bien, cariño — murmuró él
dándole unas palmaditas
en el brazo—. Siento haber aceptado la proposición de T.T.,
hija —le dijo
aprovechando que él y Eddie estaban más adelante.
—No, ni hablar —dijo ella meneando la cabeza— Es tu
cumpleaños, y creo que
es lo mejor —le dijo con una media sonrisa—. Tenías razón
en que si no tengo
cuidado acabará partiéndome el corazón. Me viene bien ver
con mis propios ojos lo
que siente por Eddie.
—Estos últimos días te he notado algo distante ______.
¿No quieres contarme
nada?
—Oh, papá... hay tantas cosas... —suspiró ella — Pero
antes tengo que decirle
algo a T.T. Debería habérselo dicho mucho antes, pero
creo que aún no es demasiado
tarde. En cuanto lleguemos a casa lo hablaré con él. Y,
después, me temo que voy a
necesitar un hombro sobre el que llorar —dijo sonriendo
con tristeza.
—¿No estarás...? —inquirió su padre preocupado.
—No, papá, no estoy embarazada —respondió ella riéndose —
. No te
preocupes, todo se arreglará —le dijo tratando de
convencerse más a ella misma que
a él —. En realidad no es nada importante.
Esperaba que Tom lo viera así. Tenía que decírselo esa
noche, antes de perder
el valor. Si Eddie y él estaban tan enamorados como parecía,
no podía dejar correr
aquello con la conciencia tranquila, no podía dejar que
lo acusaran de bigamia solo por
su cabezonería y su orgullo. No, aquella noche le diría
la verdad, y no le quedaría
otro remedio que esperar que se lo tomara bien.
Capítulo 5
En la frontera los hicieron parar, porque uno de los
guardias vio a Eddie, y se
inclinó sobre la
ventanilla, preguntándole para qué iban a Juárez, en vez de a T.T.,
que conducía el coche.
Eddi disfrutó plenamente de su atención, sacudiendo su
rubia cabellera y
sonriendo mientras le explicaba que iban al desfile y
luego de compras.
Al fin el hombre les dejó pasar, siguiendo con la mirada
a Eddie y
despidiéndola embobado con la mano.
T.T. se rio entre dientes, pero ______ puso los ojos en
blanco y miró a otro lado. A
Eddie le encantaba ser el centro de atención y también ir
por ahí conquistando a
todos los hombres que le salían al paso. Parecía como si
quisiera darle a entender a
Tom que podía atraer a otros hombres con la misma
facilidad con que se le quita
un caramelo a un niño.
______ estaba segura de que T.T. sabía exactamente lo que
pretendía Eddie
cuando actuaba de ese modo, y esa risa entre despectiva y
divertida que había
soltado, demostraba su actitud cínica con las mujeres,
como si las conociera tan bien
que no pudieran engañarlo ni molestarlo con sus tácticas.
Mientras avanzaban por la carretera que llevaba a Juárez,
Eddie charlaba
animadamente con el padre de _______, girada en su
asiento y apoyada en el
respaldo. _______ meneó la cabeza. Ni siquiera su padre
era inmune al flirteo de Eddie.
¡Pero si estaba sonriéndole como un tonto!
Minutos después llegaban a la pequeña ciudad. Pasearon
por el mercadillo, y en
uno de los puestos Eddie estuvo rogando incesantemente a
T.T. hasta que le compró
un collar carísimo hecho con turquesas. ______ observó
con envidia cómo él le cerraba
el enganche en la nuca, diciéndose que ella sería mucho
más fácil de contentar.
Bajando la calle llegaron a la magnífica catedral, unos
metros más allá se
toparon con una pequeña boutique de ropa, a cuyo
escaparate estuvo pegada
rápidamente la nariz de Eddie. Emitió un chillido de
placer al ver que aceptaban su
tarjeta de crédito.
—Solo serán unos minutos —le dijo a T.T., besándolo en la
mejilla—. ¿Quieres
entrar tú también, ______? —invitó a la joven.
—No, gracias —le respondió ______ — . Me apetece más ver
la ciudad.
—Creo que me uniré a ti —le dijo su padre—, T.T parece
estar en otro mundo.
Y así era, porque cuando la joven se volvió a mirarlo,
observó que sus ojos
negros estaban fijos en la pequeña capilla donde se
habían casado, como si estuviera
tratando de recomponer en su mente los borrosos
acontecimientos de aquella noche.
______ palideció cuando vio que Tom se metía las manos en
los bolsillos y se
dirigía con paso decidido en esa dirección. Dejando atrás
a su anonadado padre, la
joven lo siguió a toda prisa, con la intención de
disuadirle de ir allí, pero justo
antes de que pudiera llegar hasta él, los dos tipos que
la habían ayudado a subirlo a
la camioneta, salían de la capilla.
-Por favor, Dios mío, que no le digan nada a Tom - rogó
_____ en silencio con los
dedos cruzados. Pero la suerte no estaba con ella, porque
no solo lo conocieron, sino
que fueron hasta él sonrientes, y empezaron a darle
palmadas en la espalda,
diciéndole en castellano.
—¡Felicitaciones, compadre! ¿Cómo lo trata la vida de
casado, eh? ¡Ah, allá está
su esposa! Linda chiquilla sí, señor. ¿Cómo está,
señorita? —y la saludaron con la
mano.
—¿Qué demonios pasa aquí, _______? —inquirió perplejo su
padre, que la había
seguido—. ¿Quiénes son esos hombres? Me ha parecido
entender que estaban
felicitando a T.T. por haberse casado.
______ no contestó. Quería morirse, y se había tapado el
rostro con las manos.
T.T. tuvo un rápido intercambio verbal en castellano con
los dos hombres, salpicado
de preguntas, al que siguió un ominoso silencio.
Segundos después, hecho una verdadera furia, estaba
frente a la joven,
mirándola como si quisiera matarla. La sacudió por los
hombros, olvidándose de que
su padre estaba delante.
— ¡Me mentiste!, ¡sí que nos casamos aquella noche!
¡Niégalo ahora, vamos,
niégalo!
— Lo siento —musitó _______ en un hilo de voz. ¿Qué otra
cosa podía decir?—.
No pensaba que fuera legal —trató de explicarle con los
ojos llenos de lágrimas—.
¡Yo no sabía que el certificado era válido!
—¿Estáis casados? —exclamó Ben sin dar crédito a lo que
oía.
—No por mucho tiempo —masculló T.T. apartando a ______ de
su lado, como si su
proximidad lo repugnase—. ¡Por Dios, de todas las maneras
despreciables y
mezquinas de conseguir un marido...! ¡Arrastrar a un
hombre borracho al altar y
ocultárselo después! — bramó fuera de sí—. ¿Y por qué?
¡Porque sabías que nunca me
casaría con una chiquilla manipuladora, fea y gorda como
tú, con un marimacho,
estando sobrio! No me sorprendería que en la cama seas tú
quien le diga a Hale qué
es lo que tiene que hacer.
— ¡T.T., por favor! —le rogó ella. Aquellas palabras se
le estaban clavando como
dagas en el alma, y la gente estaba girándose a mirarlos.
El pareció darse cuenta de que aquel no era el lugar más
adecuado para
discutir.
—Voy por Eddie —masculló—. Nos vamos. Ahora. En cuanto
antes termine
esta farsa y anulemos ese matrimonio, mejor —le dijo
dándose la vuelta y
desapareciendo entre el gentío.
______ estaba temblando por dentro, y las lágrimas
rodaban por sus mejillas.
—¿Lo... lo emborrachaste para que se casara contigo?
—balbució su padre
confundido, sin poder creerlo.
—No, papá —contestó ella secándose el rostro con el dorso
de la mano—. No
fue así. T.T. ya estaba borracho cuando yo lo encontré.
Solo quería llevarlo de vuelta
al rancho, para que no se buscara problemas contigo y no
lo despidieras, pero de
pronto se le ocurrió que quería que nos casáramos, y me
amenazó con ponerse a
pegar tiros en el bar si no hacía lo que él decía. Yo no
pensé que un certificado
matrimonial de México tuviera validez legal en Texas, y
temía que, borracho como
estaba, se pusiera de verdad a pegar tiros allí mismo: tú
sabes lo lenta que es la
justicia en este país. Podríamos haber estado meses
muriéndonos de asco en una
cárcel hasta que lograses sacarnos.
—¿Y qué hay de lo que ha dicho de Hale y de ti? ¿Es eso
cierto? —exigió saber
su padre.
—Nunca me he acostado con Brandon, pero le di atender a
T.T. que sí porque...
bueno, supongo que por despecho, porque él pensaba que yo
era una mosquita
muerta y... ¡Oh, papá, en menudo lío nos he metido! Yo no
quería hacer ningún mal y...
y... —balbució hipando— y encima el día de tu
cumpleaños...
Rompió a llorar amargamente
—Debería habérselo dicho, pero estaba asustada. Tenía
miedo de que se
enfadara. Pensé incluso que podría anularlo yo sola, pero
el abogado me dijo que no,
que T.T. también tenía que ir a pedir la anulación...
Su padre le dio unas palmadas en la cabeza a su hija
abrazándola mientras ella
se desahogaba. En ese momento regresó T.T., con la misma
mirada llameante en sus
ojos y arrastrando a Eddie de la mano.
—¿Qué le ocurre a ______? —preguntó la rubia
—Mejor no preguntes —contestó el padre de la joven
meneando la cabeza.
—¿No se encuentra bien? —insistió Eddie mirándola con
curiosidad.
—Si es así, se lo merece —intervino T.T. furioso—.
Vámonos
Eddi no se atrevió a hacer más preguntas, y _______ lloró
en silencio todo el
camino mientras su padre le apretaba la mano Incómodo.
T.T., por su parte, no dijo
una palabra mientras conducía, y escuchó sin interés el
parloteo de Eddie, que
empezó a contarle lo que se había comprado, pero acabó
poniendo la radio para no
oírla tampoco.
Penélope, ya algo más calmada, se recostó en el asiento y
cerró los ojos, no
queriendo ver la mirada de preocupación en los de su
padre.
En vez de volver directamente al rancho, C.C. condujo
hasta el apartamento
de Eddie y la acompañó hasta la puerta, donde la dejó sin
decir nada. Tampoco abrió
la boca los minutos siguientes, antes de llegar por fin
al rancho. _______ observó que no
estaba conduciendo más rápido, ni tampoco temerariamente,
a pesar del enfado.
Siempre le maravillaba ese autocontrol que demostraba.
Ya en el rancho, T.T. los dejó frente a la casa, y se
dirigió hacia los establos.
_______ se dijo que seguramente querría sacudirse de
encima un poco de mal humor
antes de ir a verla, y se compadeció del pobre que se
cruzara en su camino.
—¿Por qué no me cuentas toda la historia? —le dijo su
padre mientras ella
preparaba un café en la cocina.
Y así lo hizo la joven, hablándole de la borrachera anual
de T.T., y de las
razones que lo llevaban a hacerlo, de cómo había ido esa
tarde a intentar detenerlo y
creía que lo había conseguido, para luego seguirlo a
Juárez, y terminar casándose
con él.
— Me temo que el verdadero problema está en quién es en
realidad —añadió
_______ —. Debe provenir de una familia rica, y
seguramente por eso piensa que quería
atraparlo con esa artimaña, para sacarle dinero.
— Oh, vamos, T.T. jamás te creería capaz de algo así
—repuso Ben indignado
ante la idea.
Ella se encogió de hombros.
—No lo sé, pero conoce muy bien la situación tan precaria
en que nos hallamos,
y que yo no tengo un empleo... y tengo mis razones para
creer que se ha dado cuenta
de que me gusta.
—¿Solo de que te gusta... o de que estás loca por él?
—murmuró su padre. La
joven meneó la cabeza.
—No, gracias a Dios, no sabe que hasta ese extremo —dijo,
metiéndose las
manos en los bolsillos con un suspiro—. Bueno, no es el
fin del mundo, ¿verdad? No
creo que sea tan difícil conseguir una anulación, y estoy
dispuesta a buscar un
trabajo para poder pagar los costes. Tal vez algún día me
perdone, aunque
comprendo que ahora esté muy enfadado conmigo.
— ¿Y qué hay de ti? Tú te sientes fatal ahora mismo, y en
el fondo la culpa es
de él. ¡Si hubiera estado sobrio...!
—Pero, papá, T.T. amaba muchísimo a su esposa, y supongo
que sigue pasándolo
muy mal por su muerte. ¿O es que has olvidado como te
sentiste tú cuando mamá
perdió la vida?
Ben bajó la mirada entristecido y suspiró.
— Sí, eso puedo entenderlo muy bien. Tu madre era todo mi
mundo. No nos
separamos en veintidós años, y no he vuelto a encontrar a
otra mujer tan maravillosa
como ella. Por eso no me he vuelto a casar. Imagino que a
él le ocurrirá lo mismo.
—Sí, supongo que sí —asintió ella quedamente. Su padre le
dio un cálido abrazo
y la soltó para mirarla a los ojos.
—Intenta no darle muchas vueltas a esto, cariño. A T.T.
se le pasará, pronto se
dará cuenta de que no tiene sentido que se haya puesto
hecho una furia contigo, y
acabaréis solucionándolo, ya lo verás —le aseguró—. Y más
vale que sea así, porque
tal y como nos van las cosas necesito que T.T se centre
en el trabajo —añadió con
una sonrisa.
—Papá, ¿has pensado alguna vez en vender acciones de la
propiedad? —le
preguntó ella.
— Sí, sí que lo he pensado. Y también en buscarme un
socio —respondió él—.
¿Te importaría si lo hiciera?
—Por supuesto que no. Yo tampoco querría que perdiéramos
el rancho por nada
del mundo, y si esa fuera la solución... Si crees que
debes hacerlo, hazlo.
El ranchero suspiró.
—Bien, en ese caso creo que iré poniendo algunos anuncios
discretos en los
periódicos locales. Dios sabe que no puedes pasar mucho
más sin renovar tu
vestuario — añadió con un guiño malicioso.
—Olvídate de mi vestuario —replicó ella—. No me importa
nada la ropa, ya no
—dijo dolida, volviéndose hacia la cafetera—. Pero
todavía tengo a Brandon —
continuó, como queriendo animarse—. Es amable, y es
simpático, y va a llevarme a
una cena de la Asociación de Ganaderos el miércoles que
viene.
Su padre estaba mirándola inseguro.
—Sí, pero no lo amas. No te conformes con las migajas,
______. Siempre debe
intentarse ir a por todo el pastel.
________ se rio.
—Anda, y ahora ponte a preparar esa cena que me
prometiste, ¿quieres? Me
muero de hambre.
La joven se puso manos a la obra, pero, de pronto vio a
través de la ventana que
estaba sobre el fregadero, que T.T salía del barracón
vestido... ¡con un traje de
ejecutivo! La joven frunció el entrecejo perpleja
mientras lo veía avanzar hacia la
casa. Verlo con esa ropa la llenó de ansiedad. ¿Acaso iba
a dejar el trabajo? ¿Tanto
la odiaba?
T.T entró en la cocina sin llamar, dejando entrar una
fría ráfaga de viento.
—T.T.... ¿dónde...?
Pero antes de que el señor Mathews pudiera acabar la
pregunta, Tom le
respondió.
—Voy a estar fuera unos días. Tengo algunos asuntos
personales que atender,
incluyendo conseguir una anulación matrimonial —añadió en
un tono gélido—. Quiero
ese certificado, ________.
La joven se secó las manos en el delantal, sin mirarlo a
los ojos.
—Iré por él —murmuró, y subió las escaleras.
Las manos le temblaban cuando sacó el papel de la cómoda.
Lo miró una última
vez. Si las cosas hubieran sido distintas y se hubiera
casado con ella por amor...
«Deja de soñar», se dijo. Volvió a doblar el papel y
regresó abajo.
T.T estaba esperándola al pie de las escaleras, solo.
Sus ojos negros relampagueaban, y ella los rehuyó. Le
tendió el papel, sintiendo
los dedos fríos y rígidos, y él casi se lo arrancó de la
mano.
—Lo siento —musitó con la vista en el suelo de parqué—.
Yo solo...
—No quiero tus excusas —la cortó él—. Tus maquinaciones
han acabado
explotándote en la cara. Nunca imaginé que fueras una
mercenaria.
Las lágrimas nublaban la vista de _______. No le
contestó, sino que pasó a su
lado y corrió a la cocina.
Tom apretó el certificado en la mano, detestándose a sí
mismo, detestándola
a ella. Sabía que estaba comportándose de un modo muy
poco razonable y que estaba
siendo muy duro con ella, pero se sentía furioso de que
la joven lo hubiese engañado
de aquel modo, haciéndole casarse con ella cuando estaba
borracho. No había
pensado jamás que pudiera hacer algo así. ¡Por Dios,
había estado saliendo con Eddie
estando casado!
—T.T., _______ ya está pagando por lo que hizo —le dijo
Ben apareciendo de
repente a su lado—. No se lo pongas más difícil, por
favor. No lo hizo a propósito, a
pesar de lo que pienses.
—Debería habérmelo dicho —repuso T.T. con acritud.
—Lo sé —asintió el padre de _______—. Pero me ha dicho
que no sabía cómo, y al
principio ni siquiera pensó que fuera legal. De hecho,
creo que habla en su favor el
hecho de que llamara a un abogado para anularlo sin que
nadie lo supiera. Solo que
ignoraba que también necesitaba tu firma.
—¿Usted estaba enterado de todo esto? —exigió saber Tom.
Ben Malhews sacudió la cabeza.
—Hasta hoy no. Sabía que estaba metida en alguna clases
de problemas, pero
no quiso decirme de qué se trataba.
T.T. se quedó mirando el papel en su mano entre enfadado
y preocupado.
Matrimonio, una esposa... No podía olvidar a Marsha, su
insistencia en acompañarlo al
río aquel día. Siempre había sido muy terca. Él no
debería habérselo permitido,
sobre todo sabiendo que aquellos últimos días había
estado teniendo frecuentes
mareos y náuseas, aunque no supiera que se debían a que
estaba embarazada. Ya
había sido horrible tener que reconocer el cuerpo cuando
lo rescataron del río, pero
enterarse de que llevaba en su seno un hijo de los dos...
No la había matado él, pero se sentía tan culpable como
si lo hubiera hecho.
Después del accidente se había visto sumido en tal estado
de angustia, que dejó el
rancho en manos de sus hermanos, y se marchó para empezar
de cero en algún otro
lugar, en busca de la paz interior que había perdido. Y
la había encontrado allí, en el
rancho de los Mathews. Sí, había disfrutado ayudando al
viejo Ben a remontar una
mala racha, aunque aún quedara mucho por hacer, y desde
luego también había
disfrutado esos tres años de la generosa y alegre
compañía de _______... hasta que lo
había apuñalado por la espalda de aquel modo. Tenía que
alejarse de allí, de ella y de
los recuerdos que había hecho que volvieran a su mente.
—¿Dónde vas a ir, T.T.? —inquirió Ben, sacándolo de sus
pensamientos—. ¿O es
una pregunta que no debería hacer?
—¿Qué quiere decir?
El ranchero se encogió de hombros.
— _______ me ha contado que en aquella ocasión en que
estuvo cuidando de ti,
cuando tuviste fiebre, le hablaste de muchas cosas de tu
pasado en tu delirio. Cree
que provienes de una familia adinerada, y que si viniste aquí
fue por castigarte de
algún modo por la muerte de tu esposa y tu hijo —T.T. no
contestó, pero Ben pudo
notar que estaba muy sorprendido—. Bien, yo... solo
quería que supieras que,
cualesquiera que fueran tus razones, serás bienvenido si
en algún momento quieres
volver. Te estoy muy agradecido por todo lo que has hecho
por nosotros.
A pesar de lo que le estaba diciendo, Tom sintió como si
se estuvieran
cerrando puertas detrás de él. El ranchero estaba
hablando como si pensara que no
iba a regresar. Lanzó una mirada en dirección a la
cocina, pero _______ no estaba allí. De
pronto lo inundó un pánico repentino ante la idea de que
tal vez no volviera a verla.
«¡Dios!, ¿qué es lo que te pasa, Tom Kaulitz?», se dijo
confuso. Ya no sabía qué
pensar. Miró el certificado de matrimonio en su mano.
— Aún no sé muy bien lo que voy a hacer —le dijo a Ben—,
pero creo que lo
primero será ir a ver a mi familia, y después pediré una
cita con un abogado para...
para hablar de esto —dijo agitando el papel.
Resultaba extraño, pero, de repente, en lo más hondo de
su ser, una vocecilla
le decía que aquel documento no era una cadena, sino un
tesoro.
El ranchero suspiró.
—Bueno, si decides no volver, lo entenderé —le dijo en un
tono cansado— La
verdad es que no hay muchas esperanzas para este lugar, y
los dos lo sabemos. Tú
has logrado sacarnos del hoyo, pero los precios de venta
del ganado están más bajos
que nunca, y he tenido que gastar mucho dinero en
herramientas y equipo técnico.
Además, ya me estoy haciendo viejo para esto.
T.T. sintió una punzada en el pecho al oír hablar así a
su patrón. No sonaba
como el viejo Ben.
—¿Pero qué dice? ¡Si apenas debe tener cincuenta años!
—exclamó.
—Cincuenta y ocho, y espera a tenerlos tú para decir eso
—dijo el hombre
riéndose. Le tendió la mano y Tom la estrechó—. Gracias
por todo, T.T., pero tú
tienes una vida por delante que vivir —se quedó mirandolo
un instante pensativo—.
Tal vez sea hora de que te enfrentes a tus fantasmas,
hijo. A mí me costó mucho,
después de la muerte de mi esposa, y tuve que luchar con
todas mis fuerzas para
superar mis problemas con el alcohol, pero he
sobrevivido, y tú también lo harás.
—Marsha, mi mujer, estaba embarazada cuando se ahogó
—respondió T.T. con
aspereza.
Ben asintió con la cabeza.
—Imagino que eso es lo que más te atormenta, pero eres un
hombre joven, T.T.,
aún puedes tener hijos.
—No los quiero, ni tampoco otra esposa —le espetó él
enfadado, agitando el
certificado de matrimonio—. ¡Y menos todavía a una a la
que ni siquiera escogí!
_______, que sí estaba en la cocina, pero sentada en el
suelo, en un rincón,
abrazándose las rodillas, oyó sus palabras, y nuevas
lágrimas empezaron a rodar por
su rostro.
Fuera, en el vestíbulo, Ben podía imaginar el dolor que
su hija debía estar
sintiendo en ese momento, así que condujo a T.T. a la
puerta delantera en vez de a la
trasera, la de la cocina, para evitarle más sufrimiento a
la joven.
—Tómate el tiempo que te haga falta —le dijo a Tom—.
Tiempo libre para
pensar y calmarte es justo lo que necesitas.
T.T se relajó un poco.
— Supongo que tiene razón —bajó los ojos una vez más al
documento en su
mano e, involuntariamente, giró la cabeza hacia el final
del pasillo, hacia la cocina.
Había sido más duro con _______ de lo que debiera haberlo
sido, se reprochó
frunciendo el ceño y recordando lo que le había dicho. Al
fin y al cabo en muchos
sentidos no era más que una chiquilla. Lo cierto era que
estaba empezando a
preguntarse si aquella experiencia de la que había
presumido no sería más que
producto de su imaginación. El modo en que había
reaccionado ante sus flirteos en la
cocina aquella mañana no había sido precisamente el modo
en que habría reaccionado
una mujer experimentada. ¿Habría mentido también respecto
a aquello?
Apretó la mandíbula irritado. Nunca más podría volver a
confiar en ella, porque
si le había mentido una vez, sin duda podría hacerlo de
nuevo. ¡Dios!, ¿por qué tenía
que haberlo traicionado de aquel modo? De pronto, volvió
a su mente algo que Ben
había mencionado.
—Antes dijo que _______ sabía que yo tenía dinero, que
provengo de una familia
adinerada.
Ben contrajo el rostro, imaginando lo que estaba
pensando.
—He dicho que lo cree, no que lo supiera. Yo mismo
también lo he pensado
varias veces. No eres un hombre inculto y sin educación
como muchos de los peones
que he contratado. Pero sí, _______ lo cree, y me dijo
que estaba segura de que
pensarías que se casó contigo para conseguir tu dinero
—le explicó meneando la
cabeza—. Hijo, el enfado no te deja ver la realiadad, y
estás siendo demasiado duro
con ella.
T.T. lo miró incómodo.
—Estaremos en contacto —le prometió—. Siento dejarlo en
un momento como
este. Dios sabe que todo este asunto no es culpa suya.
—Tampoco lo es de _______ —repuso Ben—. Deberías pedirle
que te contara su
versión de los hechos, la versión completa, pero sí,
quizá sea mejor que primero se
enfríen un poco los ánimos. Que tengas un buen viaje,
T.T.
Tom iba a responder algo a eso, pero finalmente solo
dijo:
—Cuídese.
—Hasta pronto.
Ben lo vio entrar en su coche y alejarse. Se quedó un momento
pensativo, y
regresó dentro, inseguro respecto a si entrar en la
cocina o no, pero cuando se
asomó a la puerta, la encontró bastante calmada,
sirviendo la cena.
—¿Quieres comer ya, papá? —le preguntó amablemente.
Únicamente sus ojos
enrojecidos delataban lo infeliz que se sentía.
—Claro. ¿Estás bien? —inquirió su padre. Ella asintió con
la cabeza.
— Sí, pero hazme un favor. No volvamos a hablar de ello,
¿de acuerdo?
—Como quieras, cariño —contestó él sentándose a la mesa.
________ se sentía en efecto algo más calmada, y en el
fondo aliviada de que al
fin su secreto se hubiera revelado. En ese momento estaba
muy segura de que ya no
amaba a T.T. Un hombre que se comportaba de un modo tan
cruel no merecía ser
amado. Además, después de todo era culpa suya, se dijo.
Era él quien la había
obligado a casarse con él. ¿Por qué diablos entonces
hacía que pareciera como si ella
le hubiera tendido una trampa? ¡Pues se iba a enterar!
¡Que no esperara volver a
tenerla a sus pies cuando regresara!
Tras la cena, le dio los regalos a su padre: una pipa
nueva y un encendedor de
diseño, y puso las velas en la tarta para que las
soplara, cortándole después un gran
trozo. Todo el tiempo fingió estar feliz, esperando que
él no se diera cuenta de ello.
No quería estropearle el final del día de su cumpleaños.
—¿Sabes qué, _______? —le dijo su padre antes de subir
las escaleras para
acostarse—. Un hombre que se siente atrapado contra su
voluntad no se rinde sin
luchar.
— ¡Pero si yo no lo he...! —comenzó ella irritada.
—No me estás escuchando. Me refiero a un hombre que está
luchando contra
sus sentimientos. Creo que sí siente algo por ti, pero no
quiere admitirlo, ni
afrontarlo.
La joven, sin embargo, ya había aprendido la lección y no
quería dejarse
engañar de nuevo por vanos sueños, para luego sentirse
decepcionada otra vez.
—Ya no quiero nada con él, papá —le dijo con aspereza—.
Haría mejor en
casarme con Brandon. Al menos él no me grita ni me acusa
de cosas que no he hecho.
Y además es divertido. Ya sé, ya sé, no estoy enamorada
de él, pero me gusta, y me
llevo bien con él...
—Casarte con un hombre por despecho hacia otro es lo peor
que podrías hacer
—le advirtió su padre—. Solo lograrías hacerle daño a
Brandon y a ti misma.
—Supongo que sí —suspiró la joven—, pero tal vez podría
aprender a amarlo. Sí,
eso es lo que voy a hacer, voy a esforzarme por amarlo,
por ver todas las buenas
cualidades que tiene. ¡Y espero que T.T Kaulitz no vuelva
nunca por aquí! —gritó
dejándose llevar por la rabia.
— Dios no lo quiera —farfulló su padre riéndose
suavemente—. Si eso ocurre,
el rancho se irá a pique. La joven lanzó los brazos al
aire y subió a acostar pero no
logró dormir. No hacía más que oír en su mente una y otra
vez los insultos y las
acusaciones de Tom.
Finalmente, tras dar vueltas en la cama durante horas, se
levantó y se fue a
limpiar la cocina por hacer algo que la mantuviera
ocupada. El alba la sorprendió
cuando ya todo brillaba como los chorros del oro, y
decidida a seguir con su vida,
subió al baño, se duchó, y cuando su padre bajó a
desayunar, lo encontró todo listo y
a ella arreglada ya para ir a la iglesia.
Ben no dijo una palabra, pero cuando regresaban a casa
una hora después, se
dio cuenta de que _______ seguía cabizbaja y meditabunda.
El coche de Brandon Hale estaba aparcado frente a la casa
y, en cuanto el
señor Mathews detuvo su vehículo su hija se bajó y fue
corriendo hasta donde
estaba veterinario.
El ranchero los observó sentado aún frente al volante con
el ceño fruncido,
preguntándose que nuevas complicaciones les deparaba el
futuro.
HOLA!! YA SE ENTERO ... UIII ... BUENO YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO CAP MAÑANA ... ADIOS :))
Sigueeeee
ResponderEliminarSube prontooooo
ResponderEliminarSubee virgi esta buenisimaaaaa
ResponderEliminarsubeeee quiero saber si Tom va regresar al rancho
ResponderEliminarEsta buenisimaa!
ResponderEliminarTom fúemuy muy malooo..
Virgi, disculpa por no comentar. Ayer estuve muy ocupada.
Siguelsaa ;)