viernes, 20 de mayo de 2016

PARA ENTENDER MEJOR Y 1

PARA ENTENDER MEJOR:

Tom Kaulitz vivía atormentado desde que perdió a su esposa en trágicas
circunstancias. Al cumplirse el aniversario de aquella fecha, se emborrachó para
ahogar los remordimientos de su conciencia, y _______ Mathews, la hija de su jefe,
trató de ayudarlo. Sin embargo, lo que no esperaba la joven al seguirlo a una
cantina de una ciudad de México, era que la llevara a una capilla y le pidiera que
se casara con él. _______ le siguió el juego, segura de que el certificado de
matrimonio no tendría validez en los Estados Unidos, pero al día siguiente, iba a
descubrir que su unión era perfectamente legal...

Capítulo 1
Aunque solía estar allí a esa hora del día, _______ sabía que no lo encontraría
en el establo ese día. Durante el resto del año, T.T. Kaulitz siempre se adelantaba
a sus hombres para alimentar a los animales, sobre todo desde que la sequía de las
últimas semanas hubiera tornado los verdes pastos en hierba seca. Aquel había sido
un fuerte revés para el padre de _______. Aun con la proximidad del río, el agua era
un recurso muy escaso en aquella zona, y los pozos se secaban continuamente,
dejando vacíos los tanques de agua.
El oeste de Texas solía ser bastante caluroso a mediados de septiembre, pero,
esa tarde, se había levantado una ventisca, y hacía incluso algo de frío. Estaba
empezando a oscurecer, y _______ sabía que si no lograba encontrar a T.T. antes
que su padre, las cosas se pondrían muy feas. Ben Mathews y su capataz ya habían
tenido sus más y sus menos las últimas semanas, y _______ no quería que hubiera un
enfrentamiento entre ellos.
_______ estaba segura de que T.T. estaba emborrachándose en algún lugar,
porque era «esa fecha» otra vez. Solo _______ sabía el significado que ese día del
año tenía para T.T. Una vez había estado enfermo, con la gripe, y ella había estado
cuidándolo. Había tenido una fiebre muy alta, y por su delirio se había enterado de
cosas que de otro modo él jamás le habría contado. Claro que ella no le había dicho
nada porque sabía que a T.T. no le gustaba que los demás supieran nada de su vida
privada, ni siquiera la chica que estaba loca por él. T.T. así era como lo llamaban
todos en el rancho, porque nadie sabía cuál era el nombre tras esas iniciales.
Sin embargo, el amor de ________ por T.T. no era un amor correspondido. No, él
jamás le había dado muestra alguna de que sintiese algo por ella, pero _______ no
había podido evitar enamorarse de él como una tonta en cuanto pisó el rancho.
Entonces ella solo tenía diecinueve años, y su padre lo había contratado como
capataz ya que se acababa de jubilar el hombre que había desempeñado el trabajo
hasta ese momento. Había sido un auténtico flechazo. En el instante en que sus ojos
se posaron sobre él, alto y atlético, moreno, y de mirada intensa, se enamoró
perdidamente de él.
De eso hacía ya tres años, y sus sentimientos seguían siendo los mismos.
Probablemente nunca dejaría de amarlo. En ese momento vio luz en el barracón de
los peones, y contrajo el rostro disgustada. Tenía que ser T.T. quien estuviera allí,
porque todos los hombres estaban fuera, en los pastos, conduciendo al ganado.
Seguramente estaba bebiendo, como se temía. Si su padre lo encontraba
emborrachándose lo echaría del rancho con caras destempladas. El alcohol era algo
que Ben Mathews no estaba dispuesto a tolerar en su rancho, ni siquiera en un
hombre como T.T., a quien respetaba, y por quien sentía bastante simpatía.
________ apartó de su rostro un mechón castaño rojizo y se mordió el labio
inferior. Se había recogido el cabello en una coleta con un lazo de terciopelo marrón
claro a juego con sus ojos. No era muy bonita, y siempre había envidiado la esbeltez
de sus amigas. Su médico de cabecera le decía que no le sobraba nada, que
simplemente tenía la complexión propia de su sexo, y que lo antinatural eran las
mujeres flacas como espinas de pescado, sin una curva, pero ella no se convencía.
¡Cómo le gustaría haberse parecido un poco a Eddie, la elegante divorciada con la que
solía salir T.T.! Eddie era lo que los hombres llamaban «un bombón»: rubia, ojos
azules, sofisticada...
Penélope se detuvo frente a la puerta del barracón, se frotó nerviosa las
manos en los vaqueros, se arrebujó en su chaqueta de nailon para protegerse del frío
viento y llamó con los nudillos.
— Lárgate —contestó una voz ronca desde dentro.
La joven reconoció el timbre del capataz y suspiró. Giró el picaporte con la
mano enguantada y pasó al agradable calor del gran dormitorio común, con una fila
de camas a lo largo de toda la pared. Al fondo estaba la cocina, donde los hombres
podían prepararse algo de comer si lo deseaban, aunque casi ninguno de ellos pasaba
demasiado tiempo allí. Todos los peones fijos estaban casados, por lo que allí solo se
alojaban los trabajadores temporales que se contrataban en esa época, cuando había
más actividad por el nacimiento de los terneros y la feria de ganado. Ese año tenían
seis, pero se marcharían la semana siguiente, con lo que T.T. volvería a tener el
barracón para él solo.
La joven lo encontró sentado en una silla, con las botas llenas de barro
cruzadas sobre la mesa, el sombrero vaquero casi ocultándole los ojos, y las fuertes
manos en torno a un vaso medio lleno de whiskey. Al verla entrar, levantó un poco el
sombrero, la miró con sorna, y volvió a dejarlo caer.
—¿Qué diablos quieres? —le preguntó con brusquedad.
—Salvar tu miserable pellejo, si es que puedo — contestó ella en el mismo tono
cortante.
Cerró de un portazo, se quitó la chaqueta, dejando al descubierto el jersey de
angora blanco que llevaba debajo, y se fue directa a la cocina para hacerle un café
bien cargado.
—¿Tratando de salvarme de nuevo, _______? —se rio él tras observarla sin interés
—. ¿Por qué?
— Porque muero de amor por ti —masculló ella mientras ponía el café molido en
el filtro. Era la verdad, pero lo había dicho de modo que sonara como si fuera
mentira.
T.T. por supuesto, no la creyó, y soltó otra risotada.
— Seguro —dijo.
Apuró lo que quedaba en el vaso de un trago y extendió la mano hacia la botella,
pero _______ fue más rápida que él. La agarró por el cuello, y la vació por el fregadero
antes de que él pudiera impedirlo. T.T. se había puesto de pie tambaleándose.
— ¡Condenada chiquilla! —le gruñó mirando la botella, ya vacía, sobre la
encimera—. ¡Era la última que me quedaba!
—Mejor, así no tendré que volverme loca buscando el resto —dijo ella mientras
enchufaba la cafetera—. Siéntate. Te estoy haciendo café y te lo vas a tomar. Eso
te aclarará la cabeza, porque si mi padre te encuentra así...
—Pero no ocurrirá, ¿verdad, cariño? —murmuró él, burlón, acercándose por
detrás, tomándola por los hombros, y atrayéndola hacía sí—. Tú me protegerás,
como siempre.
La joven tuvo que tragar saliva para ignorar el cosquilleo que le producía sentir
el calor de su cuerpo.
—Algún día no llegaré a tiempo —suspiró—. Y entonces, ¿qué será de ti?
Él la hizo girarse, y la tomó de la barbilla, para que lo mirara a los ojos. La
joven se estremeció.
—A nadie le he importado jamás... excepto a ti — murmuró él, poniéndose serio
de repente —. Pero no estoy seguro de querer que una chiquilla me trate como si
fuera mi madre.
—Ya no soy una chiquilla —protestó ella. Quiso retroceder un poco, porque su
proximidad la estaba volviendo loca, pero su espalda chocó contra el aparador.
Una sonrisa divertida se había asomado a los labios de T.T., y sus dedos
juguetearon con un mechón de la joven, poniéndola aún más nerviosa.
—¿Ah, no? ¿Cuántos años tienes ahora?
— Sabes muy bien que tengo veintidós años —contestó ella, intentando
controlar el ligero temblor en su voz. Incluso alzó el rostro y lo miró directamente
a los ojos, para que no notara hasta qué punto la turbaba.
— Para un hombre de treinta, como yo, eres una chiquilla —masculló él—. Y
además, ¿por qué diablos te tomas tantas molestias por mí?
— Porque para mi padre eres un valor seguro. Cuando te contrató estábamos al
borde de la quiebra —le respondió _______ — , y gracias a tu buen hacer aún seguimos a
flote. Pero, por mucha estima que te tenga, sigue odiando el alcohol.
—¿Por qué?
La joven se quedó callada un momento.
— Mi madre murió en un accidente de tráfico un año antes de que tú llegaras
—le explicó—. Mi padre había estado bebiendo, y era él quien conducía.
En esas circunstancias ella habría esperado un «lo siento», pero T.T. no era un
hombre convencional. Se quedó en silencio, y se volvió a sentar, observando cómo ella
buscaba en el aparador una taza que no estuviera picada. Cuando hubo encontrado
una, mientras vertía el café, _______ giró la cabeza por encima del hombro y vio que
T.T. se estaba frotando las sienes.
—¿Te duele la cabeza?
—No lo suficiente —masculló él.
La joven lo miró sin comprender, pero no hizo ninguna pregunta al respecto, y
le puso la taza de café delante. T.T. se la llevó a los labios y tomó un sorbo, pero casi
lo escupió por lo fuerte que estaba.
—¿Cuántas cucharadas de café le has echado? — dijo mirándola irritado.
—No te quejes —respondió ella sentándose frente a él—. Así te pondrás sobrio
más rápido.
— Yo no quiero estar sobrio —le espetó él.
—Lo sé, pero yo no quiero que te despidan —contestó ella esbozando una media
sonrisa—. Al fin y al cabo tú eres el único en el rancho que no me trata como si fuera
una causa perdida.
T.T. escrutó su rostro en silencio.
—Bueno, de algún modo tengo que pagarte tu amabilidad. Como te he dicho,
eres la única persona a la que le importo un poco.
—Eso no es cierto —le reprochó ella, sonriendo dulcemente a pesar de que le
dolía lo que iba a decirle a continuación—. A Eddie también le importas.
—Supongo que sí —respondió él encogiéndose de hombros y sonriendo
levemente—. Nos entendemos bien, Eddie y yo —murmuró con una mirada distante—.
Es una mujer única.
«Seguro», se dijo _______ molesta, «...única en la cama». T.T. se había bebido la
mitad de la taza, y la joven hizo ademán de levantarse para ir por la cafetera para
servirle más, pero él la detuvo.
—No me hace falta —le dijo—. Me siento más entero... al menos físicamente
—sacó un cigarrillo y lo encendió.
________ no podía decirle que sabía por qué se sentía tan mal, pero no podía
apartar de su mente el recuerdo de sus palabras en medio de su delirio. Le daba
tanta lástima saber lo atormentado que estaba aún por algo que había ocurrido años
atrás y que no había sido su culpa... La fiebre lo había impulsado a contarle aquel día
a _______ cómo su esposa, embarazada, había muerto ahogada en unos rápidos un día que
estaban haciendo rafting.
— Supongo que todos tenemos días malos —murmuró vagamente—. Bueno, si
estás bien, creo que volveré a la casa para terminar de hacer la comida. Mi padre
lleva varios días pidiéndome que le haga un pastel de manzana.
—La perfecta amita de casa —se burló él para picarla—. ¿No irás a hacer ese
pastel porque viene a verte Brandon esta noche?
La joven se sonrojó sin saber por qué. Era cierto que iba a pasarse por su casa,
pero por trabajo, y además, solo eran amigos.
—Brandon es nuestro veterinario, no mi novio.
—Pues no te vendría mal tener un novio —murmuró él mirándola de un modo
extraño—. Si ya no eres una chiquilla como dices, buscarás algo más que simple
camaradería en un hombre.
—No me hace falta que tú vengas a decirme lo que necesito —le espetó ______
molesta, poniéndose de pie—. ¿Quieres saber lo que necesitas tú? Meter la cabeza
en un cubo de agua fría y lavarte la boca con un enjuague bucal, no vaya a ser que
aparezca mi padre.
—¿Alguna cosa más, hermana Mathews? —inquirió él sarcástico.
—Sí, deja de hacer esto cada año. La bebida no es la solución.
—Había olvidado que estaba hablando con una mujer muy santa —le dijo él en
un tono cortante—. Apenas has salido del cascarón y ya pretendes conocer los
motivos por los que la gente bebe.
—He vivido lo suficiente como para saber que los problemas no se arreglan
huyendo de ellos —replicó _______ sosteniéndole la mirada sin parpadear—. ¿Qué
sentido tiene seguir viviendo en el pasado, permitiendo que te atormente? No
pretendo especular sobre lo que te ocurriera —se apresuró a decir al ver que él la
estaba mirando con un aire suspicaz—, pero puedo reconocer a un hombre
atormentado cuando lo veo, porque mí padre ha vivido atormentado hasta hace muy
poco por la muerte de mi madre. Deberías intentar vivir el presente, T.T., no es tan
malo... —le dirigió una leve sonrisa—. Bueno, será mejor que me vaya — murmuró
sintiéndose incómoda por si había dicho demasiado.
Sin embargo, T.T. no dijo nada, sino que se puso de pie y la ayudó a ponerse la
chaqueta. Incluso la retuvo un instante contra sí, las manos en sus hombros y la
barbilla apoyada en su cabeza.
—No malgastes tu compasión conmigo, _______ —le dijo quedamente, con tal
ternura en la voz que la joven cerró los ojos—. No me queda nada que ofrecer.
________ se apartó de él y se giró para mirarlo a los ojos.
—Tú eres mi amigo T.T. —le dijo—, y espero que tú también me consideres tu
amiga. No espero más.
Él la miró largo rato, escrutándola, como si no estuviera muy convencido de que
eso fuera cierto, y exhaló un profundo suspiro.
—Me alegra que pienses así, porque no querría herirte.
Fueron hasta la puerta y la joven la abrió, volviéndose a mirarlo un momento, y
esbozando una breve sonrisa antes de salir, a pesar de que sentía que el corazón se
le había roto en mil pedazos.
Cuando llegó a la casa su padre ya estaba esperándola.
— ¿Dónde has estado, _______? —le preguntó sentado en su sillón—, es tarde.
—Por ahí, contando ovejas —contestó ella con guasa.
—¿Ovejas... o buscando a una oveja negra que responde al nombre de T.T.?
La joven frunció los labios. A su padre no se le escapaba una.
—Bueno, yo...
Su padre meneó la cabeza.
—_______, si lo pillo con una botella en la mano te juro que lo echaré de aquí, por
muy buen capataz que sea... Él conoce las reglas y se le aplican como a cualquier otro.
—Estaba tomando un tentempié en el barracón — mintió _______—. Solo pasé
por allí para preguntarle si iba a querer un poco de pastel de manzana.
—¿Qué? ¡Ese pastel de manzana te lo pedí yo!, ¡no pienso compartirlo con él!
—gruñó Ben Mathews.
— Haré dos, viejo cascarrabias —repuso ella—. Además, ladras mucho, pero
estoy segura de que no serías capaz de despedirlo, aunque tu orgullo te impida
admitirlo —le dijo mientras se quitaba la chaqueta.
Ben encendió su pipa y la miró.
—Si no tienes cuidado, te romperá el corazón, ________ —le dijo tras observarla un
rato en silencio—. T.T. no es lo que aparenta ser.
— ¿Qué quieres decir? —inquirió la joven mirándolo de reojo.
—Vamos, tú también lo sabes —murmuró él, girando la cabeza hacia la
ventana—. Llegó aquí sin ningún pasado, sin referencias, sin papeles... Si le di el
puesto fue solo porque me fié de mi instinto, y porque advertí enseguida su habilidad
con los animales y las cifras.
—Pero ni yo soy cura, ni él es un cowboy cualquiera. Se ve a la legua que es un
hombre elegante, con clase, y sus conocimientos financieros no son precisamente
solo sumar y restar. Recuerda bien lo que te digo, hija, ese hombre es más de lo que
aparenta.
—Bueno —concedió ella—, la verdad es que sí parece un poco fuera de lugar
—el resto no podía contárselo, que sabía por qué T.T. se había empleado allí, en un
rancho de poca monta en medio de ninguna parte. Las confidencias que le había
hecho cuando estaba delirando por la fiebre le habían revelado mucho acerca de su
pasado. Sí, provenía de una familia adinerada, y había sufrido una trágica pérdida, y
seguramente quería volver a dejar entrar a nadie en su vida, ni en su corazón, pero
ella no podía evitar amarlo. Era demasiado tarde para advertencias.
—Por lo poco que sabemos podría ser incluso un convicto fugado —le dijo su
padre tras dar una calada a su pipa.
—Lo dudo —repuso ella sonriendo—. Es demasiado honrado. ¿Recuerdas cuando
se te cayó aquel cheque al portador por valor de cien dólares en el establo y T.T. te
lo devolvió? Además, yo lo he visto un montón de veces ayudar a los demás hombres
cuando están en apuros. Y puede que sea algo temperamental, sí, pero aunque a veces
gruñe un poco y es algo duro con los peones, a ellos les parece incluso divertido. Y
nunca le he visto perder el control.
—Bueno, eso es cierto —concedió su padre—, pero tal vez tenga sus razones
para no perderlo, tal vez quiera pasar desapercibido.
_______ meneó la cabeza incrédula. Si él supiera...



HOLA!! BUENO BIENVENIDAS DE NUEVO ... YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA :)) SALE CUIDENSE Y LEAN 

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