domingo, 22 de mayo de 2016

4 Y 5

Capítulo 4
______ había empezado a relajarse al ver que terminaron el primer plato, el
segundo, y que pasaron a los postres sin que Tom se acercara a su mesa, pero
justo cuando estaban esperando la cuenta, apareció a su lado, con la elegante rubia
de su brazo.
—Vaya, hola —lo saludó Brandon cordialmente—. ¿Qué hay T.T.? Imagino que
estarás contento de que la feria de ganado sea pronto. Yo mismo estoy hecho polvo
y todavía me quedan por examinar dos rebaños enteros, pero bueno, pronto
volveremos a la calma habitual
—Sí, será agradable tener algo de tiempo libre para variar —asintió vagamente
Tom. Sin embargo, mientras hablaba no miraba al veterinario, sino a ________, y fue a
ella a quien se dirigió a continuación—. Hace semanas que casi no te he visto — le
dijo en un tono cortante—. Estaba empezando a preguntarme si estarías evitándome.
A ______ le pilló por sorpresa aquel ataque repentino, y el veneno en su profunda
voz. Y no era la única a juzgar por las miradas de extrañeza que intercambiaron
Brandon y Eddie.
—No he estado evitándote —replicó ______, pero apenas pudo mirarlo a los ojos,
recordando su último encuentro—. Lo que ocurre es que tú has estado muy ocupado,
igual que mi padre. Y yo también he estado atareada.
—Sí, pero siempre sueles venir a vernos trabajar —insistió T.T., entornando los
ojos.
______ no quería seguir con aquella conversación. Jugueteó nerviosa con la
servilleta, tratando de hallar un modo de convencerlo de que no era lo que él
pensaba.
— ¡Estoy gorda!, ¿de acuerdo? Últimamente me cuesta mucho subirme a un
caballo —casi le gritó, intentando resultar convincente—, ¿Ya estás satisfecho?
—No digas tonterías, tú no estás gorda —repuso Tom.
—Bueno, algún kilito de más sí que tiene —murmuró Eddie, agarrando de un
modo posesivo el brazo del vaquero—. No seas, bruto, T.T., todas las mujeres somos
muy sensibles cuando se trata de esos centímetros de más, ¿verdad, querida?
—añadió con una risa que no denotaba demasiada sensibilidad—. Sobre todo cuando
se concentran en las caderas.
______ se sintió dolida, y quiso abofetearse por la excusa que se había buscado.
—Pues yo creo que _______ está bien como está —salió Brandon en su defensa,
dedicándole a la joven una brillante sonrisa—. De hecho, a mí me parece una de las
mujeres más hermosas que conozco.
—Eres un ángel —le dijo _______ apretándole la mano.
— ¿Cómo es que no está tu padre con vosotros? -inquirió T.T.
De pronto, al ver aquellos gestos de afecto entre la joven y el veterinario, sus
facciones se habían puesto rígidas.
______ lo miró sin comprender.
—No suelo llevar a mi padre en mis citas, T.T. –le dijo muy calmada.
—No era hoy su cumpleaños? -inquirió el capataz. No sabía que lo irritaba más,
si el verla allí con aquel payaso de Hale, o el haberse enterado de que ya no era
virgen. Había soñado tantas veces con ser el con quien compartiera esa primera vez...
Sus ilusiones, sus esperanzas se habían visto destrozadas, y lo único que quería era
hacerla sentirse tan mal como se sentía el.
—No es mañana -respondió ______-. Brandon y yo vamos a llevarlo al desfile de
mañana, ¿verdad, Brandon?. —añadió de improviso.
No habían planeado o no estaba dispuesta a decirle a Tom que solo había
pensado hacerle una tarta de cumpleaños y celebrarlo , en casa, y que la acusara de
ser una mala hija.
—Claro... desde luego -asintió Brandon, mirándola sorprendido.
Otra vez el maldito Hale... », pensó Tom furioso. Miró a ______ con desdén, y
le dedicó a Brandon una fría mirada.
—Vaya supongo que se sentirá muy agradecido de que al menos os hayáis
acordado de su cumpleaños.
—¿Se puede saber qué mosca te ha picado? —le espetó _______ mirándolo
con el entrecejo fruncido. ¿Estaba tratando de empezar una pelea? Se irguio en la
silla consciente de la mirada escrutadora de Eddie.
—Vamos ______, no le hagas caso, es solo que ha tenido un par de semanas muy
duras. Lo sé, porque para mi también lo han sido —intervino Brandon conciliador,
con una sonrisa.
—Es verdad las semanas previas a la feria de ganado pueden poner nervioso a
cualquiera que trabaje en un rancho —asintió _______. Giró la cabeza hacia Eddie,
en parte por cambiar el tema de conversación, y en parte para que dejara de mirarla
de aquella manera tan descarada—. ¿Y tú, Eddie?, ¿Cómo estás? Me encanta tu
vestido.
—¿Este trapo viejo? —se rio Eddie—. Gracias. Pensé que le alegraría la vista a
nuestro amigo —dijo mirando a T.T.—, pero me parece que mis esfuerzos han sido en
vano.
—¿Eso crees? —murmuró Tom. Tras lanzar una breve mirada a _______, deslizó
su brazo por la cintura de Eddie y la atrajo posesivamente hacia él—. Si vienes
conmigo te demostraré lo equivocada que estás —le dijo en un tono muy sensual.
—¿Quién podría negarse a una oferta tan tentadora? —murmuró Eddie
sonriéndole de un modo seductor. Volvió la cabeza un instante hacia _______ y Branden—.
Que disfrutéis de la velada.
Se despidieron de ellos, y ______ los vio alejarse, reprimiendo a duras penas el
deseo de levantarse y gritar: «¡Detengan a esa mujer! ¡Se lleva a mi esposo!» Se iban
a estar a solas en algún sitio, y seguramente no sería para jugar al parchís. Apretó
los dientes celosa.
—Pobre ______ —dijo Brandon de pronto, sorprendiéndola. La joven giró el rostro
hacia él y vio reflejados en sus ojos azules la comprensión y una sincera
preocupación—. De modo que era eso...
—No es lo que piensas... —se defendió ______—, es solo que... Bueno, llevo tanto
tiempo cuidando de él... Lo sé, sé que parezco una gallina clueca, y que debo dejar de
protegerlo a toda costa. En fin, supongo que será el instinto maternal.
Pero Brandon no estaba ciego. Puso su mano sobre la de _______, y se la apretó
afectuosamente.
—Si alguna vez necesitas un hombro sobre el que llorar... Bueno, aquí me
tendrás siempre, ¿de acuerdo? — le dijo suavemente—. Y si alguna vez superas tus
sentimientos por él...
—Gracias, Brandon —murmuró ella, obligándose a esbozar una sonrisa.
—Um... ______... sobre lo del desfile de mañana... Me encantaría acompañaros,
pero tengo trabajo y no voy a poder lo comprendes, ¿verdad?
Ella meneó la cabeza.
—Perdóname, no debería haberte puesto en un problema así. Yo solo tenía
pensado hacer algo sencillo, una tarta y algunos regalos... Es solo que T.T. me puso
furiosa.
—No pasa nada. De todos modos, la verdad es que es extraño que T.T. se
comportara como se ha comportado esta noche. ¿Ha ocurrido algo entre vosotros?
La joven se retorció las manos incómoda. No podía decírselo.
—Sería muy largo de contar. La verdad es que por mi culpa nos he metido a los
dos en un lío tremendo, pero no tengo ganas de hablar de ello. No te enfadas
conmigo ¿verdad?
—Pues claro que no.
—¿Podrías llevarme a casa? Me duele un poco la cabeza—Brandon pareció algo
decepcionado de que la velada terminara tan pronto,
pero, como el caballero que era, hizo lo que le pedía sin rechistar, y la dejó en la
puerta de su casa sin siquiera pedirle un beso de despedida.
Mientras, ______ entraba en la casa con el ánimo muy decaído. La aparición de T.T.
le había arruinado la tarde, precisamente cuando había salido porque necesitaba
apartarlo un rato de su mente.
Aquella noche apenas pudo dormir, y para colmo, cuando se levantó y bajó para
hacer el desayuno, entró T.T. por la puerta del patio trasero, con la expresión de un
gato con la boca llena de plumas. No hacía falta tener mucha imaginación para
adivinar por qué parecía tan contento. Probablemente lo había pasado muy bien con
Eddie la noche anterior.
—¿Qué quieres? —inquirió ______ disgustada.
Él enarcó las cejas ante semejante saludo matutino.
—De momento me conformaré con una taza de café, y después querría hablar
con tu padre antes de que tú y tu afortunado veterinario os lo llevéis a la ciudad.
_______ se quedó callada. La noche anterior le había contado otra mentira, y de
repente volvía a encontrarse con que se había caído con todo el equipo. Incluso notó
como un ligero rubor subía a sus mejillas.
T.T. la miró curioso. Levantó un poco el ala de su sombrero, y se apoyó contra la
encimera.
—No ibas a llevar a tu padre al desfile, ¿no es cierto? —le preguntó en un tono
menos beligerante que la noche anterior.
La joven meneó la cabeza muy despacio, sin atreverse a mirarlo a los ojos.
—¿Y por qué me dijiste eso?
Entonces ______ alzó la vista y lo miró enfadada.
—¡Pues porque tú pretendías hacer ver que era una mala hija!
Los ojos negros de Tom estaban recorriendo su cuerpo de abajo arriba. ______
se sintió enrojecer de nuevo. Ningún hombre la había mirado antes de ese modo tan
sensual, haciéndola sentir como si la estuviera acariciando.
Sus ojos se encontraron, y Tom pudo leer el deseo en los de ella. ¡De modo
que no le era tan indiferente a ______ como ella pretendía! Tal vez no fuera una virgen
inocente, pero seguía siendo vulnerable. Una sonrisa imperceptible se dibujó en sus
labios.
— Ya sé que te preocupas por tu padre —le respondió—. Es solo que no me
gusta que pases tanto tiempo con Hale.
—Brandon es...
—Un payaso —concluyó él —. Es demasiado irresponsable y alocado. No es el
hombre que deberías tener a tu lado. Seguramente no te ha satisfecho del todo ni
una sola vez.
Por su tono, era evidente a lo que se refería, y a _______ casi se le cayó el
paquete de harina que tenía en las manos cuando quiso dejarlo sobre la encimera. Le
dio la espalda mientras preparaba la masa de las galletas rogando por que se fuera.
—Brandon me hace reír, y siempre es muy amable conmigo —le dijo a T.T.
Tom se acercó a ella por detrás, y se quedó a escasos centímetros de ella.
Estaba tan cerca que _______ podía sentir su calor y oler su colonia. Se puso tensa,
esperando que él la tocara, que sus fuertes manos le rodearan la cintura, y que
ascendieran hacia sus senos, tomándolos.
—¿Qué estás haciendo? —inquirió el capataz.
La joven abrió los ojos, que había cerrado hacía unos instantes, perdida en
esos pensamientos turbadores. Tom no estaba tocándola. Podía sentir su aliento en
la nuca, pero simplemente estaba mirando por encima de su hombro, eso era todo.
¡Dios!, ______ estuvo a punto de volverse y besarlo, de abrazarse contra él. No, se dijo,
tenía que controlarse, no quería que supiera lo vulnerable que se sentía cuando lo
tenía tan cerca.
—Estoy... estoy haciendo galletas —contestó ella, tragando saliva. Se notaba la
garganta tan seca... — . Hay café recién hecho en la cafetera, si quieres irte
sirviendo.
Sin embargo, T.T. no se apartó de ella. Tratando de ignorarlo, ______ alisó la masa
con un rodillo y empezó a cortarla con el molde, colocando las galletas en la bandeja
del horno. Quería darle la impresión de estar muy calmada, pero el ligero temblor de
sus manos la delataba. Quería gritar. ¿Por qué tenía que atormentarla de esa forma?
Se atrevió al fin a girar la cabeza hacia él, y lo miró a los ojos, hallando en ellos
lo que había esperado ver: brillaban burlones, como si ya se hubiera dado cuenta del
efecto que tenía sobre ella.
—¿Te incomoda mi proximidad, _______? —la picó, bajando la vista
deliberadamente a los generosos labios de la joven—. Yo diría, que si Hale te
satisficiese, no te incomodaría en absoluto.
La respiración de ella se había tornado entrecortada, y tuvo que volver a girar
la cabeza hacia su tarea para poder ignorarlo.
—¿Y Eddie?, ¿es Eddie suficiente para ti? —replicó enfadada.
—La verdad es que, cuando un hombre siente ciertas necesidades, le basta
cualquier cosa que tenga un par de senos —contestó él irritado al ver que ella se
negaba a admitir que la atraía.
— ¡T.T.! —exclamó ella indignada, girándose hacia él.
Aquel fue un error, porque Tom aprovechó ese momento de despiste de ______
para acorralarla contra la mesa, interponiendo ambas manos a los lados de sus
caderas.
—¿Por qué no quieres admitir que te sientes atraída por mí? —inquirió
mirándola a los ojos.
La joven trató de rehuir su intensa mirada, pero fue inútil.
—Esto no es justo, T.T. —murmuró ______—, yo he estado salvándote el
cuello estos tres años, he tratado de hacer que te sintieras cómodo aquí, te he
ayudado siempre que he podido... ¿Es este tu modo de pagármelo?
— Ya te he dicho que nunca he necesitado a una niñera. No, _______, has estado
evitándome toda la semana, y no me gusta. Quiero saber por qué.
—¿Y es así como pretendes hacer que te lo explique? —le espetó ella.
—Es el modo más efectivo que se me ha ocurrido —respondió él — porque
desde el día en que hablé contigo en el vestíbulo, has puesto tierra de por medio
cada vez que nos encontrábamos —entornó los ojos suspicaz, — De hecho, yo diría
que has estado haciéndolo desde aquella noche en Juárez. ¿Qué es lo que te hice
_______? ¿Acaso intenté hacerte el amor?
—¡No! —exclamó ella.
—¿Qué pasó entonces?
_______ no podía decírselo. Debería hacerlo, pero no podía. Bajó la mirada al
cuello de su camisa.
—Dijiste que podría cargarte sobre mi hombro para traerte de vuelta
—murmuró repitiendo lo que tanto le había dolido—, que no era nada más que un
chicazo.
T.T. no lo recordaba, pero si pudo entrever el dolor en el rostro de la joven, y
eso le hizo sentirse mal.
—Estaba bebido, _______ —le dijo suavemente—. Tú sabes que no decía en serio
esas cosas.
La joven se rio con amargura.
—¿Ah, no? Yo creía que los únicos que decían lo que pensaban eran los niños,
los locos y los borrachos.
Tom contrajo el rostro.
— ¿Qué más te dije?
—Con eso ya fue bastante. Cerré mis oídos al resto.
—¿Y es por eso por lo que me estás evitando? —insistió él, como si aquello
realmente le importara. Y la verdad era que le importaba, porque se había sentido
muy dolido por su rechazo.
La joven se quedó dudando un instante, pero luego asintió con la cabeza.
Tom agachó la cabeza y frotó su mejilla suavemente contra la de ella. No
intentó besarla, ni siquiera atraerla hacia él, pero su rostro se acercó al de ella, y
______ pudo notar su aliento sobre el pómulo, después sobre la barbilla, la
garganta... T.T. apoyó la frente en el hueco de su cuello, y la joven sintió su
respiración jadeante chocar contra la piel que quedaba al descubierto a través de la
blusa entreabierta. La nariz de Tom descendió sobre esa zona, apartando con
cuidado la tela y rozando la parte superior de uno de sus senos cuando...
—______, ¿dónde diablos has puesto el periódico?
Tom levantó la cabeza al oír la voz de su jefe, procedente del salón. Los ojos de
los dos se encontraron, y él se apresuró a apartarse de ella, mientras la joven se
arreglaba la blusa, azorada.
Tom fue a servirse el café, y ella volvió a sus galletas con el corazón
desbocado.
—Vaya, T.T., buenos días —saludó Ben Mathews entrando en la cocina—, no
esperaba encontrarte aquí tan temprano. Hola, hija, ya encontré el periódico,
perdóname. Olvidé que lo había metido en el revistero.
—Feliz cumpleaños, papá —le dijo su hija esbozando una sonrisa con dificultad
y besándolo—. Voy a hacerte galletas de mantequilla para el desayuno.
— Hummm... Eso veo. Y también me harás una tarta... espero.
— De coco, tu favorita. Y también te voy a preparar tus platos favoritos para
el almuerzo.
—¿Qué más podría desear un hombre el día de su cumpleaños? —dijo Ben
sonriendo ampliamente — . T.T. puedes unirte a nuestra celebración si quieres.
—Me encantaría —contestó el capataz, sin dejar de advertir la repentina
rigidez en la espalda de ______—, pero me temo que no me será posible: le he
prometido a Eddie que la llevaría al desfile, y que después iríamos a Juárez, a pasar
el resto del día de compras.
—Vaya, bueno, pues que os divirtáis —contestó Ben lentamente, advirtiendo
que había malas vibraciones en su cocina.
—Por qué no vienen con nosotros? _____ y usted — dijo Tom—. Podría celebrar
su cumpleaños en México.
—¡Gran idea! —exclamó el ranchero—. No me he tomado un día libre desde...
demonios, ni siquiera recuerdo desde cuando —dijo frunciendo el ceño—. Y también
lo pasaría muy bien, estoy seguro. ¿Qué cariño? Y luego T.T. y Eddie podrían venir
a cenar a casa con nosotros.
La joven quería que se la tragara la tierra. Por suerte estaba de espaldas a
ellos y no podían ver la expresión su rostro.
—Claro, será estupendo —dijo con una voz lo más alegre posible. ¿Qué otra
cosa podía decir? Después de todo era el cumpleaños de su padre, y tenía derecho
a celebrarlo como quisiera.
—De acuerdo entonces —intervino Tom—. Solo nosotros cuatro, sin Hale.
La joven lo miró molesta.
—Brandon no podría venir de todas maneras —le replicó—. Me dijo que hoy
tenía mucho trabajo.
—¿No te llevas bien con Brandon, T.T.? —le preguntó Ben a su capataz,
mirándolo extrañado.
—Sí que me llevo bien con él, es solo que no me gusta verlo mariposear
alrededor de ______ —contestó Tom con sinceridad—. Ella se merece algo mejor —
dijo lanzándole una breve mirada a la joven.
Ben se rio entre dientes. Ya estaba empezando a comprender por qué el
ambiente parecía tan tenso. Giró la cabeza en dirección a su hija, y observó el ligero
rubor que teñía sus mejillas, y cómo parecía algo nerviosa mientras metía la bandeja
en el horno. Lástima haber irrumpido de repente en la cocina...
Sin embargo, Ben Mathews apartó aquella cuestión de su mente en cuanto su
capataz empezó a hablarle del estado de los animales y la venta del ganado.
Al cabo de un rato, _______ tuvo listo el desayuno, las galletas, el bacon y los
huevos revueltos desaparecieron de los platos en un santiamén.
—Deberías casarte con mi hija, T.T. No encontraras a una cocinera mejor en
todo el Estado.
—¡Papá! —exclamó ella indignada. Aquello le recordó que «ya» estaban casados,
y se sonrojó.
T.T. lo advirtió, y la observó un buen rato con los ojos entornados. Aquella era
una reacción bastante peculiar para una chica liberada, y también lo había sido el
modo en que se había turbado momentos antes. Sí, estaba actuando de un modo muy
extraño, y no creía que fuera solo porque hubiera herido sus sentimientos en Juárez.
Debía haber ocurrido algo aquella noche, estaba seguro. ¿Pero qué?
—La verdad es que no me interesa el matrimonio — murmuró, absorto en una
tira de bacon, y no vio la expresión de desesperación en el rostro de _______.
—¿Y no quieres tener hijos? —insistió Ben.
_______ desearía haber salido llorando por el modo en que afectó a Tom aquella
pregunta tan inocente. Lógicamente su padre no sabía la tremenda pérdida que T.T.
había sufrido, que su mujer estaba embarazada cuando se ahogó.
—¿Más café, papá? —le ofreció la joven, distrayendo su atención del rostro de
Tom, que de pronto había palidecido.
T.T. se sintió conmovido por aquel gesto, por aquel deseo de protegerlo, incluso
a pesar de esas cosas que le había dicho. La observó en silencio, pensando en lo
atractiva que era, incluso con esos centímetros de más. A él le gustaba tal y como
era. Tenía exactamente la figura que él siempre había pensado que una mujer
debería tener: redondeada y suave. Le encantaban sus graciosas pecas, y como su
cabello parecía estar hecho de llamas danzantes cuando se ponía al sol, y cómo
hablaba y cómo olía... Si no hubiera sido por los fantasmas del pasado, que lo
atormentaban aún, probablemente le habría pedido ya que se casara con él. Pero no,
ese era un error que no quería volver a cometer.
A pesar de los celos que sentía de Hale, probablemente sería un marido mucho
mejor que él para _______. No debería haberla tocado. No le quedaba otro remedio
deshacer el daño que había hecho sin querer, al perder la cabeza antes de que
apareciera su padre en la cocina. Tendría que mostrarse más cariñoso con Eddie que
de costumbre, para que ______ no se hiciese ilusiones. Amistad era lo único que podía
ofrecerle, y cuanto antes se lo dejara claro, mejor.
Sin embargo, aquello no sería fácil. _______ se le estaba subiendo a la cabeza,
como el vino. No se reconocía. Le había dicho cosas que jamás le habría dicho años
atrás, incluso había flirteado con ella. No podía comprender por qué aquella joven lo
estaba desestabilizando de aquel modo, ni porque de pronto lo fascinaba hasta ese
punto. Tal vez las largas y agotadoras horas de trabajo de esas dos semanas estaban
empezando a hacer estragos en él. Frunció el entrecejo y bajó la vista a su taza de
café.
Necesitaba unas vacaciones. Tal vez podría ir de visita a Jacobsville, donde
había nacido y vivían su madre y sus tres hermanos, que llevaban el negocio familiar
en su ausencia. Sí, quizá debería ir allí y afrontar el pasado, si podía.
—¿T.T.?
La voz del viejo Ben lo sacó de sus pensamientos.
—Digo que a qué hora pensabas que saliéramos.
—Em... sobre las nueve y media —respondió el capataz apurando su café—, si
no queremos llegar tarde al desfile.
—¿Seguro que no os molesta que vayamos? —inquirió ______.
Tom se puso de pie y se quedó mirándola antes de contestar.
—Por supuesto que no, es el cumpleaños de tu padre. Y a Eddie y a mí nos gusta
tener compañía... De vez en cuando. Ya tendremos tiempo de estar a solas esta
noche, cuando la lleve de regreso a su casa.
Ben se rio, pero ______ se sintió como si le hubieran dado una bofetada. La
joven se levantó también y empezó a recoger la mesa.
Minutos después, cuando subió a cambiarse, se llevó su tiempo decidiendo que
se pondría. En un principió había pensado ponerse un colorido traje mexicano que le
había regalado su padre, pero luego se dijo que no tenía caso intentar arreglarse
cuando Eddie iba tan bien. A su lado parecería un saco de patatas se pusiera lo que
se pusiese.
De modo que se decantó por unos viejos pantalones grises de punto y un jersey
de color caqui que detestaba, y se recogió el cabello en una coleta. Ni siquiera se
molestó en maquillarse. Eso le demostraría a T.T. lo poco que la atraía.
Y en efecto, este casi se cayó de espaldas al verla. Frunció el ceño cuando la
vio bajar las escaleras con esa ropa, y lo mismo hizo su padre.
—¿Qué diablos te ha pasado? —inquirió Tom sin poder reprimirse.
—¿Qué quieres decir? —le espetó ______, como si no supiera a qué se refería.
—Anoche no tenías ese aspecto —dijo él.
—Anoche me vestí para Brandon —replicó ella para fastidiarlo—. Tú ya tienes a
Eddie que se viste para ti, ¿no? —añadió con toda la intención.
T.T. contrajo el rostro. Se lo había merecido.
—¿Listos para irnos? —dijo el capataz volviéndose hacia el padre de ______.
—Sí, en cuanto tenga mi sombrero —murmuró el hombre mientras iba hacia el
perchero—. Podrías haberte puesto el vestido que te regalé —le dijo a su hija.
—No me queda bien —mintió ______—. Parezco una ballena con él.
—¿Quieres dejar de mortificarte con eso? —le espetó Tom —. No pareces
ninguna ballena. Tienes el cuerpo de una mujer, eso es todo.
______ se quedó mirándolo boquiabierta. ¿Entendería alguna vez a aquel hombre?
Eddi estaba esperándolos junto al coche de Tom.
—¡Al fin! —masculló, irritada—. Hace un calor horrible aquí fuera.
—Lo siento —se disculpó Ben — es culpa mía, tuve que ir a buscar mi
sombrero.
______ y él se subieron al asiento de atrás del vehículo, mientras Eddie ocupaba
el del copiloto, y Tom se ponía al volante y arrancaba.
—Perdóname tú a mí, Ben —le contestó la mujer con su voz más dulce,
girándose en el asiento—. Estamos encantados de que vengáis con nosotros. Feliz
cumpleaños.
—Gracias —contestó el ranchero lanzando una mirada de reojo al triste rostro
de su hija.
El desfile fue muy colorido y había allí congregada una gran cantidad de
gente. La fiesta del dieciséis de septiembre era una celebración que conmemoraba el
Día de la Independencia de México. A ______ siempre le había encantado, con la música,
el ambiente alegre... pero aquel día no pudo disfrutarlo por lo preocupada que estaba.
Trató de poner cara de felicidad cada vez que su padre la miraba, esperando que no
se diera cuenta de lo desgraciada que se sentía, pero los celos la estaban devorando
por dentro al ver el obvio interés de Tom por Eddie. Tenía el brazo en torno a la
cintura de la rubia, y en un momento dado se inclinó hacia ella y la besó con pasión,
delante de ______.
La joven se detuvo a comprar un souvenir en un tenderete, tratando de
ignorarlos, y se lo dio a su padre.
—Ten, papá. Pensé darte los regalos que te he comprado esta mañana, pero
después me dije que mejor te los daría después de la cena, cuando hayas soplado las
velas de tu tarta. ¿Te parece bien?
—Pues claro que me parece bien, cariño — murmuró él dándole unas palmaditas
en el brazo—. Siento haber aceptado la proposición de T.T., hija —le dijo
aprovechando que él y Eddie estaban más adelante.
—No, ni hablar —dijo ella meneando la cabeza— Es tu cumpleaños, y creo que
es lo mejor —le dijo con una media sonrisa—. Tenías razón en que si no tengo
cuidado acabará partiéndome el corazón. Me viene bien ver con mis propios ojos lo
que siente por Eddie.
—Estos últimos días te he notado algo distante ______. ¿No quieres contarme
nada?
—Oh, papá... hay tantas cosas... —suspiró ella — Pero antes tengo que decirle
algo a T.T. Debería habérselo dicho mucho antes, pero creo que aún no es demasiado
tarde. En cuanto lleguemos a casa lo hablaré con él. Y, después, me temo que voy a
necesitar un hombro sobre el que llorar —dijo sonriendo con tristeza.
—¿No estarás...? —inquirió su padre preocupado.
—No, papá, no estoy embarazada —respondió ella riéndose — . No te
preocupes, todo se arreglará —le dijo tratando de convencerse más a ella misma que
a él —. En realidad no es nada importante.
Esperaba que Tom lo viera así. Tenía que decírselo esa noche, antes de perder
el valor. Si Eddie y él estaban tan enamorados como parecía, no podía dejar correr
aquello con la conciencia tranquila, no podía dejar que lo acusaran de bigamia solo por
su cabezonería y su orgullo. No, aquella noche le diría la verdad, y no le quedaría
otro remedio que esperar que se lo tomara bien.

Capítulo 5
En la frontera los hicieron parar, porque uno de los guardias vio a Eddie, y se
inclinó sobre  la ventanilla, preguntándole para qué iban a Juárez, en vez de a T.T.,
que conducía el coche.
Eddi disfrutó plenamente de su atención, sacudiendo su rubia cabellera y
sonriendo mientras le explicaba que iban al desfile y luego de compras.
Al fin el hombre les dejó pasar, siguiendo con la mirada a Eddie y
despidiéndola embobado con la mano.
T.T. se rio entre dientes, pero ______ puso los ojos en blanco y miró a otro lado. A
Eddie le encantaba ser el centro de atención y también ir por ahí conquistando a
todos los hombres que le salían al paso. Parecía como si quisiera darle a entender a
Tom que podía atraer a otros hombres con la misma facilidad con que se le quita
un caramelo a un niño.
______ estaba segura de que T.T. sabía exactamente lo que pretendía Eddie
cuando actuaba de ese modo, y esa risa entre despectiva y divertida que había
soltado, demostraba su actitud cínica con las mujeres, como si las conociera tan bien
que no pudieran engañarlo ni molestarlo con sus tácticas.
Mientras avanzaban por la carretera que llevaba a Juárez, Eddie charlaba
animadamente con el padre de _______, girada en su asiento y apoyada en el
respaldo. _______ meneó la cabeza. Ni siquiera su padre era inmune al flirteo de Eddie.
¡Pero si estaba sonriéndole como un tonto!
Minutos después llegaban a la pequeña ciudad. Pasearon por el mercadillo, y en
uno de los puestos Eddie estuvo rogando incesantemente a T.T. hasta que le compró
un collar carísimo hecho con turquesas. ______ observó con envidia cómo él le cerraba
el enganche en la nuca, diciéndose que ella sería mucho más fácil de contentar.
Bajando la calle llegaron a la magnífica catedral, unos metros más allá se
toparon con una pequeña boutique de ropa, a cuyo escaparate estuvo pegada
rápidamente la nariz de Eddie. Emitió un chillido de placer al ver que aceptaban su
tarjeta de crédito.
—Solo serán unos minutos —le dijo a T.T., besándolo en la mejilla—. ¿Quieres
entrar tú también, ______? —invitó a la joven.
—No, gracias —le respondió ______ — . Me apetece más ver la ciudad.
—Creo que me uniré a ti —le dijo su padre—, T.T parece estar en otro mundo.
Y así era, porque cuando la joven se volvió a mirarlo, observó que sus ojos
negros estaban fijos en la pequeña capilla donde se habían casado, como si estuviera
tratando de recomponer en su mente los borrosos acontecimientos de aquella noche.
______ palideció cuando vio que Tom se metía las manos en los bolsillos y se
dirigía con paso decidido en esa dirección. Dejando atrás a su anonadado padre, la
joven lo siguió a toda prisa, con la intención de disuadirle de ir allí, pero justo
antes de que pudiera llegar hasta él, los dos tipos que la habían ayudado a subirlo a
la camioneta, salían de la capilla.
-Por favor, Dios mío, que no le digan nada a Tom - rogó _____ en silencio con los
dedos cruzados. Pero la suerte no estaba con ella, porque no solo lo conocieron, sino
que fueron hasta él sonrientes, y empezaron a darle palmadas en la espalda,
diciéndole en castellano.
—¡Felicitaciones, compadre! ¿Cómo lo trata la vida de casado, eh? ¡Ah, allá está
su esposa! Linda chiquilla sí, señor. ¿Cómo está, señorita? —y la saludaron con la
mano.
—¿Qué demonios pasa aquí, _______? —inquirió perplejo su padre, que la había
seguido—. ¿Quiénes son esos hombres? Me ha parecido entender que estaban
felicitando a T.T. por haberse casado.
______ no contestó. Quería morirse, y se había tapado el rostro con las manos.
T.T. tuvo un rápido intercambio verbal en castellano con los dos hombres, salpicado
de preguntas, al que siguió un ominoso silencio.
Segundos después, hecho una verdadera furia, estaba frente a la joven,
mirándola como si quisiera matarla. La sacudió por los hombros, olvidándose de que
su padre estaba delante.
— ¡Me mentiste!, ¡sí que nos casamos aquella noche! ¡Niégalo ahora, vamos,
niégalo!
— Lo siento —musitó _______ en un hilo de voz. ¿Qué otra cosa podía decir?—.
No pensaba que fuera legal —trató de explicarle con los ojos llenos de lágrimas—.
¡Yo no sabía que el certificado era válido!
—¿Estáis casados? —exclamó Ben sin dar crédito a lo que oía.
—No por mucho tiempo —masculló T.T. apartando a ______ de su lado, como si su
proximidad lo repugnase—. ¡Por Dios, de todas las maneras despreciables y
mezquinas de conseguir un marido...! ¡Arrastrar a un hombre borracho al altar y
ocultárselo después! — bramó fuera de sí—. ¿Y por qué? ¡Porque sabías que nunca me
casaría con una chiquilla manipuladora, fea y gorda como tú, con un marimacho,
estando sobrio! No me sorprendería que en la cama seas tú quien le diga a Hale qué
es lo que tiene que hacer.
— ¡T.T., por favor! —le rogó ella. Aquellas palabras se le estaban clavando como
dagas en el alma, y la gente estaba girándose a mirarlos.
El pareció darse cuenta de que aquel no era el lugar más adecuado para
discutir.
—Voy por Eddie —masculló—. Nos vamos. Ahora. En cuanto antes termine
esta farsa y anulemos ese matrimonio, mejor —le dijo dándose la vuelta y
desapareciendo entre el gentío.
______ estaba temblando por dentro, y las lágrimas rodaban por sus mejillas.
—¿Lo... lo emborrachaste para que se casara contigo? —balbució su padre
confundido, sin poder creerlo.
—No, papá —contestó ella secándose el rostro con el dorso de la mano—. No
fue así. T.T. ya estaba borracho cuando yo lo encontré. Solo quería llevarlo de vuelta
al rancho, para que no se buscara problemas contigo y no lo despidieras, pero de
pronto se le ocurrió que quería que nos casáramos, y me amenazó con ponerse a
pegar tiros en el bar si no hacía lo que él decía. Yo no pensé que un certificado
matrimonial de México tuviera validez legal en Texas, y temía que, borracho como
estaba, se pusiera de verdad a pegar tiros allí mismo: tú sabes lo lenta que es la
justicia en este país. Podríamos haber estado meses muriéndonos de asco en una
cárcel hasta que lograses sacarnos.
—¿Y qué hay de lo que ha dicho de Hale y de ti? ¿Es eso cierto? —exigió saber
su padre.
—Nunca me he acostado con Brandon, pero le di atender a T.T. que sí porque...
bueno, supongo que por despecho, porque él pensaba que yo era una mosquita
muerta y... ¡Oh, papá, en menudo lío nos he metido! Yo no quería hacer ningún mal y...
y... —balbució hipando— y encima el día de tu cumpleaños...
Rompió a llorar amargamente
—Debería habérselo dicho, pero estaba asustada. Tenía miedo de que se
enfadara. Pensé incluso que podría anularlo yo sola, pero el abogado me dijo que no,
que T.T. también tenía que ir a pedir la anulación...
Su padre le dio unas palmadas en la cabeza a su hija abrazándola mientras ella
se desahogaba. En ese momento regresó T.T., con la misma mirada llameante en sus
ojos y arrastrando a Eddie de la mano.
—¿Qué le ocurre a ______? —preguntó la rubia
—Mejor no preguntes —contestó el padre de la joven meneando la cabeza.
—¿No se encuentra bien? —insistió Eddie mirándola con curiosidad.
—Si es así, se lo merece —intervino T.T. furioso—. Vámonos
Eddi no se atrevió a hacer más preguntas, y _______ lloró en silencio todo el
camino mientras su padre le apretaba la mano Incómodo. T.T., por su parte, no dijo
una palabra mientras conducía, y escuchó sin interés el parloteo de Eddie, que
empezó a contarle lo que se había comprado, pero acabó poniendo la radio para no
oírla tampoco.
Penélope, ya algo más calmada, se recostó en el asiento y cerró los ojos, no
queriendo ver la mirada de preocupación en los de su padre.
En vez de volver directamente al rancho, C.C. condujo hasta el apartamento
de Eddie y la acompañó hasta la puerta, donde la dejó sin decir nada. Tampoco abrió
la boca los minutos siguientes, antes de llegar por fin al rancho. _______ observó que no
estaba conduciendo más rápido, ni tampoco temerariamente, a pesar del enfado.
Siempre le maravillaba ese autocontrol que demostraba.
Ya en el rancho, T.T. los dejó frente a la casa, y se dirigió hacia los establos.
_______ se dijo que seguramente querría sacudirse de encima un poco de mal humor
antes de ir a verla, y se compadeció del pobre que se cruzara en su camino.
—¿Por qué no me cuentas toda la historia? —le dijo su padre mientras ella
preparaba un café en la cocina.
Y así lo hizo la joven, hablándole de la borrachera anual de T.T., y de las
razones que lo llevaban a hacerlo, de cómo había ido esa tarde a intentar detenerlo y
creía que lo había conseguido, para luego seguirlo a Juárez, y terminar casándose
con él.
— Me temo que el verdadero problema está en quién es en realidad —añadió
_______ —. Debe provenir de una familia rica, y seguramente por eso piensa que quería
atraparlo con esa artimaña, para sacarle dinero.
— Oh, vamos, T.T. jamás te creería capaz de algo así —repuso Ben indignado
ante la idea.
Ella se encogió de hombros.
—No lo sé, pero conoce muy bien la situación tan precaria en que nos hallamos,
y que yo no tengo un empleo... y tengo mis razones para creer que se ha dado cuenta
de que me gusta.
—¿Solo de que te gusta... o de que estás loca por él? —murmuró su padre. La
joven meneó la cabeza.
—No, gracias a Dios, no sabe que hasta ese extremo —dijo, metiéndose las
manos en los bolsillos con un suspiro—. Bueno, no es el fin del mundo, ¿verdad? No
creo que sea tan difícil conseguir una anulación, y estoy dispuesta a buscar un
trabajo para poder pagar los costes. Tal vez algún día me perdone, aunque
comprendo que ahora esté muy enfadado conmigo.
— ¿Y qué hay de ti? Tú te sientes fatal ahora mismo, y en el fondo la culpa es
de él. ¡Si hubiera estado sobrio...!
—Pero, papá, T.T. amaba muchísimo a su esposa, y supongo que sigue pasándolo
muy mal por su muerte. ¿O es que has olvidado como te sentiste tú cuando mamá
perdió la vida?
Ben bajó la mirada entristecido y suspiró.
— Sí, eso puedo entenderlo muy bien. Tu madre era todo mi mundo. No nos
separamos en veintidós años, y no he vuelto a encontrar a otra mujer tan maravillosa
como ella. Por eso no me he vuelto a casar. Imagino que a él le ocurrirá lo mismo.
—Sí, supongo que sí —asintió ella quedamente. Su padre le dio un cálido abrazo
y la soltó para mirarla a los ojos.
—Intenta no darle muchas vueltas a esto, cariño. A T.T. se le pasará, pronto se
dará cuenta de que no tiene sentido que se haya puesto hecho una furia contigo, y
acabaréis solucionándolo, ya lo verás —le aseguró—. Y más vale que sea así, porque
tal y como nos van las cosas necesito que T.T se centre en el trabajo —añadió con
una sonrisa.
—Papá, ¿has pensado alguna vez en vender acciones de la propiedad? —le
preguntó ella.
— Sí, sí que lo he pensado. Y también en buscarme un socio —respondió él—.
¿Te importaría si lo hiciera?
—Por supuesto que no. Yo tampoco querría que perdiéramos el rancho por nada
del mundo, y si esa fuera la solución... Si crees que debes hacerlo, hazlo.
El ranchero suspiró.
—Bien, en ese caso creo que iré poniendo algunos anuncios discretos en los
periódicos locales. Dios sabe que no puedes pasar mucho más sin renovar tu
vestuario — añadió con un guiño malicioso.
—Olvídate de mi vestuario —replicó ella—. No me importa nada la ropa, ya no
—dijo dolida, volviéndose hacia la cafetera—. Pero todavía tengo a Brandon —
continuó, como queriendo animarse—. Es amable, y es simpático, y va a llevarme a
una cena de la Asociación de Ganaderos el miércoles que viene.
Su padre estaba mirándola inseguro.
—Sí, pero no lo amas. No te conformes con las migajas, ______. Siempre debe
intentarse ir a por todo el pastel.
________ se rio.
—Anda, y ahora ponte a preparar esa cena que me prometiste, ¿quieres? Me
muero de hambre.
La joven se puso manos a la obra, pero, de pronto vio a través de la ventana que
estaba sobre el fregadero, que T.T salía del barracón vestido... ¡con un traje de
ejecutivo! La joven frunció el entrecejo perpleja mientras lo veía avanzar hacia la
casa. Verlo con esa ropa la llenó de ansiedad. ¿Acaso iba a dejar el trabajo? ¿Tanto
la odiaba?
T.T entró en la cocina sin llamar, dejando entrar una fría ráfaga de viento.
—T.T.... ¿dónde...?
Pero antes de que el señor Mathews pudiera acabar la pregunta, Tom le
respondió.
—Voy a estar fuera unos días. Tengo algunos asuntos personales que atender,
incluyendo conseguir una anulación matrimonial —añadió en un tono gélido—. Quiero
ese certificado, ________.
La joven se secó las manos en el delantal, sin mirarlo a los ojos.
—Iré por él —murmuró, y subió las escaleras.
Las manos le temblaban cuando sacó el papel de la cómoda. Lo miró una última
vez. Si las cosas hubieran sido distintas y se hubiera casado con ella por amor...
«Deja de soñar», se dijo. Volvió a doblar el papel y regresó abajo.
T.T estaba esperándola al pie de las escaleras, solo.
Sus ojos negros relampagueaban, y ella los rehuyó. Le tendió el papel, sintiendo
los dedos fríos y rígidos, y él casi se lo arrancó de la mano.
—Lo siento —musitó con la vista en el suelo de parqué—. Yo solo...
—No quiero tus excusas —la cortó él—. Tus maquinaciones han acabado
explotándote en la cara. Nunca imaginé que fueras una mercenaria.
Las lágrimas nublaban la vista de _______. No le contestó, sino que pasó a su
lado y corrió a la cocina.
Tom apretó el certificado en la mano, detestándose a sí mismo, detestándola
a ella. Sabía que estaba comportándose de un modo muy poco razonable y que estaba
siendo muy duro con ella, pero se sentía furioso de que la joven lo hubiese engañado
de aquel modo, haciéndole casarse con ella cuando estaba borracho. No había
pensado jamás que pudiera hacer algo así. ¡Por Dios, había estado saliendo con Eddie
estando casado!
—T.T., _______ ya está pagando por lo que hizo —le dijo Ben apareciendo de
repente a su lado—. No se lo pongas más difícil, por favor. No lo hizo a propósito, a
pesar de lo que pienses.
—Debería habérmelo dicho —repuso T.T. con acritud.
—Lo sé —asintió el padre de _______—. Pero me ha dicho que no sabía cómo, y al
principio ni siquiera pensó que fuera legal. De hecho, creo que habla en su favor el
hecho de que llamara a un abogado para anularlo sin que nadie lo supiera. Solo que
ignoraba que también necesitaba tu firma.
—¿Usted estaba enterado de todo esto? —exigió saber Tom.
Ben Malhews sacudió la cabeza.
—Hasta hoy no. Sabía que estaba metida en alguna clases de problemas, pero
no quiso decirme de qué se trataba.
T.T. se quedó mirando el papel en su mano entre enfadado y preocupado.
Matrimonio, una esposa... No podía olvidar a Marsha, su insistencia en acompañarlo al
río aquel día. Siempre había sido muy terca. Él no debería habérselo permitido,
sobre todo sabiendo que aquellos últimos días había estado teniendo frecuentes
mareos y náuseas, aunque no supiera que se debían a que estaba embarazada. Ya
había sido horrible tener que reconocer el cuerpo cuando lo rescataron del río, pero
enterarse de que llevaba en su seno un hijo de los dos...
No la había matado él, pero se sentía tan culpable como si lo hubiera hecho.
Después del accidente se había visto sumido en tal estado de angustia, que dejó el
rancho en manos de sus hermanos, y se marchó para empezar de cero en algún otro
lugar, en busca de la paz interior que había perdido. Y la había encontrado allí, en el
rancho de los Mathews. Sí, había disfrutado ayudando al viejo Ben a remontar una
mala racha, aunque aún quedara mucho por hacer, y desde luego también había
disfrutado esos tres años de la generosa y alegre compañía de _______... hasta que lo
había apuñalado por la espalda de aquel modo. Tenía que alejarse de allí, de ella y de
los recuerdos que había hecho que volvieran a su mente.
—¿Dónde vas a ir, T.T.? —inquirió Ben, sacándolo de sus pensamientos—. ¿O es
una pregunta que no debería hacer?
—¿Qué quiere decir?
El ranchero se encogió de hombros.
— _______ me ha contado que en aquella ocasión en que estuvo cuidando de ti,
cuando tuviste fiebre, le hablaste de muchas cosas de tu pasado en tu delirio. Cree
que provienes de una familia adinerada, y que si viniste aquí fue por castigarte de
algún modo por la muerte de tu esposa y tu hijo —T.T. no contestó, pero Ben pudo
notar que estaba muy sorprendido—. Bien, yo... solo quería que supieras que,
cualesquiera que fueran tus razones, serás bienvenido si en algún momento quieres
volver. Te estoy muy agradecido por todo lo que has hecho por nosotros.
A pesar de lo que le estaba diciendo, Tom sintió como si se estuvieran
cerrando puertas detrás de él. El ranchero estaba hablando como si pensara que no
iba a regresar. Lanzó una mirada en dirección a la cocina, pero _______ no estaba allí. De
pronto lo inundó un pánico repentino ante la idea de que tal vez no volviera a verla.
«¡Dios!, ¿qué es lo que te pasa, Tom Kaulitz?», se dijo confuso. Ya no sabía qué
pensar. Miró el certificado de matrimonio en su mano.
— Aún no sé muy bien lo que voy a hacer —le dijo a Ben—, pero creo que lo
primero será ir a ver a mi familia, y después pediré una cita con un abogado para...
para hablar de esto —dijo agitando el papel.
Resultaba extraño, pero, de repente, en lo más hondo de su ser, una vocecilla
le decía que aquel documento no era una cadena, sino un tesoro.
El ranchero suspiró.
—Bueno, si decides no volver, lo entenderé —le dijo en un tono cansado— La
verdad es que no hay muchas esperanzas para este lugar, y los dos lo sabemos. Tú
has logrado sacarnos del hoyo, pero los precios de venta del ganado están más bajos
que nunca, y he tenido que gastar mucho dinero en herramientas y equipo técnico.
Además, ya me estoy haciendo viejo para esto.
T.T. sintió una punzada en el pecho al oír hablar así a su patrón. No sonaba
como el viejo Ben.
—¿Pero qué dice? ¡Si apenas debe tener cincuenta años! —exclamó.
—Cincuenta y ocho, y espera a tenerlos tú para decir eso —dijo el hombre
riéndose. Le tendió la mano y Tom la estrechó—. Gracias por todo, T.T., pero tú
tienes una vida por delante que vivir —se quedó mirandolo un instante pensativo—.
Tal vez sea hora de que te enfrentes a tus fantasmas, hijo. A mí me costó mucho,
después de la muerte de mi esposa, y tuve que luchar con todas mis fuerzas para
superar mis problemas con el alcohol, pero he sobrevivido, y tú también lo harás.
—Marsha, mi mujer, estaba embarazada cuando se ahogó —respondió T.T. con
aspereza.
Ben asintió con la cabeza.
—Imagino que eso es lo que más te atormenta, pero eres un hombre joven, T.T.,
aún puedes tener hijos.
—No los quiero, ni tampoco otra esposa —le espetó él enfadado, agitando el
certificado de matrimonio—. ¡Y menos todavía a una a la que ni siquiera escogí!
_______, que sí estaba en la cocina, pero sentada en el suelo, en un rincón,
abrazándose las rodillas, oyó sus palabras, y nuevas lágrimas empezaron a rodar por
su rostro.
Fuera, en el vestíbulo, Ben podía imaginar el dolor que su hija debía estar
sintiendo en ese momento, así que condujo a T.T. a la puerta delantera en vez de a la
trasera, la de la cocina, para evitarle más sufrimiento a la joven.
—Tómate el tiempo que te haga falta —le dijo a Tom—. Tiempo libre para
pensar y calmarte es justo lo que necesitas.
T.T se relajó un poco.
— Supongo que tiene razón —bajó los ojos una vez más al documento en su
mano e, involuntariamente, giró la cabeza hacia el final del pasillo, hacia la cocina.
Había sido más duro con _______ de lo que debiera haberlo sido, se reprochó
frunciendo el ceño y recordando lo que le había dicho. Al fin y al cabo en muchos
sentidos no era más que una chiquilla. Lo cierto era que estaba empezando a
preguntarse si aquella experiencia de la que había presumido no sería más que
producto de su imaginación. El modo en que había reaccionado ante sus flirteos en la
cocina aquella mañana no había sido precisamente el modo en que habría reaccionado
una mujer experimentada. ¿Habría mentido también respecto a aquello?
Apretó la mandíbula irritado. Nunca más podría volver a confiar en ella, porque
si le había mentido una vez, sin duda podría hacerlo de nuevo. ¡Dios!, ¿por qué tenía
que haberlo traicionado de aquel modo? De pronto, volvió a su mente algo que Ben
había mencionado.
—Antes dijo que _______ sabía que yo tenía dinero, que provengo de una familia
adinerada.

Ben contrajo el rostro, imaginando lo que estaba pensando.
—He dicho que lo cree, no que lo supiera. Yo mismo también lo he pensado
varias veces. No eres un hombre inculto y sin educación como muchos de los peones
que he contratado. Pero sí, _______ lo cree, y me dijo que estaba segura de que
pensarías que se casó contigo para conseguir tu dinero —le explicó meneando la
cabeza—. Hijo, el enfado no te deja ver la realiadad, y estás siendo demasiado duro
con ella.
T.T. lo miró incómodo.
—Estaremos en contacto —le prometió—. Siento dejarlo en un momento como
este. Dios sabe que todo este asunto no es culpa suya.
—Tampoco lo es de _______ —repuso Ben—. Deberías pedirle que te contara su
versión de los hechos, la versión completa, pero sí, quizá sea mejor que primero se
enfríen un poco los ánimos. Que tengas un buen viaje, T.T.
Tom iba a responder algo a eso, pero finalmente solo dijo:
—Cuídese.
—Hasta pronto.
Ben lo vio entrar en su coche y alejarse. Se quedó un momento pensativo, y
regresó dentro, inseguro respecto a si entrar en la cocina o no, pero cuando se
asomó a la puerta, la encontró bastante calmada, sirviendo la cena.
—¿Quieres comer ya, papá? —le preguntó amablemente. Únicamente sus ojos
enrojecidos delataban lo infeliz que se sentía.
—Claro. ¿Estás bien? —inquirió su padre. Ella asintió con la cabeza.
— Sí, pero hazme un favor. No volvamos a hablar de ello, ¿de acuerdo?
—Como quieras, cariño —contestó él sentándose a la mesa.
________ se sentía en efecto algo más calmada, y en el fondo aliviada de que al
fin su secreto se hubiera revelado. En ese momento estaba muy segura de que ya no
amaba a T.T. Un hombre que se comportaba de un modo tan cruel no merecía ser
amado. Además, después de todo era culpa suya, se dijo. Era él quien la había
obligado a casarse con él. ¿Por qué diablos entonces hacía que pareciera como si ella
le hubiera tendido una trampa? ¡Pues se iba a enterar! ¡Que no esperara volver a
tenerla a sus pies cuando regresara!
Tras la cena, le dio los regalos a su padre: una pipa nueva y un encendedor de
diseño, y puso las velas en la tarta para que las soplara, cortándole después un gran
trozo. Todo el tiempo fingió estar feliz, esperando que él no se diera cuenta de ello.
No quería estropearle el final del día de su cumpleaños.
—¿Sabes qué, _______? —le dijo su padre antes de subir las escaleras para
acostarse—. Un hombre que se siente atrapado contra su voluntad no se rinde sin
luchar.
— ¡Pero si yo no lo he...! —comenzó ella irritada.
—No me estás escuchando. Me refiero a un hombre que está luchando contra
sus sentimientos. Creo que sí siente algo por ti, pero no quiere admitirlo, ni
afrontarlo.
La joven, sin embargo, ya había aprendido la lección y no quería dejarse
engañar de nuevo por vanos sueños, para luego sentirse decepcionada otra vez.
—Ya no quiero nada con él, papá —le dijo con aspereza—. Haría mejor en
casarme con Brandon. Al menos él no me grita ni me acusa de cosas que no he hecho.
Y además es divertido. Ya sé, ya sé, no estoy enamorada de él, pero me gusta, y me
llevo bien con él...
—Casarte con un hombre por despecho hacia otro es lo peor que podrías hacer
—le advirtió su padre—. Solo lograrías hacerle daño a Brandon y a ti misma.
—Supongo que sí —suspiró la joven—, pero tal vez podría aprender a amarlo. Sí,
eso es lo que voy a hacer, voy a esforzarme por amarlo, por ver todas las buenas
cualidades que tiene. ¡Y espero que T.T Kaulitz no vuelva nunca por aquí! —gritó
dejándose llevar por la rabia.
— Dios no lo quiera —farfulló su padre riéndose suavemente—. Si eso ocurre,
el rancho se irá a pique. La joven lanzó los brazos al aire y subió a acostar pero no
logró dormir. No hacía más que oír en su mente una y otra vez los insultos y las
acusaciones de Tom.
Finalmente, tras dar vueltas en la cama durante horas, se levantó y se fue a
limpiar la cocina por hacer algo que la mantuviera ocupada. El alba la sorprendió
cuando ya todo brillaba como los chorros del oro, y decidida a seguir con su vida,
subió al baño, se duchó, y cuando su padre bajó a desayunar, lo encontró todo listo y
a ella arreglada ya para ir a la iglesia.
Ben no dijo una palabra, pero cuando regresaban a casa una hora después, se
dio cuenta de que _______ seguía cabizbaja y meditabunda.
El coche de Brandon Hale estaba aparcado frente a la casa y, en cuanto el
señor Mathews detuvo su vehículo su hija se bajó y fue corriendo hasta donde
estaba veterinario.
El ranchero los observó sentado aún frente al volante con el ceño fruncido,
preguntándose que nuevas complicaciones les deparaba el futuro.


HOLA!! YA SE ENTERO ... UIII ... BUENO YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO CAP MAÑANA ... ADIOS :))

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