CAPITULO 2
Brandon Hale, el veterinario que se encargaba del ganado
del rancho
Mathews, era un joven pelirrojo y muy divertido. ______
sentía una gran simpatía por
el y, probablemente, si su corazón no se hubiera prendado
a T.T habría acabado
casándose un día con él. Justo en el momento en que
_______ y su padre estaban a punto
de sentarse a la mesa, Brandon entró por la puerta de la
cocina.
—¡Vaya!, ¡pastel de manzana! —exclamó al ver el delicioso
postre que _______
había preparado—. Hola, señor Mathews, ¿cómo está?
—Hambriento —respondió el viejo Ben—, así que no te hagas
ilusiones: ese
pastel es todo mío, y no pienso compartirlo.
—No le conviene ser tacaño, señor Mathews —dijo el joven
con picardía—.
¿Qué otro veterinario vendría a estas horas para hacerle
la revisión a sus terneros
nuevos, para tratar a su toro enfermo, y para poner todas
esas vacunas? Están
todos ocupados en los demás ranchos de la zona, y tendría
que pagarles el doble.
—Oh, maldita sea, está bien —claudicó el padre de ______—.
Vamos, siéntate —le
dijo señalándole la silla a su lado—. Pero que sepas —le
advirtió levantando el
índice— que si sigues viniendo aquí por las noches sin un
motivo de peso, tendrás que
casarte con mi hija.
—Encantado —respondió el joven con descaro, guiñándole un
ojo a ella—. Fija
tú la fecha, _______.
—El seis de julio... dentro de veinte años —respondió
ella riéndose
despreocupada—. Me gustaría vivir un poco antes de
casarme.
—¿Y qué has estado haciendo estos veintidós años?—le
espetó su padre
frunciendo los labios—. Quiero nietos, _______.
—Claro, como no eres tú el que los tiene que traer al
mundo... —le contestó
ella.
Cuando hubieron terminado de cenar, Brandon y su padre se
pusieron en pie
para ir a ver al toro enfermo.
—No suelo trabajar por las noches si puedo evitarlo— le
dijo el veterinario a la
joven antes de salir por la puerta, con una mirada
seductora—, pero por un pastel de
manzana como ese, sería capaz de venir a asistir a una
vaca en un parto a las tres de
la mañana.
—En ese caso lo recordaré —dijo ella sonriendo divertida.
—Eres un encanto, _______ —le dijo él de repente—, y si
quieres proponerme
matrimonio... adelante, te prometo que no me haré de
rogar demasiado.
— Vaya, muchas gracias —dijo ella echándose a reír—. Te
pondré en mi larga
lista de pretendientes.
Brandon se rio también.
—¿Te apetecería venir a ver una película el viernes por
la noche? Podríamos ir
a El Paso y cenar allí antes del cine.
—Estupendo —asintió la joven al instante.
Brandon era una compañía muy agradable, y ella necesitaba
alejarse del rancho,
y de T.T., unas horas.
Brandon le dirigió una sonrisa y salió de la casa. Ben
estaba esperándolo
impaciente en medio del patio trasero.
—Seguramente no terminaré antes de medianoche—voceó el
ranchero a su
hija—, porque después de ver a ese toro quiero ir a
revisar los libros de cuentas con
Berry, así que no me esperes levantada.
—De acuerdo, que te diviertas —voceó ella. Era una broma
entre los dos, ya
que Jack Berry, el hombre que le llevaba los libros de
contabilidad a su padre, era
increíblemente desastroso. Padre e hija habían hablado
varias veces de contratar a
una persona cualificada, pero Ben sentía cierta lástima
por Berry, quien llevaba
muchos años trabajando en el rancho para él, y a quien
había encomendado esa tarea
porque sus achaques ya le impedían hacer las demás
labores. El buen corazón de su
padre era la razón de que el rancho hubiera estado al
borde de la quiebra, y sin la
inestimable ayuda de T.T., sin duda habrían tenido que
venderlo.
T.T.... _______ casi se había olvidado de él. La verdad
era que no parecía estar muy
borracho cuando lo había encontrado en el barracón, y
aquello era algo inusual,
porque esa borrachera anual solía ser de lo más sonada.
Lo mejor sería que fuese a
ver cómo estaba antes de que su padre regresara.
Se puso de nuevo la chaqueta y los guantes y salió de la
casa. Cuando llegó al
barracón, se encontró allí a tres de los peones nuevos,
pero no parecía haber rastro
de T.T.
—Lo siento, no puedo decirle dónde fue porque él mismo no
nos dijo nada
cuando le preguntamos, señorita Mathews —se excusó uno de
ellos — , pero por la
dirección en la que se fue, yo diría que iba a Juárez.
—Oh, Dios... —suspiró la joven—. ¿Se llevó la camioneta,
o su coche?
—Su coche, ese viejo Ford.
—Gracias.
Era una suerte que se hubiera sacado el carnet de
conducir el año anterior, se
dijo _______ mientras arrancaba la camioneta para ir en
su busca. Al llegar al control
fronterizo, le preguntó a uno de los guardas si habían
dejado pasar a un Ford blanco,
y el hombre, tras dudar un momento, le contestó que sí.
La joven le dio las gracias y
cruzó al otro lado, y entró en la pequeña localidad
mexicana de Juárez, donde estuvo
dando vueltas, hasta que vio aparcado el coche de T.T.
junto a una acera. Aparcó al
lado y se bajó.
Estaba un poco nerviosa porque no estaba acostumbrada a
salir de noche, y
porque estaba segura de que el local donde hallaría al
capataz no sería de los más
recomendables para una chica sola que ni siquiera hablaba
castellano. Además, le
preocupaba que su padre entrara en su dormitorio y se
encontrara con que no estaba
en la cama. La puerta cerrada tal vez lo disuadiera, y si
la llamaba pensaría que
estaba dormida al no recibir respuesta, pero si se daba
cuenta de que no estaba la
camioneta, empezaría a sospechar. Cruzó los dedos porque
eso no ocurriera. No
quería que despidiera a T.T.
A una manzana de allí encontró una cantina, pero no
estaba allí. Deambuló por
las calles, entrando en los bares, y en uno de ellos,
estuvo a punto de verse mezclada
en un jaleo, cuando un tipo empezó a molestarla y otro
salió en su defensa.
Finalmente, sintiéndose derrotada y aún más preocupada,
decidió regresar a casa,
pero justo cuando caminaba hacia donde había dejada
aparcada la camioneta, vio por
la puerta abierta de la primera cantina a la que se había
asomado a T.T. sentado en
una mesa al fondo.
Entró y se dirigió rápidamente hacia él, pero cuando el
capataz la vio, lejos de
alegrarse, soltó un improperio, como si le fastidiase su
insistencia. ______ lo miró
insegura. Había una mirada fría y peligrosa en sus ojos,
y no le pareció que fuera a
mostrarse tan dócil como horas atrás.
—Hola —murmuró la joven, cautelosa.
—Si has venido para llevarme de vuelta, olvídalo -le
espetó él, mirándola con
ojos inyectados en sangre. Había una botella medio vacía
de tequila sobre la mesa, y
un vaso vacío junto a ella—. No voy a ir contigo como un
niño obediente.
—De acuerdo, pero aquí dentro hace calor —improvisó
ella—. ¿Por qué no
salimos fuera? Un poco de aire fresco te vendría bien.
—¿Eso crees? —le espetó T.T., riéndose con sarcasmo—.
Estoy tan borracho
que podría caerme redondo por ahí en medio. ¿Qué harías
entonces? Oh, claro,
olvido que eres un marimacho y montas a caballo y todo
eso... Probablemente me
cargarías sobre tus hombros y me arrastrarías hasta la
frontera.
_______ sintió una punzada de dolor en el pecho. Tal vez
era esa la opinión que
tenía de ella, que era poco femenina, un chicazo, pero a
pesar de todo esbozó una
sonrisa para que no creyera que la había herido.
—Podría intentarlo.
Él le lanzó una mirada desinteresada, como si lo
aburriera.
—Mírate, esos pantalones vaqueros y esa camisa de
cuadros, como si fueras un
vaquero. Siempre te vistes igual que un hombre. ¿Seguro
que hay un cuerpo de mujer
ahí debajo? ¿Tienes piernas, o pechos?
—Tienes razón, estás demasiado borracho. Apuesto a que no
puedes dar ni un
paso —le respondió ella, ignorando sus puyas. Los
camareros que atendían la barra
estaban mirándolos con curiosidad. Tal vez así,
picándolo, conseguiría sacarlo de allí.
—Por supuesto que puedo, niñata —le espetó él enfadado.
—Pues demuéstralo —lo desafió _______—. Vamos, veamos si
eres capaz de llegar
a la puerta sin darte de bruces contra el suelo.
T.T. masculló una ristra de improperios y se puso en pie,
tambaleándose un poco.
Sacó un billete de veinte del bolsillo y lo colocó sobre
la barra.
—Quédese el cambio —le dijo al camarero.
______ se felicitó por su brillante argucia mientras lo
veía salir zigzagueando a la
calle. T.T. se dio la vuelta y se quedó mirándola.
—Pensé que querías que diésemos un paseo —le dijo
frunciendo el ceño, al ver
que se había parado frente a la puerta de la cantina.
—Sí, sí —se apresuró a asentir ella, para que no volviera
a entrar en algún
tugurio.
—Pues entonces ven aquí, cariño —farfulló él extendiendo
el brazo hacia ella—.
No querría que te perdieras.
_______ sabía que era el alcohol lo que lo hacía hablar
así, y lo que le hizo
rodearle los hombros con el brazo, pero aun así no pudo
evitar que su corazón
palpitara con fuerza. La joven trató de llevarlo hacia la
camioneta, pero él los hizo
desviarse de ese rumbo.
—Eres tan dulce... No quiero ir a casa, _______. Vamos a
pasear, hace una noche
deliciosa.
—T.T., esta parte de la ciudad no es muy segura — repuso
ella con suavidad.
—Mi nombre... es Tom —dijo él bruscamente.
La joven se quedó algo sorprendida, como si no hubiera
esperado que hubiera
un nombre real tras las dos iniciales. Esbozó una
sonrisa.
—Me gusta.
—Y el tuyo es _______ Marie —añadió T.T. riéndose a
carcajadas—. _______
Marie Mathews.
—Sí —musitó ella. No había imaginado que el capataz conociera
su nombre
completo. En cierto modo resultaba halagador..
—Imagina que cambiamos ese apellido por Kaulitz —sugirió
él de sopetón —.
Sí, ¿por qué no? Después de todo siempre estás cuidando
de mí, _______ Marie
Mathews, así que, ¿por qué no te casas conmigo y sigues
haciéndolo?
Ella se había quedado de piedra, y sin habla, pero él no
pareció darse cuenta.
Estaba mirando en torno a ellos, como si buscara algo.
—Aja, lo sabía. Mira, allí hay una de esas capillas que
están abiertas toda la
noche. Vamos.
— ¡T.T., no podemos hacer eso!
Él parpadeó ante la expresión horrorizada en el rostro de
ella.
— Pues claro que podemos. Vamos, cariño, no hace falta
papeles, ni nada.
La joven se mordió el labio inferior. No podía dejarle
hacer aquello, se dijo
notando que el pánico se apoderaba de ella. Cuando se le
pasara la borrachera y
recordara lo que habían hecho, la mataría. Aunque tal vez
los matrimonios
mexicanos no tuvieran validez en los Estados Unidos...
Había soñado tanto tiempo
con ser su esposa. ¿Qué significaba un papel? ¡No! No
podía hacerle eso.
—T.T., escucha, no... —comenzó.
—Si no te casas conmigo —la amenazó él señalándola con el
índice y
tambaleándose—, entraré de nuevo al bar y empezaré a
pegar tiros, y vendrá la
policía y me meterán en la cárcel. Lo digo en serio.
Aun borracho como estaba, la joven no se atrevió a poner
en duda esa amenaza.
Sabía que tenía una pequeña pistola, y no podía estar
segura de si la llevaba encima
no. Además, se dijo, nadie los casaría viéndolo a él tan
ebrio, así que claudicó.
Tom la arrastró hasta la capilla. El mexicano que había
allí apenas hablaba
inglés, para desgracia de ______, lo que, por mucho que
trataba de explicarle la
situación, el hombre no daba muestras de entender. Tom,
que hablaba el castellano
con fluidez, la cortó, diciéndole al tipo algo con una
sonrisa socarrona. El mexicano
se rio, entró a un cuartillo, y regresó con una biblia, y
acompañado de dos mujeres.
Echó una parrafada de la que _______ no entendió nada,
excepto cuando le dijo que
debía contestar que sí. La joven miró al capataz un
momento, dudando, pero
finalmente volvió el rostro y dio el sí contrayendo el
rostro. Tom hizo otro tanto, y el
mexicano dijo algo sonriente, y de pronto _______ se
encontró siendo abrazada y
besada por las dos mujeres. Tom garabateó su nombre en un
papel que el mexicano
le tendió, y cruzó unas cuantas frases más en castellano
con él, mientras el tipo
escribía algo también y hacía firmar a _______, que tras
dudar un instante, acabó
haciéndolo ante la insistencia de Tom.
— Ya está —dijo este mirándola con una amplia sonrisa—.
Ya está. Dame un
beso, mujer.
Extendió sus brazos hacia ella, inspirando profundamente,
y cayó de bruces al
suelo cuan largo era.
A _______ le costó mucho hacer entender al mexicano que
tenía un vehículo allí
cerca y que si podían ayudarla a llevar a Tom, pero al
fin logró hacerse entender, y el
hombre desapareció un momento, regresando con dos tipos
muy desaliñados, que
levantaron a Tom como si fuera un saco de pienso y lo
llevaron hasta el lugar
donde ella había aparcado la camioneta. _______ les
indicó por señas que lo subieran a
ella, y cuando lo hubieron hecho les dio un par de
dólares. Los hombres, para su
sorpresa, le dieron a entender que no era necesario que
les pagara, riéndose entre
ellos y señalando la vieja camioneta, que se caía a
pedazos, y se marcharon. ______ se
metió el papel en el bolsillo, se sentó al volante y
arrancó. Cuando llegó al rancho no
era muy tarde, y pudo comprobar que el Jeep de su padre
aún no estaba allí.
«Gracias a Dios», pensó suspirando aliviada, Condujo
hasta llegar al barracón, y
detuvo la camioneta delante. El barracón estaba a
oscuras. Seguramente los
hombres estarían durmiendo. Tendría que despertarlos, Tom
no podía pasar la noche
en la camioneta. Llamó a la puerta, y Bud, el peón con el
que hablara antes, fue a
abrir.
—Necesito un favor —le susurró—. Tengo a T.T. en la
camioneta. ¿Podrías
ayudarme a meterlo en el barracón antes de que vuelva mi
padre?
—¿Tiene al jefe ahí? —farfulló Bud guiñando los ojos y
mirando el vehículo—.
¿Qué le ha ocurrido?
—Está como una cuba —contestó ella.
—Diablos, nunca pensé que fuera de los que beben —dijo el
peón frotándose la
coronilla.
—Bueno, normalmente no lo hace —lo defendió ella sin
querer entrar en
detalles—. Es que ha tenido un mal día. ¿Podrías
ayudarme, Bud? Pesa bastante.
—No se preocupe, señorita Mathews —dijo él siguiéndola y
dejando la puerta
del barracón abierta.
_______ abrió la puerta de la camioneta y, al hacerlo, el
cuerpo de Tom se
desmoronó, pues se había quedado dormido apoyado contra
la ventanilla, pero Bud lo
agarró antes de que cayera al suelo, y lo echó sobre su
hombro. Tom ni siquiera se
despertó, sino que siguió roncando ruidosamente.
—Muchas gracias, Bud —le dijo ________ sonriéndole.
—No hay de qué, señorita. Buenas noches.
_______ volvió a montarse en la camioneta, y vio como Bud
entraba cargando
con Tom en el barracón y cerraba la puerta tras de sí. La
joven suspiró, y se dirigió
hacia la casa.
Cuando entró, su padre aún no había llegado, y subió a su
dormitorio aliviada de
que no fuera a enterarse de lo ocurrido. Sin embargo,
cuando se estaba desvistiendo
para ponerse el camisón, se le cayó el papel del
bolsillo. La joven se agachó para
recogerlo y lo desdobló. En él figuraban su nombre y el
de Tom Cade Kaulitz,
pero aparte de eso no entendía nada más. Tenía desde
luego todo el aspecto de un
certificado de matrimonio, y le habían puesto un sello
que verdaderamente parecía
oficial. Suerte que solo fuese un trozo de papel sin
validez, se dijo. Lo volvió a mirar,
y lo dobló con cuidado. No iba a tirarlo, ni hablar. Lo
guardaría como un recuerdo,
soñando con lo feliz que habría sido si hubiese sido un
certificado de verdad, y se
hubieran casado por amor. Suspiró de nuevo.
Guardó el papel doblado en un cajón de la cómoda, y se metió
en la cama.
«Pobre hombre», se dijo, «tal vez ahora sus fantasmas lo
dejen descansar un poco».
A la mañana siguiente la despertaron unos golpes en la
puerta de su dormitorio.
—¿Qué ocurre, papá? —preguntó acurrucándose bajo la
colcha y ahogando un
bostezo.
—Sabes muy bien lo que pasa—respondió una voz muy
masculina, que no era la
de Ben Mathews.
¡Tom! Apenas se había incorporado en la cama, él entró en
la habitación, sin
esperar a que le diera su permiso. El camisón que tenía
puesto la joven era casi
transparente, y el escote bastante pronunciado, por lo
que Tom le echó un buen
vistazo antes de que ella pudiera taparse hasta la
garganta.
—¿Qué demonios crees que haces? —le gritó ______ fuera de
sí.
—¿Dónde está? —rugió él lanzándole una mirada furibunda.
—¿Dónde está qué?
— No te hagas la inocente —le espetó él —. Me acuerdo de
todo lo que ocurrió
anoche, y no voy a cometer esa clase de error contigo,
_______. Ya es bastante con
que me hagas de niñera, como para encima seguir casado
contigo ahora que estoy
sobrio. El certificado de matrimonio, ¿dónde está? —su
tono era impaciente.
Aquella era una oportunidad de oro, se dijo la joven, una
oportunidad para
salvar el orgullo de él, para evitarse tener que darle
una embarazosa explicación
acerca de por qué había aceptado casarse con él en
aquella capilla mexicana.
«Tranquila, no pierdas la calma », se dijo. Además, no
entendía por qué él se
mostraba tan furioso. Después de todo aquel papel no
tenía ningún valor en su país...
¿O sí? ¿Qué podía pasar si le convencía de que no había
sucedido nada? En todo caso,
siempre podía anularlo ella misma, en caso de que fuera
válido.
—¿De qué hablas? —le espetó en un tono lo más convincente
posible,
frunciendo las cejas. Él la miró exasperado.
—Anoche yo estaba en México, en Juárez... en una Lima...
Tú viniste a
buscarme, y nos casamos.
Ella abrió los ojos como platos, esperando resultar
convincente.
—¿Qué hicimos qué?
Tom estaba empezando a dudar.
—Fuimos a esa pequeña capilla que... hicieron la ceremonia
en castellano y... Nos
dieron un papel, estoy seguro.
—El único papel que yo vi anoche fue el billete de veinte
que le diste al
camarero de la cantina —contestó muy calmada, mirándolo
como si se hubiera
vuelto loco—. Y si no hubiera sido por ese peón nuevo...
Bud, me ayudó a bajarte de
la camioneta anoche, y te metió en el barracón, ahora
mismo ya no serías el
capataz de nuestro rancho, porque ya sabes lo que piensa
mi padre: del alcohol, y tú
tenías una buena encima...
—¿Estás diciéndome que me he imaginado todo — inquirió
él, mirándola con
suspicacia.
—Más bien has debido soñarlo —dijo ella—. Deberías darme
las gracias por
haberte traído de vuelta justo a tiempo —le espetó
fingiéndose ofendida.
Él pareció convencerse al fin.
—Lo siento. Debí ser una verdadera lata para ti anoche.
—La verdad es que sí —admitió ella con una media
sonrisa—, pero no pasa nada,
será nuestro secreto. Sin embargo —añadió—, como mi padre
te encuentre aquí, no
creo que se muestre muy comprensivo...
—No seas ridícula —replicó él, frunciendo el ceño, como
si la insinuación le
molestase—. Eres un chicazo, no una vampiresa.
Sí, justo lo que había dicho la noche anterior, se dijo
_______ sintiendo otra
punzada de dolor. Pero no iba a permitir que se diera cuenta
de que sus desprecios la
afectaban, no, no iba a permitirlo.
—En cualquier caso, tu coche sigue en Juárez, así que
creo que deberías ir a
recogerlo antes de que...
—______ —la interrumpió él—, tienes que dejar de
comportarte como si fueras mi
madre.
—Esta ha sido la última vez —le aseguró ella. Y lo decía
muy en serio.
Él se encogió de hombros, como si no la creyese.
—Si tú lo dices... —se dio la vuelta y fue hasta la
puerta, deteniéndose un
instante allí y girándose hacia ella—. Gracias —le dijo a
regañadientes.
— Tú habrías hecho lo mismo por mí —contestó ella.
Tom salió de su dormitorio, cerrando despacio la puerta
tras de sí, y Penélope
se dejó caer sobre la almohada con un profundo suspiro de
alivio. Casi no podía
creerlo, pero había logrado engañarlo. Tal vez por si
acaso, solo por si acaso, se dijo,
debería averiguar si el certificado era válido o no.
Capítulo 3
A ______ le llevó casi la mitad del día siguiente reunir
el valor suficiente para
llamar a un abogado y consultarle sobre la validez del certificado.
Además
queriendo ser cautelosa, prefirió no llamar al abogado
que solía aconsejar a su padre
sobre temas legales de modo que telefoneó a uno de El
Paso, dando a la secretaria
un nombre falso. Estuvo de suerte, porque según le dijo
la mujer, acababa de quedar
un hueco libre en su agenda, y le concertó una cita para
esa misma tarde. Cuando la
mujer inquirió cuál era el motivo de la visita _______ se
lo explicó a grandes rasgos:
—Bueno, verá, me he casado en una pequeña ciudad
mexicana, y quería saber si
el certificado es válido aquí en el estado de Texas,
porque... no lo es, ¿verdad?.
La secretaria se
echó a reír.
—Todo el mundo suele pensar que no son válidos, pero sí
lo son.
______ se había quedado pálida, y el corazón le estaba
latiendo con tal fuerza que
le parecía que fuera a salírsele del pecho ¿No podría
estar equivocada aquella
mujer?
¿Y si tuviera razón? Si en efecto era legalmente la
esposa de Tom Kaulitz,
había metido la pata hasta el fondo al ocultárselo,
porque al creer él que no se
habían casado, podía contraer matrimonio con Eddie, y
cometer sin saberlo delito de
bigamia. ¿Qué iba a hacer?, se preguntó desesperada. Si
se lo contaba, si admitía
haberle mentido, no volvería a tener ninguna confianza en
ella, y la odiaría por ello,
porque seguramente creería que había intentado cazarlo
con esa mentira. No
serviría de nada que le dijera que era él quien la había
inducido a hacerlo,
amenazándola con formar un escándalo. Él le respondería
que eso no tenía nada que
ver, que él había estado ebrio y ella no debería haberle
seguido el juego. Y
entonces... Dios, entonces querría saber por qué, si no
lo había hecho para cazarlo,
por qué había accedido a casarse con él. ¿Y qué le
respondería ella entonces?
¿Adivinaría Tom lo desesperadamente enamorada que estaba
de él? Le daría tanta
vergüenza que se enterara...
—¿Oiga? ¿Sigue ahí?
—Sí, sí, perdóneme.
—¿Aún quiere la cita?
—Sí, por favor, no la anule. Estaré allí esta tarde, gracias.
Adiós.
______ colgó el teléfono y hundió el rostro en sus manos.
¡La había hecho
buena! ¿Cómo podía haber sido tan estúpida? Trató de
tranquilizarse, diciéndose que
aún tenía que confirmárselo el abogado, aunque la
secretaría había parecido muy
segura.
Estaba tan preocupada, que incluso se le quemó el
almuerzo. Su padre se quedó
mirándola con el ceño fruncido cuando le colocó delante
unas piezas de pechuga de
pollo al ajillo bastante churruscadas.
— Lo siento —farfulló ella incómoda—, me despisté y se
pegó a la cazuela.
— Bueno, no pasa nada —dijo Ben—, pero la verdad es que
llevas toda la
mañana... no sé, como preocupada —observó curioso un
ligero rubor en las mejillas su
hija—. ¿Quieres hablar de ello? la joven esbozó una débil
sonrisa y meneó la cabeza.
—Gracias de todos modos, -pero su padre no apartó la
vista de ella.
—¿No tendrá algo que ver con la ausencia de T.T?
La joven se quedó mirándolo sobresaltada. ¿Lo sabía?
— Anoche, al volver, me fijé en que el coche de él no
estaba en el rancho, y me
he enterado de que esta mañana ha mandado a uno de los
hombres a por él a Juárez
—ante el silencio delator de la joven, continuó —. Anoche
estuvo bebiendo, ¿no es
así? -La joven se sintió incapaz de mentirle, pero
tampoco podía contarle toda la
verdad.
— Bueno, uno de los peones me dijo que Tom había estado
tomando allí unos
tragos, pero durante su tiempo libre ... —añadió
rápidamente — . Lo cierto es que no
estaba rompiendo ninguna de tus reglas, porque no lo hizo
cuando debía estar
trabajando. Además... solo es una vez al año —dijo
tratando de suavizarlo.
—¿Solo una vez al año? —repitió su padre frunciendo el
entrecejo.
—Sí, y por favor no me preguntes cómo lo sé, porque no
puedo decírtelo
—murmuró incómoda. Alzó la vista, y colocó una mano
insegura en el brazo su padre
—. Papá, tú sabes que le debemos. ¿Dónde estaríamos ahora
sin él?
—Lo sé, lo sé... pero, maldita sea, _______, no puedo
tener un rasero para él y
otro para los demás hombres.
—Estoy segura de que no volverá a ocurrir, papá — le dijo
ella—. Además, ni
siquiera lo has pillado bebido. Así que nadie podrá
acusarte de nada.
Ben torció el gesto ante la insistencia de su hija.
—Bueno, supongo que tienes razón, pero si alguna vez lo
pillo...—añadió
levantando un dedo amenazador.
—Lo sé, lo sé, lo echarás con caras destempladas — dijo
ella sonriendo—.
¿Quieres un poco más de puré de patatas?, al menos eso no
se me ha quemado.
Cuando estaban terminando de almorzar, _______ tomó un
sorbo de agua antes de
decidirse a hablar.
—Oye, papá, está tarde voy a acercarme a El Paso, para
recoger un paquete.
—¿Un paquete?
—Es algo que pedí por uno de esos catálogos de venta por
correo —se inventó
sobre la marcha—. Es un regalo para tu cumpleaños —era
una mentira plausible,
porque era dentro de dos semanas.
Aquello pareció convencer a su padre, que no hizo más
preguntas, y ______, tras
recoger la mesa y meter las cosas en el lavavajillas, y
subió a cambiarse para
marcharse.
Se puso una falda azul marino, una blusa blanca con
bordados, y se recogió el
cabello sobre la cabeza con una pinza. Así parecía mucho
más madura, se dijo
mirándose en el espejo. Lo único que estropeaba el efecto
general eran las pecas que
tenía en la nariz, pero eso no podía disimularlo ni con
el ligero maquillaje que se había
aplicado. Y su figura tampoco era la mejor, se lamentó
dejando escapar un gruñido
ahogado. Demasiado voluptuosa. Si pudiera estar tan
esbelta como Eddie...
Con un suspiro se calzó unos zapatos blancos con un poco
de tacón, tomó su
bolso, y bajó las escaleras. Sin embargo, el destino
quiso que se topara con Tom en el
porche delantero. Parecía cansado, y sus ropas estaban
polvorientas y manchadas de
tierra. La miró de arriba abajo.
—Branden está en los rediles —le dijo de improviso—.
Porque supongo que te
has vestido así por él, ¿me equivoco?
—Pues sí, te equivocas —replicó ella molesta—. Voy al
Paso a hacer unas
compras.
—Ya veo —murmuró él sin interés—. ¿Tendrías un minuto
antes de irte?
Tenemos que hablar.
El corazón de la joven se saltó un latido, y el pánico la
inundó cuando él la tomó
del hombro, la llevó de nuevo dentro de la casa y cerró
la puerta.
—Escucha, _______, esto tiene que acabar —le dijo
apartándose de ella.
—E.... el qué? —balbució ella.
—Que me sigas cada año, cuando me emborracho—. respondió
Tom irritado.
Se quitó el sombrero y se pasó la mano por el cabello
mojado por el sudor—. Desde
ayer no he hecho más que pensar en lo que podría haberte
pasado. Una chica sola en
Juárez... Y, como te dije, no necesitó ninguna niñera,
así que no quiero que vuelvas a
hacerlo.
—La solución es muy simple —repuso ella calmadamente—
deja de
emborracharte cada año.
Tom escrutó su rostro.
—Supongo que debería hacerlo —admitió—, porque si cada
vez que bebo me
falla de ese modo la memoria....
______ tuvo que apartar la vista para que él no se diera
cuenta de lo incómoda y
nerviosa que estaba.
-No tienes que preocuparte, Tom, tu secreto está a salvo
conmigo —le dijo, y
sonrió.
Él pareció relajarse un poco al fin.
—Está bien, trato, anda, ve a hacer tus compras.
Sin embargo, tras decirle eso, sus ojos volvieron a
recorrer el cuerpo de
_______ en un lento barrido que hizo que a la joven le
temblaran las rodillas.
—¿Qué ocurre? —inquirió con voz ronca.
Tom la miró a los ojos.
—No, nada, es solo que, estoy tan acostumbrado a verte
vestida como un
vaquero, que a veces me olvido de que tienes piernas... y
unas piernas muy bonitas,
por cierto —dijo bajando la mirada hacia ellas y
sonriendo de un modo picaro.
—Mis piernas no son asunto tuyo, T.T. —le espetó la
joven, sonrojándose.
Aquello no pareció hacerle gracia al capataz, como le
indicó la dura mirada que
le lanzó.
—¿Porque pertenecen a ese veterinario pelirrojo? Por
mucho que niegues lo
vuestro, él actúa más como un amante que como un amigo.
Además, tampoco creas
que me iba a escandalizar porque lo admitas. Como siempre
me estás recordando, ya
tienes veintidós años, y las chicas en esta época no
llevan precisamente vida de
monjas. Ningún hombre espera ya que su esposa sea virgen
cuando se casan.
A la mención de la palabra «esposa», _______ se sintió
palidecer, pero no podía
permitir que él viera lo nerviosa que estaba.
—Pues sí, es verdad, las chicas de hoy estamos liberadas,
y hacemos lo que nos
viene en gana. Y si quiero acostarme con un hombre, es
cosa mía.
Los ojos de Tom relampagueaban.
—¿Y tu padre está de acuerdo con esa actitud tuya?
—Lo que mi padre ignora no puede hacerle daño — dijo ella
incómoda por la
espiral de mentiras en las que ella misma se estaba
metiendo—. Tengo que irme, Tom.
—Dios... —masculló él mirándola con desprecio—. Y pensar
que yo creía que
eras una mosquita muerta.
Aquello le dolió profundamente a la joven.
—¿Y tú qué? No creo que Eddie y tú os vayáis a jugar al bingo
cuando quedáis.
Así que no pretendas darme lecciones de moral —le espetó.
— Yo soy un hombre, ______ —replicó él sin alterarse.
Ella alzó el rostro
desafiante.
—¿Y qué? ¿Es que eso te da derecho para acostarte con
quien te plazca y en
cambio las mujeres tienen que ser castas y puras? Si
queréis que lo seamos, probad
a serlo vosotros antes.
—Dudo que encuentres a un hombre virgen en muchos
kilómetros a la redonda
—le dijo él burlón, echándose a reír—. Bueno, y si no te
has vestido así por tu
veterinario, ¿por qué lo has hecho?
—No me he vestido de ningún modo, solo son una falda y
una blusa.
—!No como te quedan a ti, nena —murmuró él enfatizando
sus palabras con
otro barrido visual.
Él corazón de _______ latía como un loco, y de pronto se
dio cuenta de que su
respiración se había tornado entrecortada, y de que
estaba clavando las uñas en el
cuero del bolso de mano que llevaba.
Tom se acercó un poco a ella, lo justo para que ella se
turbara por el calor
de su cuerpo y la proximidad. Era bastante más alto que
ella, así que la joven tuvo
que alzar el rostro para mirarlo a los ojos. Tom había
alzado la mano y estaba
acariciándole la mejilla con una suavidad musitada.
—Y yo que creía que eras una chica totalmente inocente
—dijo con voz ronca.
La joven sentía que estaba ahogándose en la profundidad
su mirada. Sus ojos
descendieron, como hipnotizados hacia los labios de Tom,
deseándolos con una
ansia que la sobrecogía. De pronto se le ocurrió que si
se acostaran no habría nada
de malo en ello, porque, si la secretaria del abogado
estaba en lo cierto, eran
marido y mujer. ¿Y si lo sedujera? La deliciosa idea hizo
que contuviera el aliento en
su pecho.
Pero entonces, las imágenes que estaban surgiendo en su
mente se vieron rotas
por el pensamiento de lo que ocurriría si hicieran el
amor: él se daría cuenta por sus
reacciones de que no tenía ninguna experiencia en
absoluto, como le había dado a
entender por despecho. Además había oído que la primera
vez dolía, y eso también
la hizo echarse atrás. Y él tampoco sabía que estaban
casados, y podían surgir toda
clase de complicaciones. No, se dijo, ni siquiera tendría
el consuelo de hacer el amor
con él una vez. Tendría que mantenerlo a raya hasta que
hubiera decidido cómo iba a
contarle la verdad, y qué hacer para solucionar las
cosas.
Se apartó de él, y esbozó una sonrisa.
—Tengo que irme —repitió con voz queda—. Te veré luego.
Tom farfulló algo, pero le abrió la puerta, y se quedó
observando cómo se
alejaba. «Maldita sea», se dijo el vaquero. Le molestaba
el modo en que las curvas de
la chica estaban empezando a afectarlo, darse cuenta de
que la deseaba, pero, sobre
todo, el enterarse de que no era virgen. Aquello lo había
puesto furioso. No quería
que ningún otro hombre la tocara, y el veterinario menos
que nadie. Ella siempre
había estado cuidando de él, desde que llegara al rancho,
y él había empezado a
sentirse tan posesivo hacia ella como un viñatero por su
mejor cosecha. Hasta
entonces había pensado que era pura y virginal, y por eso
jamás se había acercado a
ella, sintiéndose culpable por sus deseos lujuriosos cada
vez que la veía, y en ese
momento se sentía como un idiota. Sin embargo, resultaba
extraño que se sonrojara
de ese modo cuando la miraba... Tal vez no fuera tan
experimentada como quería
haberle dado a entender, a pesar de las atenciones del
veterinario.
Tom entornó los ojos. Sí, Brandon era muy joven, y no
podía tener la misma
experiencia que él, así que aquello le daba cierta
ventaja. Salió al porche, encendió
un cigarrillo, y se lo llevó a los labios sonriendo
divertido mientras veía a _______
alejarse en el viejo Lincoln de su padre.
La oficina del abogado estaba junto a un centro comercial
que había sido
abierto recientemente en las afueras de la ciudad. Tras
aparcar el coche, se detuvo
un momento frente al edificio, para inspirar
profundamente. Se temía que aquello no
iba a ser muy agradable.
Cuando estuvo sentada en el despacho del abogado, sacó el
documentó de su
bolso y se lo enseñó. El hombre se tomó su tiempo para
examinarlo. Era bilingüe, así
que toda la palabrería en castellano que _______ no había
entendido, era perfectamente
comprensible para él.
—Es legal, se lo aseguro —murmuró devolviéndoselo—
felicidades —añadió con
una sonrisa, ¿Felicidades? ______ contrajo el rostro
angustiada.
—Es que... él no sabe que estamos casados —farfulló
explicándole lo sucedido—.
¿No le resta validez eso, el que estuviera borracho?
—Me temo que, si estaba lo suficientemente sobrio para
consentir al
matrimonio y escribir su firma, el documento sigue siendo
perfectamente legal.
—Entonces quiero una anulación —se apresuró a decir
_______ —. ¿Puede anularlo,
no?
—Sin problemas —dijo el hombre, sonriendo—. Solo tiene
que venir aquí con
él y firmar los dos unos papeles que...
—¿Él tiene que enterarse? —inquirió ella mortificada.
—En.. me temo que sí —contestó el letrado—. Aunque no
recuerde lo ocurrido,
no puede disolverse el matrimonio sin el consentimiento
de las dos partes.
_______ hundió el rostro en sus manos.
—¡Pero no puedo decírselo, ¡no puedo!
—Tendrá que hacerlo —repuso el abogado con firmeza —.
Podría haber toda
una serie de complicaciones legales si no lo hace.
Además, si él es un hombre
razonable seguro, que lo entenderá —dijo tratando de
animarla.
Pero Pepi meneó la cabeza.
—Ese es el problema, que no es nada razonable— dijo con
un profundo
suspiro—. Pero supongo que tiene razón, no hay más
remedio que decírselo, y lo haré
— le aseguró levantándose y estrechándole la mano Solo
que no dijo cuándo.
De regreso al rancho, ______ se reprochó mentalmente
durante todo el trayecto
por no haberle dado a Tom el certificado cuando se lo
pidió. Ella solo había querido
ahorrarle la vergüenza de haber hecho algo así estando
ebrio, no había pensado en
los problemas que podía causarle. Además, el pensamiento
de ser su esposa, aunque
solo fuera sobre el papel, era una fantasía tan dulce que
no había podido resistirse.
Y en ese momento, de pronto, se encontraba acorralada por
la cruda realidad legal,
por su irresponsabilidad, y no sabía cómo iba a hacer
para salir del lío en que se
había metido.
En un principio, optó por evitar a Tom hasta que
decidiera de qué forma iba a
explicárselo, y no fue muy difícil, porque estaban en una
época del año en que los
hombres del rancho tenían mucho trabajo, y apenas si lo
veía. Además, pasaba todo
su tiempo libre con Brandon, deseando en secreto que
sintiera por él algo de la
mitad de fuerte de lo que sentía por Tom, porque Brandon
era tan divertido, y tan
comprensivo... Lástima que no hubiera la menor chispa de
deseo entre ellos.
—No me gusta que pases tanto tiempo con Hale — le dijo su
padre un día
durante la cena.
— Vamos, vamos —dijo ella chasqueando la lengua burlona—,
lo dices porque
últimamente siempre te toca compartir con él tu pastel de
manzana.
Ben Mathews torció el gesto y suspiró.
—No, no tiene nada que ver con eso. Lo que pasa es que me
gustaría que
tuvieras un matrimonio feliz, _______, como el que
tuvimos tu madre y yo. Hale es un
buen chico, pero es demasiado dócil. Con tu carácter, lo
tendrías comiendo de la
palma de tu mano desde que pisarais el altar. No,
necesitas a un hombre que no haga
siempre lo que tú quieras, un hombre a quien no puedas
dominar.
A _______ solo se le ocurrió un hombre semejante, y en
ese instante se
sonrojó y apartó la vista.
—El hombre en el que estás pensando ya tiene su corazón
ocupado —repuso
con frialdad.
Los ojos de Ben Mathews escrutaron el rostro de su hija.
—_______ creo que tienes una edad más que suficiente como
para comprender lo
que los hombres ven en las mujeres como Eddie. Tom no es
distinto, y tiene... bueno
las necesidades propias de un hombre.
—Lo que haga con Eddie es asunto suyo —replicó ella
contrayendo el rostro
irritada.
Su padre se quedó en silencio un buen rato, fumando su
pipa.
—Es un hombre misterioso, sin duda —murmuró— Cuando llegó
aquí parecía
haber salido de la nada. De hecho, al día de hoy he sido
incapaz de averiguar nada
sobre él. Sin embargo, de vez en cuando he observado detalles
que no me han pasado
desapercibidos. Se nota que es un hombre que ha conocido
el lujo y que debió
gozar de una buena posición social. A veces me hace
sentirme como un principiante
en mi propio negocio, es bueno, muy bueno en la
administración del rancho.
—Está bien, me rindo, me rindo —dijo _______ levantando
las manos para que
parara. ¿Qué pensaba? que no se había dado cuenta ya de
lo maravilloso que era? Lo
único que le faltaba era que su padre le recitara sus
excelencias.
—Lo siento. Supongo que en el fondo no debería meterme en
tus decisiones. Si
te gusta Brandon, adelante.
—Gracias papá, pero el que salga con él no significa
nada. Soy muy joven, y
quiero divertirme, salir por ahí. Por cierto, hablando de
divertirse: el viernes por la
noche va a llevarme a bailar. ¿No te enfadarás por eso
verdad?
Su padre no parecía muy contento, pero no se lo hizo ver.
—No, claro que no. Siempre y cuando no te olvides de que
el sábado es mi
cumpleaños y que prometiste que haríamos algo juntos —le
dijo con una sonrisa.
— ¡Cómo si pudiera olvidarme! —se rio ______ —, ¿Cuántos
van ya... treinta y
nueve? —dijo para picarlo.
—Muy graciosa. Anda, córtame ya un pedazo de ese pastel.
_______ trató de no pensar en Tom durante el resto de la
semana, pero el
viernes por la tarde lo vio pasar a caballo, yendo de un
redil a otro. La verdad era
que estaba guapísimo sobre una silla de montar, se dijo
la joven soñadora. Parecía
que hubiese nacido sabiendo montar. Incluso a galope
tendido se mantenía grácil
sobre la silla. Lo había visto domar caballos varias
veces, y aunque nunca se
mostraba duro con ellos, cuando estaba a lomos de uno,
les dejaba muy claro quién
era el amo. Cuando domaba a uno de los nuevos caballos,
su rostro se endurecía por
el esfuerzo, los ojos le brillaban, y una sonrisa de
satisfacción se dibujaba en sus
labios, cuando al fin conseguía someter al animal.
Se preguntó si Tom sería así en la cama, como cuando
domaba un caballo, si
sus ojos brillarían del mismo modo, si sonreiría con la
misma satisfacción al llevar a
una mujer al éxtasis bajo su fuerte cuerpo sudoroso...
La joven se sonrojó, y miró avergonzada en torno a sí.
Era una suerte que no
hubiera nadie por allí, nadie que la hubiera visto.
Corrió a la casa y subió a su cuarto
para vestirse para su cita con Brandon. Fueron a un
restaurante en el centro de la
ciudad de El Paso, que era famoso por sus vistas de la
ciudad, ya que se encontraba
en la planta número catorce de un lujoso hotel.
—¡Qué maravilla! —exclamó ______, maravillada, observando
las luces de la ciudad,
con las montañas de fondo. — Es una vista preciosa.
—No tanto como lo estás tú esta noche —le dijo Brandon
sacándola de su
ensoñación, y mirándola embelesado. ______ se había
puesto un vestido de cóctel,
sencillo pero muy elegante.
—¿Qué les gustaría beber? —los interrumpió el camarero
apareciendo en ese
instante.
—Vino blanco, por favor —contestó ______.
—Yo tomaré lo mismo —añadió el veterinario.
La camarera se marchó, y Brandon se inclinó sobre la
mesa, tomando las manos
de la joven en las suyas, y mirándola amorosamente.
—¿Por qué no te casas conmigo, _______? — murmuró -¿ No
tendrá que ver con el
hecho de que me paso todo el día entre animales? —le dijo
haciéndola reír.
La joven sacudió la cabeza.
—Me encantan los animales, Brandon, pero aún no me siento
preparada para el
matrimonio —de pronto recordó que «ya» estaba casada, y
se sintió algo culpable
de estar allí con Brandon, cuando estaba legalmente unida
a otro hombre... aunque el
hombre en cuestión no lo supiera. Al menos aquello la
hizo sentirse un poco mejor.
—Ya tienes veintidós años —insistió Brandon sin darse por
vencido—. No
puedes esperar eternamente.
—Pero es que ni siquiera he decidido qué quiero hacer con
mi vida —protestó
ella. Lo cierto era que ni siquiera tenía un título
universitario, porque, después de
graduarse en el instituto, su padre había requerido su
ayuda en el rancho—. ¿Sabes?
He estado pensando que me gustan bastante los números, y
tal vez podría hacer un
curso de contabilidad o algo así.
—Excelente —aprobó él sonriente—. Así podrías trabajar
para mí, porque
necesito desesperadamente un contable.
—Me temo que mi padre también —repuso ella encogiéndose
de hombros—. Ya
sabes lo terrible que es el que tenemos ahora, Jack
Berry.
—En fin, ¿qué le vamos a...? ¡Caray, vaya vestido!—dijo
de pronto el veterinario,
dejando escapar un largo silbido admirativo.
______ giró la cabeza en la dirección en la que Brandon
estaba mirando, y lo que
vio hizo que se quedará, de piedra: Eddie entraba en ese
momento por la puerta
acompañada de Tom, y llevaba puesto un vestido azul muy
ceñido, con un considerable
escote, los hombros descubiertos, y una enorme abertura
en la falda. Tom parecía
cansado, harto sin duda de la semana y ______ bajó la
vista rápidamente, rogando por
que no la viera. Sin embargo, sí debió verla, porque se
quedó allí de pie un buen rato,
antes de seguir al camarero que los condujo a una mesa en
el otro extremo del
comedor. _______ sonrió a Brandon, tratando de disimular
su inquietud. Pero el
veterinario ya se había percatado de que ocurría algo.
—¿No le has dicho a tu padre que te traía a cenar y a
bailar? —inquirió
enarcando una ceja—. Tom se te ha quedado mirando de un
modo que...
—No, probablemente le ha sorprendido verme aquí, eso es
todo —dijo ella,
queriendo quitar hierro al asunto.
Al cabo de un rato regresó la camarera con sus bebidas y
les dejó un par de
cartas. ______ suspiró aliviada, por tener algún motivo para
no mirar en dirección a Tom.
Con suerte estaba demasiado ocupado con Eddie como para
acercarse a donde
estaban.
HOLA!! BUENO AQUI ESTAN LOS CAPS .. YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA ... HASTA LUEGO :))
Sube pronto *.*
ResponderEliminar:O Huyy se casaron, espero que en los próximos caps Tom se entere de que esta casado con ella jajaja ya me imagino su reacción, muero xq llegue ese momento.. me encanto virgi espero los próximos caps
ResponderEliminarSubeeee
ResponderEliminarSubee virgi
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