sábado, 21 de mayo de 2016

2 Y 3

CAPITULO 2
Brandon Hale, el veterinario que se encargaba del ganado del rancho
Mathews, era un joven pelirrojo y muy divertido. ______ sentía una gran simpatía por
el y, probablemente, si su corazón no se hubiera prendado a T.T habría acabado
casándose un día con él. Justo en el momento en que _______ y su padre estaban a punto
de sentarse a la mesa, Brandon entró por la puerta de la cocina.
—¡Vaya!, ¡pastel de manzana! —exclamó al ver el delicioso postre que _______
había preparado—. Hola, señor Mathews, ¿cómo está?
—Hambriento —respondió el viejo Ben—, así que no te hagas ilusiones: ese
pastel es todo mío, y no pienso compartirlo.
—No le conviene ser tacaño, señor Mathews —dijo el joven con picardía—.
¿Qué otro veterinario vendría a estas horas para hacerle la revisión a sus terneros
nuevos, para tratar a su toro enfermo, y para poner todas esas vacunas? Están
todos ocupados en los demás ranchos de la zona, y tendría que pagarles el doble.
—Oh, maldita sea, está bien —claudicó el padre de ______—. Vamos, siéntate —le
dijo señalándole la silla a su lado—. Pero que sepas —le advirtió levantando el
índice— que si sigues viniendo aquí por las noches sin un motivo de peso, tendrás que
casarte con mi hija.
—Encantado —respondió el joven con descaro, guiñándole un ojo a ella—. Fija
tú la fecha, _______.
—El seis de julio... dentro de veinte años —respondió ella riéndose
despreocupada—. Me gustaría vivir un poco antes de casarme.
—¿Y qué has estado haciendo estos veintidós años?—le espetó su padre
frunciendo los labios—. Quiero nietos, _______.
—Claro, como no eres tú el que los tiene que traer al mundo... —le contestó
ella.
Cuando hubieron terminado de cenar, Brandon y su padre se pusieron en pie
para ir a ver al toro enfermo.
—No suelo trabajar por las noches si puedo evitarlo— le dijo el veterinario a la
joven antes de salir por la puerta, con una mirada seductora—, pero por un pastel de
manzana como ese, sería capaz de venir a asistir a una vaca en un parto a las tres de
la mañana.
—En ese caso lo recordaré —dijo ella sonriendo divertida.
—Eres un encanto, _______ —le dijo él de repente—, y si quieres proponerme
matrimonio... adelante, te prometo que no me haré de rogar demasiado.
— Vaya, muchas gracias —dijo ella echándose a reír—. Te pondré en mi larga
lista de pretendientes.
Brandon se rio también.
—¿Te apetecería venir a ver una película el viernes por la noche? Podríamos ir
a El Paso y cenar allí antes del cine.
—Estupendo —asintió la joven al instante.
Brandon era una compañía muy agradable, y ella necesitaba alejarse del rancho,
y de T.T., unas horas.
Brandon le dirigió una sonrisa y salió de la casa. Ben estaba esperándolo
impaciente en medio del patio trasero.
—Seguramente no terminaré antes de medianoche—voceó el ranchero a su
hija—, porque después de ver a ese toro quiero ir a revisar los libros de cuentas con
Berry, así que no me esperes levantada.
—De acuerdo, que te diviertas —voceó ella. Era una broma entre los dos, ya
que Jack Berry, el hombre que le llevaba los libros de contabilidad a su padre, era
increíblemente desastroso. Padre e hija habían hablado varias veces de contratar a
una persona cualificada, pero Ben sentía cierta lástima por Berry, quien llevaba
muchos años trabajando en el rancho para él, y a quien había encomendado esa tarea
porque sus achaques ya le impedían hacer las demás labores. El buen corazón de su
padre era la razón de que el rancho hubiera estado al borde de la quiebra, y sin la
inestimable ayuda de T.T., sin duda habrían tenido que venderlo.
T.T.... _______ casi se había olvidado de él. La verdad era que no parecía estar muy
borracho cuando lo había encontrado en el barracón, y aquello era algo inusual,
porque esa borrachera anual solía ser de lo más sonada. Lo mejor sería que fuese a
ver cómo estaba antes de que su padre regresara.
Se puso de nuevo la chaqueta y los guantes y salió de la casa. Cuando llegó al
barracón, se encontró allí a tres de los peones nuevos, pero no parecía haber rastro
de T.T.
—Lo siento, no puedo decirle dónde fue porque él mismo no nos dijo nada
cuando le preguntamos, señorita Mathews —se excusó uno de ellos — , pero por la
dirección en la que se fue, yo diría que iba a Juárez.
—Oh, Dios... —suspiró la joven—. ¿Se llevó la camioneta, o su coche?
—Su coche, ese viejo Ford.
—Gracias.
Era una suerte que se hubiera sacado el carnet de conducir el año anterior, se
dijo _______ mientras arrancaba la camioneta para ir en su busca. Al llegar al control
fronterizo, le preguntó a uno de los guardas si habían dejado pasar a un Ford blanco,
y el hombre, tras dudar un momento, le contestó que sí. La joven le dio las gracias y
cruzó al otro lado, y entró en la pequeña localidad mexicana de Juárez, donde estuvo
dando vueltas, hasta que vio aparcado el coche de T.T. junto a una acera. Aparcó al
lado y se bajó.
Estaba un poco nerviosa porque no estaba acostumbrada a salir de noche, y
porque estaba segura de que el local donde hallaría al capataz no sería de los más
recomendables para una chica sola que ni siquiera hablaba castellano. Además, le
preocupaba que su padre entrara en su dormitorio y se encontrara con que no estaba
en la cama. La puerta cerrada tal vez lo disuadiera, y si la llamaba pensaría que
estaba dormida al no recibir respuesta, pero si se daba cuenta de que no estaba la
camioneta, empezaría a sospechar. Cruzó los dedos porque eso no ocurriera. No
quería que despidiera a T.T.
A una manzana de allí encontró una cantina, pero no estaba allí. Deambuló por
las calles, entrando en los bares, y en uno de ellos, estuvo a punto de verse mezclada
en un jaleo, cuando un tipo empezó a molestarla y otro salió en su defensa.
Finalmente, sintiéndose derrotada y aún más preocupada, decidió regresar a casa,
pero justo cuando caminaba hacia donde había dejada aparcada la camioneta, vio por
la puerta abierta de la primera cantina a la que se había asomado a T.T. sentado en
una mesa al fondo.
Entró y se dirigió rápidamente hacia él, pero cuando el capataz la vio, lejos de
alegrarse, soltó un improperio, como si le fastidiase su insistencia. ______ lo miró
insegura. Había una mirada fría y peligrosa en sus ojos, y no le pareció que fuera a
mostrarse tan dócil como horas atrás.
—Hola —murmuró la joven, cautelosa.
—Si has venido para llevarme de vuelta, olvídalo -le espetó él, mirándola con
ojos inyectados en sangre. Había una botella medio vacía de tequila sobre la mesa, y
un vaso vacío junto a ella—. No voy a ir contigo como un niño obediente.
—De acuerdo, pero aquí dentro hace calor —improvisó ella—. ¿Por qué no
salimos fuera? Un poco de aire fresco te vendría bien.
—¿Eso crees? —le espetó T.T., riéndose con sarcasmo—. Estoy tan borracho
que podría caerme redondo por ahí en medio. ¿Qué harías entonces? Oh, claro,
olvido que eres un marimacho y montas a caballo y todo eso... Probablemente me
cargarías sobre tus hombros y me arrastrarías hasta la frontera.
_______ sintió una punzada de dolor en el pecho. Tal vez era esa la opinión que
tenía de ella, que era poco femenina, un chicazo, pero a pesar de todo esbozó una
sonrisa para que no creyera que la había herido.
—Podría intentarlo.
Él le lanzó una mirada desinteresada, como si lo aburriera.
—Mírate, esos pantalones vaqueros y esa camisa de cuadros, como si fueras un
vaquero. Siempre te vistes igual que un hombre. ¿Seguro que hay un cuerpo de mujer
ahí debajo? ¿Tienes piernas, o pechos?
—Tienes razón, estás demasiado borracho. Apuesto a que no puedes dar ni un
paso —le respondió ella, ignorando sus puyas. Los camareros que atendían la barra
estaban mirándolos con curiosidad. Tal vez así, picándolo, conseguiría sacarlo de allí.
—Por supuesto que puedo, niñata —le espetó él enfadado.
—Pues demuéstralo —lo desafió _______—. Vamos, veamos si eres capaz de llegar
a la puerta sin darte de bruces contra el suelo.
T.T. masculló una ristra de improperios y se puso en pie, tambaleándose un poco.
Sacó un billete de veinte del bolsillo y lo colocó sobre la barra.
—Quédese el cambio —le dijo al camarero.
______ se felicitó por su brillante argucia mientras lo veía salir zigzagueando a la
calle. T.T. se dio la vuelta y se quedó mirándola.
—Pensé que querías que diésemos un paseo —le dijo frunciendo el ceño, al ver
que se había parado frente a la puerta de la cantina.
—Sí, sí —se apresuró a asentir ella, para que no volviera a entrar en algún
tugurio.
—Pues entonces ven aquí, cariño —farfulló él extendiendo el brazo hacia ella—.
No querría que te perdieras.
_______ sabía que era el alcohol lo que lo hacía hablar así, y lo que le hizo
rodearle los hombros con el brazo, pero aun así no pudo evitar que su corazón
palpitara con fuerza. La joven trató de llevarlo hacia la camioneta, pero él los hizo
desviarse de ese rumbo.
—Eres tan dulce... No quiero ir a casa, _______. Vamos a pasear, hace una noche
deliciosa.
—T.T., esta parte de la ciudad no es muy segura — repuso ella con suavidad.
—Mi nombre... es Tom —dijo él bruscamente.
La joven se quedó algo sorprendida, como si no hubiera esperado que hubiera
un nombre real tras las dos iniciales. Esbozó una sonrisa.
—Me gusta.
—Y el tuyo es _______ Marie —añadió T.T. riéndose a carcajadas—. _______
Marie Mathews.
—Sí —musitó ella. No había imaginado que el capataz conociera su nombre
completo. En cierto modo resultaba halagador..
—Imagina que cambiamos ese apellido por Kaulitz —sugirió él de sopetón —.
Sí, ¿por qué no? Después de todo siempre estás cuidando de mí, _______ Marie
Mathews, así que, ¿por qué no te casas conmigo y sigues haciéndolo?
Ella se había quedado de piedra, y sin habla, pero él no pareció darse cuenta.
Estaba mirando en torno a ellos, como si buscara algo.
—Aja, lo sabía. Mira, allí hay una de esas capillas que están abiertas toda la
noche. Vamos.
— ¡T.T., no podemos hacer eso!
Él parpadeó ante la expresión horrorizada en el rostro de ella.
— Pues claro que podemos. Vamos, cariño, no hace falta papeles, ni nada.
La joven se mordió el labio inferior. No podía dejarle hacer aquello, se dijo
notando que el pánico se apoderaba de ella. Cuando se le pasara la borrachera y
recordara lo que habían hecho, la mataría. Aunque tal vez los matrimonios
mexicanos no tuvieran validez en los Estados Unidos... Había soñado tanto tiempo
con ser su esposa. ¿Qué significaba un papel? ¡No! No podía hacerle eso.
—T.T., escucha, no... —comenzó.
—Si no te casas conmigo —la amenazó él señalándola con el índice y
tambaleándose—, entraré de nuevo al bar y empezaré a pegar tiros, y vendrá la
policía y me meterán en la cárcel. Lo digo en serio.
Aun borracho como estaba, la joven no se atrevió a poner en duda esa amenaza.
Sabía que tenía una pequeña pistola, y no podía estar segura de si la llevaba encima
no. Además, se dijo, nadie los casaría viéndolo a él tan ebrio, así que claudicó.
Tom la arrastró hasta la capilla. El mexicano que había allí apenas hablaba
inglés, para desgracia de ______, lo que, por mucho que trataba de explicarle la
situación, el hombre no daba muestras de entender. Tom, que hablaba el castellano
con fluidez, la cortó, diciéndole al tipo algo con una sonrisa socarrona. El mexicano
se rio, entró a un cuartillo, y regresó con una biblia, y acompañado de dos mujeres.
Echó una parrafada de la que _______ no entendió nada, excepto cuando le dijo que
debía contestar que sí. La joven miró al capataz un momento, dudando, pero
finalmente volvió el rostro y dio el sí contrayendo el rostro. Tom hizo otro tanto, y el
mexicano dijo algo sonriente, y de pronto _______ se encontró siendo abrazada y
besada por las dos mujeres. Tom garabateó su nombre en un papel que el mexicano
le tendió, y cruzó unas cuantas frases más en castellano con él, mientras el tipo
escribía algo también y hacía firmar a _______, que tras dudar un instante, acabó
haciéndolo ante la insistencia de Tom.
— Ya está —dijo este mirándola con una amplia sonrisa—. Ya está. Dame un
beso, mujer.
Extendió sus brazos hacia ella, inspirando profundamente, y cayó de bruces al
suelo cuan largo era.
A _______ le costó mucho hacer entender al mexicano que tenía un vehículo allí
cerca y que si podían ayudarla a llevar a Tom, pero al fin logró hacerse entender, y el
hombre desapareció un momento, regresando con dos tipos muy desaliñados, que
levantaron a Tom como si fuera un saco de pienso y lo llevaron hasta el lugar
donde ella había aparcado la camioneta. _______ les indicó por señas que lo subieran a
ella, y cuando lo hubieron hecho les dio un par de dólares. Los hombres, para su
sorpresa, le dieron a entender que no era necesario que les pagara, riéndose entre
ellos y señalando la vieja camioneta, que se caía a pedazos, y se marcharon. ______ se
metió el papel en el bolsillo, se sentó al volante y arrancó. Cuando llegó al rancho no
era muy tarde, y pudo comprobar que el Jeep de su padre aún no estaba allí.
«Gracias a Dios», pensó suspirando aliviada, Condujo hasta llegar al barracón, y
detuvo la camioneta delante. El barracón estaba a oscuras. Seguramente los
hombres estarían durmiendo. Tendría que despertarlos, Tom no podía pasar la noche
en la camioneta. Llamó a la puerta, y Bud, el peón con el que hablara antes, fue a
abrir.
—Necesito un favor —le susurró—. Tengo a T.T. en la camioneta. ¿Podrías
ayudarme a meterlo en el barracón antes de que vuelva mi padre?
—¿Tiene al jefe ahí? —farfulló Bud guiñando los ojos y mirando el vehículo—.
¿Qué le ha ocurrido?
—Está como una cuba —contestó ella.
—Diablos, nunca pensé que fuera de los que beben —dijo el peón frotándose la
coronilla.
—Bueno, normalmente no lo hace —lo defendió ella sin querer entrar en
detalles—. Es que ha tenido un mal día. ¿Podrías ayudarme, Bud? Pesa bastante.
—No se preocupe, señorita Mathews —dijo él siguiéndola y dejando la puerta
del barracón abierta.
_______ abrió la puerta de la camioneta y, al hacerlo, el cuerpo de Tom se
desmoronó, pues se había quedado dormido apoyado contra la ventanilla, pero Bud lo
agarró antes de que cayera al suelo, y lo echó sobre su hombro. Tom ni siquiera se
despertó, sino que siguió roncando ruidosamente.
—Muchas gracias, Bud —le dijo ________ sonriéndole.
—No hay de qué, señorita. Buenas noches.
_______ volvió a montarse en la camioneta, y vio como Bud entraba cargando
con Tom en el barracón y cerraba la puerta tras de sí. La joven suspiró, y se dirigió
hacia la casa.
Cuando entró, su padre aún no había llegado, y subió a su dormitorio aliviada de
que no fuera a enterarse de lo ocurrido. Sin embargo, cuando se estaba desvistiendo
para ponerse el camisón, se le cayó el papel del bolsillo. La joven se agachó para
recogerlo y lo desdobló. En él figuraban su nombre y el de Tom Cade Kaulitz,
pero aparte de eso no entendía nada más. Tenía desde luego todo el aspecto de un
certificado de matrimonio, y le habían puesto un sello que verdaderamente parecía
oficial. Suerte que solo fuese un trozo de papel sin validez, se dijo. Lo volvió a mirar,
y lo dobló con cuidado. No iba a tirarlo, ni hablar. Lo guardaría como un recuerdo,
soñando con lo feliz que habría sido si hubiese sido un certificado de verdad, y se
hubieran casado por amor. Suspiró de nuevo.
Guardó el papel doblado en un cajón de la cómoda, y se metió en la cama.
«Pobre hombre», se dijo, «tal vez ahora sus fantasmas lo dejen descansar un poco».
A la mañana siguiente la despertaron unos golpes en la puerta de su dormitorio.
—¿Qué ocurre, papá? —preguntó acurrucándose bajo la colcha y ahogando un
bostezo.
—Sabes muy bien lo que pasa—respondió una voz muy masculina, que no era la
de Ben Mathews.
¡Tom! Apenas se había incorporado en la cama, él entró en la habitación, sin
esperar a que le diera su permiso. El camisón que tenía puesto la joven era casi
transparente, y el escote bastante pronunciado, por lo que Tom le echó un buen
vistazo antes de que ella pudiera taparse hasta la garganta.
—¿Qué demonios crees que haces? —le gritó ______ fuera de sí.
—¿Dónde está? —rugió él lanzándole una mirada furibunda.
—¿Dónde está qué?
— No te hagas la inocente —le espetó él —. Me acuerdo de todo lo que ocurrió
anoche, y no voy a cometer esa clase de error contigo, _______. Ya es bastante con
que me hagas de niñera, como para encima seguir casado contigo ahora que estoy
sobrio. El certificado de matrimonio, ¿dónde está? —su tono era impaciente.
Aquella era una oportunidad de oro, se dijo la joven, una oportunidad para
salvar el orgullo de él, para evitarse tener que darle una embarazosa explicación
acerca de por qué había aceptado casarse con él en aquella capilla mexicana.
«Tranquila, no pierdas la calma », se dijo. Además, no entendía por qué él se
mostraba tan furioso. Después de todo aquel papel no tenía ningún valor en su país...
¿O sí? ¿Qué podía pasar si le convencía de que no había sucedido nada? En todo caso,
siempre podía anularlo ella misma, en caso de que fuera válido.
—¿De qué hablas? —le espetó en un tono lo más convincente posible,
frunciendo las cejas. Él la miró exasperado.
—Anoche yo estaba en México, en Juárez... en una Lima... Tú viniste a
buscarme, y nos casamos.
Ella abrió los ojos como platos, esperando resultar convincente.
—¿Qué hicimos qué?
Tom estaba empezando a dudar.
—Fuimos a esa pequeña capilla que... hicieron la ceremonia en castellano y... Nos
dieron un papel, estoy seguro.
—El único papel que yo vi anoche fue el billete de veinte que le diste al
camarero de la cantina —contestó muy calmada, mirándolo como si se hubiera
vuelto loco—. Y si no hubiera sido por ese peón nuevo... Bud, me ayudó a bajarte de
la camioneta anoche, y te metió en el barracón, ahora mismo ya no serías el
capataz de nuestro rancho, porque ya sabes lo que piensa mi padre: del alcohol, y tú
tenías una buena encima...
—¿Estás diciéndome que me he imaginado todo — inquirió él, mirándola con
suspicacia.
—Más bien has debido soñarlo —dijo ella—. Deberías darme las gracias por
haberte traído de vuelta justo a tiempo —le espetó fingiéndose ofendida.
Él pareció convencerse al fin.
—Lo siento. Debí ser una verdadera lata para ti anoche.
—La verdad es que sí —admitió ella con una media sonrisa—, pero no pasa nada,
será nuestro secreto. Sin embargo —añadió—, como mi padre te encuentre aquí, no
creo que se muestre muy comprensivo...
—No seas ridícula —replicó él, frunciendo el ceño, como si la insinuación le
molestase—. Eres un chicazo, no una vampiresa.
Sí, justo lo que había dicho la noche anterior, se dijo _______ sintiendo otra
punzada de dolor. Pero no iba a permitir que se diera cuenta de que sus desprecios la
afectaban, no, no iba a permitirlo.
—En cualquier caso, tu coche sigue en Juárez, así que creo que deberías ir a
recogerlo antes de que...
—______ —la interrumpió él—, tienes que dejar de comportarte como si fueras mi
madre.
—Esta ha sido la última vez —le aseguró ella. Y lo decía muy en serio.
Él se encogió de hombros, como si no la creyese.
—Si tú lo dices... —se dio la vuelta y fue hasta la puerta, deteniéndose un
instante allí y girándose hacia ella—. Gracias —le dijo a regañadientes.
— Tú habrías hecho lo mismo por mí —contestó ella.
Tom salió de su dormitorio, cerrando despacio la puerta tras de sí, y Penélope
se dejó caer sobre la almohada con un profundo suspiro de alivio. Casi no podía
creerlo, pero había logrado engañarlo. Tal vez por si acaso, solo por si acaso, se dijo,
debería averiguar si el certificado era válido o no.

Capítulo 3
A ______ le llevó casi la mitad del día siguiente reunir el valor suficiente para
llamar a un abogado y consultarle sobre la validez del certificado. Además
queriendo ser cautelosa, prefirió no llamar al abogado que solía aconsejar a su padre
sobre temas legales de modo que telefoneó a uno de El Paso, dando a la secretaria
un nombre falso. Estuvo de suerte, porque según le dijo la mujer, acababa de quedar

un hueco libre en su agenda, y le concertó una cita para esa misma tarde. Cuando la
mujer inquirió cuál era el motivo de la visita _______ se lo explicó a grandes rasgos:
—Bueno, verá, me he casado en una pequeña ciudad mexicana, y quería saber si
el certificado es válido aquí en el estado de Texas, porque... no lo es, ¿verdad?.
 La secretaria se echó a reír.
—Todo el mundo suele pensar que no son válidos, pero sí lo son.
______ se había quedado pálida, y el corazón le estaba latiendo con tal fuerza que
le parecía que fuera a salírsele del pecho ¿No podría estar equivocada aquella
mujer?
¿Y si tuviera razón? Si en efecto era legalmente la esposa de Tom Kaulitz,
había metido la pata hasta el fondo al ocultárselo, porque al creer él que no se
habían casado, podía contraer matrimonio con Eddie, y cometer sin saberlo delito de
bigamia. ¿Qué iba a hacer?, se preguntó desesperada. Si se lo contaba, si admitía
haberle mentido, no volvería a tener ninguna confianza en ella, y la odiaría por ello,
porque seguramente creería que había intentado cazarlo con esa mentira. No
serviría de nada que le dijera que era él quien la había inducido a hacerlo,
amenazándola con formar un escándalo. Él le respondería que eso no tenía nada que
ver, que él había estado ebrio y ella no debería haberle seguido el juego. Y
entonces... Dios, entonces querría saber por qué, si no lo había hecho para cazarlo,
por qué había accedido a casarse con él. ¿Y qué le respondería ella entonces?
¿Adivinaría Tom lo desesperadamente enamorada que estaba de él? Le daría tanta
vergüenza que se enterara...
—¿Oiga? ¿Sigue ahí?
—Sí, sí, perdóneme.
—¿Aún quiere la cita?
—Sí, por favor, no la anule. Estaré allí esta tarde, gracias. Adiós.
______ colgó el teléfono y hundió el rostro en sus manos. ¡La había hecho
buena! ¿Cómo podía haber sido tan estúpida? Trató de tranquilizarse, diciéndose que
aún tenía que confirmárselo el abogado, aunque la secretaría había parecido muy
segura.
Estaba tan preocupada, que incluso se le quemó el almuerzo. Su padre se quedó
mirándola con el ceño fruncido cuando le colocó delante unas piezas de pechuga de
pollo al ajillo bastante churruscadas.
— Lo siento —farfulló ella incómoda—, me despisté y se pegó a la cazuela.
— Bueno, no pasa nada —dijo Ben—, pero la verdad es que llevas toda la
mañana... no sé, como preocupada —observó curioso un ligero rubor en las mejillas su
hija—. ¿Quieres hablar de ello? la joven esbozó una débil sonrisa y meneó la cabeza.
—Gracias de todos modos, -pero su padre no apartó la vista de ella.
—¿No tendrá algo que ver con la ausencia de T.T?
La joven se quedó mirándolo sobresaltada. ¿Lo sabía?
— Anoche, al volver, me fijé en que el coche de él no estaba en el rancho, y me
he enterado de que esta mañana ha mandado a uno de los hombres a por él a Juárez
—ante el silencio delator de la joven, continuó —. Anoche estuvo bebiendo, ¿no es
así? -La joven se sintió incapaz de mentirle, pero tampoco podía contarle toda la
verdad.
— Bueno, uno de los peones me dijo que Tom había estado tomando allí unos
tragos, pero durante su tiempo libre ... —añadió rápidamente — . Lo cierto es que no
estaba rompiendo ninguna de tus reglas, porque no lo hizo cuando debía estar
trabajando. Además... solo es una vez al año —dijo tratando de suavizarlo.
—¿Solo una vez al año? —repitió su padre frunciendo el entrecejo.
—Sí, y por favor no me preguntes cómo lo sé, porque no puedo decírtelo
—murmuró incómoda. Alzó la vista, y colocó una mano insegura en el brazo su padre
—. Papá, tú sabes que le debemos. ¿Dónde estaríamos ahora sin él?
—Lo sé, lo sé... pero, maldita sea, _______, no puedo tener un rasero para él y
otro para los demás hombres.
—Estoy segura de que no volverá a ocurrir, papá — le dijo ella—. Además, ni
siquiera lo has pillado bebido. Así que nadie podrá acusarte de nada.
Ben torció el gesto ante la insistencia de su hija.
—Bueno, supongo que tienes razón, pero si alguna vez lo pillo...—añadió
levantando un dedo amenazador.
—Lo sé, lo sé, lo echarás con caras destempladas — dijo ella sonriendo—.
¿Quieres un poco más de puré de patatas?, al menos eso no se me ha quemado.
Cuando estaban terminando de almorzar, _______ tomó un sorbo de agua antes de
decidirse a hablar.
—Oye, papá, está tarde voy a acercarme a El Paso, para recoger un paquete.
—¿Un paquete?
—Es algo que pedí por uno de esos catálogos de venta por correo —se inventó
sobre la marcha—. Es un regalo para tu cumpleaños —era una mentira plausible,
porque era dentro de dos semanas.
Aquello pareció convencer a su padre, que no hizo más preguntas, y ______, tras
recoger la mesa y meter las cosas en el lavavajillas, y subió a cambiarse para
marcharse.
Se puso una falda azul marino, una blusa blanca con bordados, y se recogió el
cabello sobre la cabeza con una pinza. Así parecía mucho más madura, se dijo
mirándose en el espejo. Lo único que estropeaba el efecto general eran las pecas que
tenía en la nariz, pero eso no podía disimularlo ni con el ligero maquillaje que se había
aplicado. Y su figura tampoco era la mejor, se lamentó dejando escapar un gruñido
ahogado. Demasiado voluptuosa. Si pudiera estar tan esbelta como Eddie...
Con un suspiro se calzó unos zapatos blancos con un poco de tacón, tomó su
bolso, y bajó las escaleras. Sin embargo, el destino quiso que se topara con Tom en el
porche delantero. Parecía cansado, y sus ropas estaban polvorientas y manchadas de
tierra. La miró de arriba abajo.
—Branden está en los rediles —le dijo de improviso—. Porque supongo que te
has vestido así por él, ¿me equivoco?
—Pues sí, te equivocas —replicó ella molesta—. Voy al Paso a hacer unas
compras.
—Ya veo —murmuró él sin interés—. ¿Tendrías un minuto antes de irte?
Tenemos que hablar.
El corazón de la joven se saltó un latido, y el pánico la inundó cuando él la tomó
del hombro, la llevó de nuevo dentro de la casa y cerró la puerta.
—Escucha, _______, esto tiene que acabar —le dijo apartándose de ella.
—E.... el qué? —balbució ella.
—Que me sigas cada año, cuando me emborracho—. respondió Tom irritado.
Se quitó el sombrero y se pasó la mano por el cabello mojado por el sudor—. Desde
ayer no he hecho más que pensar en lo que podría haberte pasado. Una chica sola en
Juárez... Y, como te dije, no necesitó ninguna niñera, así que no quiero que vuelvas a
hacerlo.
—La solución es muy simple —repuso ella calmadamente— deja de
emborracharte cada año.
Tom escrutó su rostro.
—Supongo que debería hacerlo —admitió—, porque si cada vez que bebo me
falla de ese modo la memoria....
______ tuvo que apartar la vista para que él no se diera cuenta de lo incómoda y
nerviosa que estaba.
-No tienes que preocuparte, Tom, tu secreto está a salvo conmigo —le dijo, y
sonrió.
Él pareció relajarse un poco al fin.
—Está bien, trato, anda, ve a hacer tus compras.
Sin embargo, tras decirle eso, sus ojos volvieron a recorrer el cuerpo de
_______ en un lento barrido que hizo que a la joven le temblaran las rodillas.
—¿Qué ocurre? —inquirió con voz ronca.
Tom la miró a los ojos.
—No, nada, es solo que, estoy tan acostumbrado a verte vestida como un
vaquero, que a veces me olvido de que tienes piernas... y unas piernas muy bonitas,
por cierto —dijo bajando la mirada hacia ellas y sonriendo de un modo picaro.
—Mis piernas no son asunto tuyo, T.T. —le espetó la joven, sonrojándose.
Aquello no pareció hacerle gracia al capataz, como le indicó la dura mirada que
le lanzó.
—¿Porque pertenecen a ese veterinario pelirrojo? Por mucho que niegues lo
vuestro, él actúa más como un amante que como un amigo. Además, tampoco creas
que me iba a escandalizar porque lo admitas. Como siempre me estás recordando, ya
tienes veintidós años, y las chicas en esta época no llevan precisamente vida de
monjas. Ningún hombre espera ya que su esposa sea virgen cuando se casan.
A la mención de la palabra «esposa», _______ se sintió palidecer, pero no podía
permitir que él viera lo nerviosa que estaba.
—Pues sí, es verdad, las chicas de hoy estamos liberadas, y hacemos lo que nos
viene en gana. Y si quiero acostarme con un hombre, es cosa mía.
Los ojos de Tom relampagueaban.
—¿Y tu padre está de acuerdo con esa actitud tuya?
—Lo que mi padre ignora no puede hacerle daño — dijo ella incómoda por la
espiral de mentiras en las que ella misma se estaba metiendo—. Tengo que irme, Tom.
—Dios... —masculló él mirándola con desprecio—. Y pensar que yo creía que
eras una mosquita muerta.
Aquello le dolió profundamente a la joven.
—¿Y tú qué? No creo que Eddie y tú os vayáis a jugar al bingo cuando quedáis.
Así que no pretendas darme lecciones de moral —le espetó.
— Yo soy un hombre, ______ —replicó él sin alterarse. Ella alzó el rostro
desafiante.
—¿Y qué? ¿Es que eso te da derecho para acostarte con quien te plazca y en
cambio las mujeres tienen que ser castas y puras? Si queréis que lo seamos, probad
a serlo vosotros antes.
—Dudo que encuentres a un hombre virgen en muchos kilómetros a la redonda
—le dijo él burlón, echándose a reír—. Bueno, y si no te has vestido así por tu
veterinario, ¿por qué lo has hecho?
—No me he vestido de ningún modo, solo son una falda y una blusa.
—!No como te quedan a ti, nena —murmuró él enfatizando sus palabras con
otro barrido visual.
Él corazón de _______ latía como un loco, y de pronto se dio cuenta de que su
respiración se había tornado entrecortada, y de que estaba clavando las uñas en el
cuero del bolso de mano que llevaba.
Tom se acercó un poco a ella, lo justo para que ella se turbara por el calor
de su cuerpo y la proximidad. Era bastante más alto que ella, así que la joven tuvo
que alzar el rostro para mirarlo a los ojos. Tom había alzado la mano y estaba
acariciándole la mejilla con una suavidad musitada.
—Y yo que creía que eras una chica totalmente inocente —dijo con voz ronca.
La joven sentía que estaba ahogándose en la profundidad su mirada. Sus ojos
descendieron, como hipnotizados hacia los labios de Tom, deseándolos con una
ansia que la sobrecogía. De pronto se le ocurrió que si se acostaran no habría nada
de malo en ello, porque, si la secretaria del abogado estaba en lo cierto, eran
marido y mujer. ¿Y si lo sedujera? La deliciosa idea hizo que contuviera el aliento en
su pecho.
Pero entonces, las imágenes que estaban surgiendo en su mente se vieron rotas
por el pensamiento de lo que ocurriría si hicieran el amor: él se daría cuenta por sus
reacciones de que no tenía ninguna experiencia en absoluto, como le había dado a
entender por despecho. Además había oído que la primera vez dolía, y eso también
la hizo echarse atrás. Y él tampoco sabía que estaban casados, y podían surgir toda
clase de complicaciones. No, se dijo, ni siquiera tendría el consuelo de hacer el amor
con él una vez. Tendría que mantenerlo a raya hasta que hubiera decidido cómo iba a
contarle la verdad, y qué hacer para solucionar las cosas.
Se apartó de él, y esbozó una sonrisa.
—Tengo que irme —repitió con voz queda—. Te veré luego.
Tom farfulló algo, pero le abrió la puerta, y se quedó observando cómo se
alejaba. «Maldita sea», se dijo el vaquero. Le molestaba el modo en que las curvas de
la chica estaban empezando a afectarlo, darse cuenta de que la deseaba, pero, sobre
todo, el enterarse de que no era virgen. Aquello lo había puesto furioso. No quería
que ningún otro hombre la tocara, y el veterinario menos que nadie. Ella siempre
había estado cuidando de él, desde que llegara al rancho, y él había empezado a
sentirse tan posesivo hacia ella como un viñatero por su mejor cosecha. Hasta
entonces había pensado que era pura y virginal, y por eso jamás se había acercado a
ella, sintiéndose culpable por sus deseos lujuriosos cada vez que la veía, y en ese
momento se sentía como un idiota. Sin embargo, resultaba extraño que se sonrojara
de ese modo cuando la miraba... Tal vez no fuera tan experimentada como quería
haberle dado a entender, a pesar de las atenciones del veterinario.
Tom entornó los ojos. Sí, Brandon era muy joven, y no podía tener la misma
experiencia que él, así que aquello le daba cierta ventaja. Salió al porche, encendió
un cigarrillo, y se lo llevó a los labios sonriendo divertido mientras veía a _______
alejarse en el viejo Lincoln de su padre.

La oficina del abogado estaba junto a un centro comercial que había sido
abierto recientemente en las afueras de la ciudad. Tras aparcar el coche, se detuvo
un momento frente al edificio, para inspirar profundamente. Se temía que aquello no
iba a ser muy agradable.
Cuando estuvo sentada en el despacho del abogado, sacó el documentó de su
bolso y se lo enseñó. El hombre se tomó su tiempo para examinarlo. Era bilingüe, así
que toda la palabrería en castellano que _______ no había entendido, era perfectamente
comprensible para él.
—Es legal, se lo aseguro —murmuró devolviéndoselo— felicidades —añadió con
una sonrisa, ¿Felicidades? ______ contrajo el rostro angustiada.
—Es que... él no sabe que estamos casados —farfulló explicándole lo sucedido—.
¿No le resta validez eso, el que estuviera borracho?
—Me temo que, si estaba lo suficientemente sobrio para consentir al
matrimonio y escribir su firma, el documento sigue siendo perfectamente legal.
—Entonces quiero una anulación —se apresuró a decir _______ —. ¿Puede anularlo,
no?
—Sin problemas —dijo el hombre, sonriendo—. Solo tiene que venir aquí con
él y firmar los dos unos papeles que...
—¿Él tiene que enterarse? —inquirió ella mortificada.
—En.. me temo que sí —contestó el letrado—. Aunque no recuerde lo ocurrido,
no puede disolverse el matrimonio sin el consentimiento de las dos partes.
_______ hundió el rostro en sus manos.
—¡Pero no puedo decírselo, ¡no puedo!
—Tendrá que hacerlo —repuso el abogado con firmeza —. Podría haber toda
una serie de complicaciones legales si no lo hace. Además, si él es un hombre
razonable seguro, que lo entenderá —dijo tratando de animarla.
Pero Pepi meneó la cabeza.
—Ese es el problema, que no es nada razonable— dijo con un profundo
suspiro—. Pero supongo que tiene razón, no hay más remedio que decírselo, y lo haré
— le aseguró levantándose y estrechándole la mano Solo que no dijo cuándo.
De regreso al rancho, ______ se reprochó mentalmente durante todo el trayecto
por no haberle dado a Tom el certificado cuando se lo pidió. Ella solo había querido
ahorrarle la vergüenza de haber hecho algo así estando ebrio, no había pensado en
los problemas que podía causarle. Además, el pensamiento de ser su esposa, aunque
solo fuera sobre el papel, era una fantasía tan dulce que no había podido resistirse.
Y en ese momento, de pronto, se encontraba acorralada por la cruda realidad legal,
por su irresponsabilidad, y no sabía cómo iba a hacer para salir del lío en que se
había metido.
En un principio, optó por evitar a Tom hasta que decidiera de qué forma iba a
explicárselo, y no fue muy difícil, porque estaban en una época del año en que los
hombres del rancho tenían mucho trabajo, y apenas si lo veía. Además, pasaba todo
su tiempo libre con Brandon, deseando en secreto que sintiera por él algo de la
mitad de fuerte de lo que sentía por Tom, porque Brandon era tan divertido, y tan
comprensivo... Lástima que no hubiera la menor chispa de deseo entre ellos.
—No me gusta que pases tanto tiempo con Hale — le dijo su padre un día
durante la cena.
— Vamos, vamos —dijo ella chasqueando la lengua burlona—, lo dices porque
últimamente siempre te toca compartir con él tu pastel de manzana.
Ben Mathews torció el gesto y suspiró.
—No, no tiene nada que ver con eso. Lo que pasa es que me gustaría que
tuvieras un matrimonio feliz, _______, como el que tuvimos tu madre y yo. Hale es un
buen chico, pero es demasiado dócil. Con tu carácter, lo tendrías comiendo de la
palma de tu mano desde que pisarais el altar. No, necesitas a un hombre que no haga
siempre lo que tú quieras, un hombre a quien no puedas dominar.
A _______ solo se le ocurrió un hombre semejante, y en ese instante se
sonrojó y apartó la vista.
—El hombre en el que estás pensando ya tiene su corazón ocupado —repuso
con frialdad.
Los ojos de Ben Mathews escrutaron el rostro de su hija.
—_______ creo que tienes una edad más que suficiente como para comprender lo
que los hombres ven en las mujeres como Eddie. Tom no es distinto, y tiene... bueno
las necesidades propias de un hombre.
—Lo que haga con Eddie es asunto suyo —replicó ella contrayendo el rostro
irritada.
Su padre se quedó en silencio un buen rato, fumando su pipa.
—Es un hombre misterioso, sin duda —murmuró— Cuando llegó aquí parecía
haber salido de la nada. De hecho, al día de hoy he sido incapaz de averiguar nada
sobre él. Sin embargo, de vez en cuando he observado detalles que no me han pasado
desapercibidos. Se nota que es un hombre que ha conocido el lujo y que debió
gozar de una buena posición social. A veces me hace sentirme como un principiante
en mi propio negocio, es bueno, muy bueno en la administración del rancho.
—Está bien, me rindo, me rindo —dijo _______ levantando las manos para que
parara. ¿Qué pensaba? que no se había dado cuenta ya de lo maravilloso que era? Lo
único que le faltaba era que su padre le recitara sus excelencias.
—Lo siento. Supongo que en el fondo no debería meterme en tus decisiones. Si
te gusta Brandon, adelante.
—Gracias papá, pero el que salga con él no significa nada. Soy muy joven, y
quiero divertirme, salir por ahí. Por cierto, hablando de divertirse: el viernes por la
noche va a llevarme a bailar. ¿No te enfadarás por eso verdad?
Su padre no parecía muy contento, pero no se lo hizo ver.
—No, claro que no. Siempre y cuando no te olvides de que el sábado es mi
cumpleaños y que prometiste que haríamos algo juntos —le dijo con una sonrisa.
— ¡Cómo si pudiera olvidarme! —se rio ______ —, ¿Cuántos van ya... treinta y
nueve? —dijo para picarlo.
—Muy graciosa. Anda, córtame ya un pedazo de ese pastel.
_______ trató de no pensar en Tom durante el resto de la semana, pero el
viernes por la tarde lo vio pasar a caballo, yendo de un redil a otro. La verdad era
que estaba guapísimo sobre una silla de montar, se dijo la joven soñadora. Parecía
que hubiese nacido sabiendo montar. Incluso a galope tendido se mantenía grácil
sobre la silla. Lo había visto domar caballos varias veces, y aunque nunca se
mostraba duro con ellos, cuando estaba a lomos de uno, les dejaba muy claro quién
era el amo. Cuando domaba a uno de los nuevos caballos, su rostro se endurecía por
el esfuerzo, los ojos le brillaban, y una sonrisa de satisfacción se dibujaba en sus
labios, cuando al fin conseguía someter al animal.
Se preguntó si Tom sería así en la cama, como cuando domaba un caballo, si
sus ojos brillarían del mismo modo, si sonreiría con la misma satisfacción al llevar a
una mujer al éxtasis bajo su fuerte cuerpo sudoroso...
La joven se sonrojó, y miró avergonzada en torno a sí. Era una suerte que no
hubiera nadie por allí, nadie que la hubiera visto. Corrió a la casa y subió a su cuarto
para vestirse para su cita con Brandon. Fueron a un restaurante en el centro de la
ciudad de El Paso, que era famoso por sus vistas de la ciudad, ya que se encontraba
en la planta número catorce de un lujoso hotel.
—¡Qué maravilla! —exclamó ______, maravillada, observando las luces de la ciudad,
con las montañas de fondo. — Es una vista preciosa.
—No tanto como lo estás tú esta noche —le dijo Brandon sacándola de su
ensoñación, y mirándola embelesado. ______ se había puesto un vestido de cóctel,
sencillo pero muy elegante.
—¿Qué les gustaría beber? —los interrumpió el camarero apareciendo en ese
instante.
—Vino blanco, por favor —contestó ______.
—Yo tomaré lo mismo —añadió el veterinario.
La camarera se marchó, y Brandon se inclinó sobre la mesa, tomando las manos
de la joven en las suyas, y mirándola amorosamente.
—¿Por qué no te casas conmigo, _______? — murmuró -¿ No tendrá que ver con el
hecho de que me paso todo el día entre animales? —le dijo haciéndola reír.
La joven sacudió la cabeza.
—Me encantan los animales, Brandon, pero aún no me siento preparada para el
matrimonio —de pronto recordó que «ya» estaba casada, y se sintió algo culpable
de estar allí con Brandon, cuando estaba legalmente unida a otro hombre... aunque el
hombre en cuestión no lo supiera. Al menos aquello la hizo sentirse un poco mejor.
—Ya tienes veintidós años —insistió Brandon sin darse por vencido—. No
puedes esperar eternamente.
—Pero es que ni siquiera he decidido qué quiero hacer con mi vida —protestó
ella. Lo cierto era que ni siquiera tenía un título universitario, porque, después de
graduarse en el instituto, su padre había requerido su ayuda en el rancho—. ¿Sabes?
He estado pensando que me gustan bastante los números, y tal vez podría hacer un
curso de contabilidad o algo así.
—Excelente —aprobó él sonriente—. Así podrías trabajar para mí, porque
necesito desesperadamente un contable.
—Me temo que mi padre también —repuso ella encogiéndose de hombros—. Ya
sabes lo terrible que es el que tenemos ahora, Jack Berry.
—En fin, ¿qué le vamos a...? ¡Caray, vaya vestido!—dijo de pronto el veterinario,
dejando escapar un largo silbido admirativo.
______ giró la cabeza en la dirección en la que Brandon estaba mirando, y lo que
vio hizo que se quedará, de piedra: Eddie entraba en ese momento por la puerta
acompañada de Tom, y llevaba puesto un vestido azul muy ceñido, con un considerable
escote, los hombros descubiertos, y una enorme abertura en la falda. Tom parecía
cansado, harto sin duda de la semana y ______ bajó la vista rápidamente, rogando por
que no la viera. Sin embargo, sí debió verla, porque se quedó allí de pie un buen rato,
antes de seguir al camarero que los condujo a una mesa en el otro extremo del
comedor. _______ sonrió a Brandon, tratando de disimular su inquietud. Pero el
veterinario ya se había percatado de que ocurría algo.
—¿No le has dicho a tu padre que te traía a cenar y a bailar? —inquirió
enarcando una ceja—. Tom se te ha quedado mirando de un modo que...
—No, probablemente le ha sorprendido verme aquí, eso es todo —dijo ella,
queriendo quitar hierro al asunto.
Al cabo de un rato regresó la camarera con sus bebidas y les dejó un par de
cartas. ______ suspiró aliviada, por tener algún motivo para no mirar en dirección a Tom.
Con suerte estaba demasiado ocupado con Eddie como para acercarse a donde
estaban.



HOLA!! BUENO AQUI ESTAN LOS CAPS .. YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA ... HASTA LUEGO :))

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