Capítulo 6
Brandon se quedó boquiabierto cuando _______ le contó lo que había
ocurrido. Acababan de terminar de almorzar, y estaban tomando el café en el salón
con su padre.
—Entonces... ¿estás casada? —repitió el veterinario sin salir de su asombro.
—Bueno, sobre el papel es legal, claro, pero se puede anular —se apresuró a
decir ______, jugueteando nerviosa con los pliegues de su falda.
—Y C.C.... está enterado de esto, imagino —dijo Brandon.
— ¡Que si está enterado...! —farfulló irónico el señor Mathews, tomando un
sorbo de su humeante café.
—Bueno, ¿y qué dijo? —insistió Hale.
— Se puso furioso —le respondió _______—, pero es que no sabe toda la historia, y
yo me sentía demasiado nerviosa como para tratar de hacerle escuchar. De todos
modos ya no importa —murmuró con desconsuelo—, porque me dejó muy claro que lo
último que haría sería casarse con alguien como yo.
—No creo que hablara en serio. Es solo que lo pilló tan de sopetón... —replicó
su padre queriendo animarla— . Un hombre necesita tiempo para digerir una noticia
así.
—¿Y cuánto tardaréis en obtener una anulación? — inquirió Brandon.
—No lo sé, pero lo averiguaré mañana —respondió ______—. Papá me ha
aconsejado que vaya a ver a nuestro abogado, el señor Hardy, y me parece que es lo
que voy a hacer, aunque me temo que no sirva de mucho, porque T.T. se llevó el
certificado.
—Bueno, no debes preocuparte —le dijo Brandon amablemente a ______, dándole
unas palmaditas en la mano—. Verás como pronto se solucionará todo este embrollo.
Brandon se quedó hasta tarde aquella noche, y _______ agradeció
enormemente su compañía, pero finalmente se marchó, y no tuvo más remedio que
afrontar otra noche sin pegar ojo.
A la mañana siguiente, tal y como tenía pensado, fue a ver al abogado de la
familia. El señor Hardy había cumplido ya los sesenta años y era un hombre bastante
seco y brusco, pero era muy amigo de su padre, un magnífico abogado, y siempre
había defendido bien sus intereses.
—¿Y dices que no tienes el certificado? Hmm... — murmuró cuando _________ le hubo
expuesto el caso —. Bueno, no pasa nada. Puedo empezar a tramitar la anulación.
Solo tienes que conseguir que él venga aquí el viernes y firme una serie de
documentos.
«Ya está», se dijo _______, la anulación estaba en marcha. «Dentro de poco dejaré
de ser _______ Kaulitz y volveré a ser _______ Mathews». La idea la deprimía.
Había ansiado tanto poder mantener ese apellido, que Tom se enamorara de ella,
que aquel matrimonio hubiera sido deseado por los dos... Sin embargo, aquello no era
más que un sueño imposible. La joven suspiró y se preguntó si la herida que se había
abierto en su corazón se curaría jamás.
Mientras caminaba por la calle, pasó por delante de una empresa de trabajo
temporal, y en un impulso decidió entrar. La suerte le sonrió por una vez: había
entre las ofertas un puesto de recepcionista suplente en una aseguradora de la
ciudad. Se acercó al lugar, y le hicieron una breve entrevista, tras la cual decidieron
contratarla por un periodo de prueba. Le dijeron que comenzaría la semana siguiente,
pero también le advirtieron que estaban pendientes de que la chica a la que iba a
reemplazar mientras estaba de baja por maternidad les diera una respuesta
definitiva de si quería volver al trabajo o no.
«Bueno, si esto no me sale bien, ya buscaré otra cosa», se dijo la joven. En
cualquier caso no tenía intención de seguir en el rancho sin hacer nada, porque, si T.T.
regresaba, cada vez que lo viera sentiría abrirse las heridas de su corazón. Y si se
burlara de ella, o hacía comentarios crueles acerca de lo ocurrido... sencillamente no
podría soportarlo. Además, su padre lo necesitaba al frente del rancho, y no había
más remedio que encontrar una solución para todos. Sí, era lo mejor. En cuanto
encontrara uno a un precio razonable, alquilaría un apartamento en El Paso. Brandon
vivía allí, así que seguramente la ayudaría a acomodarse, y no se sentiría tan sola.
Quizá incluso se casara con él una vez obtuviese la anulación. Después de todo, el
joven veterinario siempre la trataba con mucha amabilidad, y sabía que sentía por
ella un afecto sincero.
Sin embargo, el miércoles por la tarde, Tom no había regresado aún. Esa noche,
Brandon llevó a ______ a la cena de la Asociación de Ganaderos, y la joven disfrutó de
la velada. La comida era excelente y, aunque nunca lo hubiera dicho, le resultaron
interesantes las discusiones sobre los nuevos métodos de la crianza y el cuidado de
las reses.
Se había puesto una falda de color mostaza con sus botas de ante preferidas,
una blusa blanca con dibujos geométricos; se había soltado el cabello, y se había
maquillado cuidadosamente. Estaba realmente bonita, y así lo corroboraron Brandon
y varios de los caballeros presentes, contribuyendo a que los ánimos de la joven se
recuperaran un poco. Era la primera vez en días que volvía a sonreír y charlar, y
cuando salieron del restaurante se encontraba relajada y alegre.
Sin embargo, el buen humor no le duró más que hasta el momento en que
Brandon estaba con ella en el porche, despidiéndose. Justo cuando el veterinario
estaba inclinándose hacia ella para darle un beso de despedida, un furibundo Tom
surgió de la penumbra.
—Ah, hola, T.T. —dijo Brandon sin saber muy bien qué esperar. Se pasó una
mano por el cabello, y se volvió hacia ______, observando preocupado su rostro,
repentinamente pálido—. Bueno, ya te llamaré por la mañana. Buenas noches, ______.
Y se alejó a toda prisa. _______ se quedó mirándolo hasta que hubo arrancado
el automóvil, desapareciendo en la noche, porque se sentía incapaz de subir la vista
hacia Tom. Lo había mirado de reojo momentos antes, y tenía una expresión
verdaderamente peligrosa en el rostro.
—¿Dónde habéis estado? —exigió saber Tom, en tono acusador.
— He acompañado a Brandon a una cena de la Asociación de Ganaderos —le
respondió ella, tratando de mantener la calma—, ¿Acaso es algo malo? —
rebuscó en su bolso de mano hasta que encontró la llave de la casa y le dio la
espalda—. Estoy cansada, Tom, así que me voy a dormir. Mañana hablaremos de lo que
quieras.
Sin embargo, en cuando hubo girado la llave y pasado al vestíbulo, él la siguió.
—¿Es que no vas a darme la bienvenida? —le preguntó sarcástico.
_______ no le respondió; se dirigió hacia las escaleras, pero antes de que
pudiera alcanzar el primer escalón, él la retuvo por la muñeca. Tom nunca se
hubiera esperado la reacción de la joven. Se zafó de su presa, se echó hacia atrás,
chocando con la pared, y se quedó mirándolo con los ojos muy abiertos, y el pecho
subiendo y bajando por la respiración entrecortada.
Tom se acercó muy despacio.
—Por Dios, ¿no tendrás miedo de mí? —inquirió frunciendo el ceño.
La joven apartó el rostro.
—Ya te he dicho que estoy cansada. El señor Hardy está preparando el trámite
de la anulación, y me ha dicho que el viernes tendrás que ir a firmar —le dijo—.
Además, yo pagaré todos los costes. Haz el favor de marcharte. No quiero que
despiertes a mi padre.
—No está en la casa, está en el barracón, hablando con Jed. Y ahora
escúchame, y escúchame bien. No quiero volver a verte con Hale mientras aún estés
casada conmigo.
¿Por qué se creía con derecho a hacerle esa clase de exigencias? _______ quería
protestar, pero no tenía ganas de iniciar una discusión. Después de todo, tampoco
era mucho pedir, considerando que todo terminaría el viernes.
— De acuerdo —accedió — . Tal vez obtengamos pronto la anulación.
Tom entornó los ojos enfadado.
—¿Tanta prisa tienes porque Hale te ponga un anillo en el dedo?
—No quiero pelear contigo, Tom —le dijo ella quedamente, rehuyendo su mirada.
¿Por qué la turbaba de aquel modo? ¿Por qué le temblaban las piernas?—. He
conseguido un trabajo, y empiezo el lunes. Voy a buscar un apartamento en El Paso,
así que no... no tendrás que preocuparte por verme por aquí todo el tiempo y...
—______... —la interrumpió él con voz ronca.
—Buenas noches, Tom.
Se dio la vuelta y corrió escaleras arriba, entrando en su habitación y cerrando
la puerta con manos temblorosas y lágrimas rodando por sus pálidas mejillas. De
modo que estaba de vuelta... de vuelta y buscando problemas.
Se puso el camisón, se lavó la cara, y se metió en la cama con un profundo
suspiro. Tenía el brazo extendido hacia el interruptor de la lámpara de la mesilla de
noche, cuando la puerta se abrió de pronto, y entró Tom, cerrando tras de sí.
______ se quedó de piedra en la postura en la que estaba, demasiado consciente
de que el camisón verde que se había puesto era casi transparente, y de que el
escote dejaba al descubierto la parte superior de sus senos. Además, el cabello
castaño rojizo cayéndole sobre los hombros, le daba una apariencia delicada y
femenina. Tom, durante un instante, se quedó fascinado por aquella etérea visión.
—¿Qué es lo que quieres? —le espetó ella nerviosa.
—Hablar.
Tom acercó una silla a la cama y se dejó caer sobre ella. Se había quitado la
chaqueta, y había enrollado las mangas de su inmaculada camisa blanca,
desabrochando varios botones del frontal, dejando entrever su musculoso tórax
cubierto de vello oscuro y rizado, ______ tuvo que obligarse a alzar la vista a su
rostro para concentrarse en la conversación.
—¿De la anulación? —inquirió.
Apoyó la espalda en la almohada, tapándose púdicamente con el edredón, hecho
que no paso inadvertido a Tom.
Tom estaba observándola con deseo. Durante los días que había estado fuera,
varias cuestiones habían ido aclarándose en su mente. Si bien al principio solo había
estado pensando en sí mismo, en su situación, después se había parado a considerar
la de ______. Y había sido entonces cuando se había dado cuenta de cuánto le debía.
Había sido la mejor amiga que había tenido desde que empezara a trabajar en el
rancho. ¿Y cómo se lo había pagado? Hiriéndola, insultándola en su feminidad. Pero
había decidido regresar, regresar y comportarse como un hombre: tenía que
arreglar las cosas si no era ya demasiado tarde. ¿Por dónde empezar? Quizá
contándole la historia de su pasado. Si lograba comprenderlo, tal vez le perdonaría
las cosas que le había dicho.
—No —contestó al cabo de un rato—. Ahora no quiero hablar de eso. Quiero
hablarte de mí —se recostó en la silla y cruzó una pierna sobre la otra—. Nací en
Jacobsville, al sur, cerca de Victoria —comenzó—. Tengo tres hermanos, dos
mayores que yo, y otro más joven. Mi familia se dedica a la cría de ganado, pero no
de cualquier ganado, sino de ganado de raza, reses de Santa Gertrudis. Las tierras
que poseemos han pasado de una generación a otra desde hace siglos, somos lo que
se dice «de rancio abolengo».
_______ estaba mirándolo, atónita por la revelación. Había imaginado que
provenía de una familia adinerada, pero...
—Hace años me casé. Ya había pasado la barrera de los veinticinco, y me sentía
solo —le explicó encogiéndose de hombros—. Marsha tenía mi misma edad, y era una
mujer verdaderamente salvaje y aventurera. Me volvía loco. En ese sentido teníamos
un temperamento similar, y a los dos nos gustaban los deportes de riesgo, como el
rafting —se quedó callado un momento, y a ______ le pareció ver una mirada
atormentada en sus ojos negros—. Era muy posesiva, y al principio aquello me
divertía, pero con el tiempo empezó a agobiarme. Empezamos a tener discusiones
muy fuertes por eso. Quería pasar conmigo cada minuto del día. Era tremendamente
celosa. Unos amigos me habían invitado a una excursión en la que planeaban bajar los
rápidos del Colorado, y, cuando acepté, ella se empeñó en acompañarme, a pesar de
que en los últimos días había estado teniendo mareos y náuseas. Discutí con ella y
traté de convencerla de que era mejor que no fuera, pero no me hizo ningún caso.
Creo que estaba obsesionada con que la engañaría con alguna de las otras mujeres
del grupo. Siempre estaba viendo fantasmas donde no los había. Cuando íbamos en la
balsa, descendiendo por el río, nuestra embarcación zozobró en un recodo, y ella
cayó al agua. La buscamos durante más de una hora, pero cuando al fin la
encontramos ya era demasiado tarde — levantó la vista hacia ______, y la luz había
abandonado sus ojos —. Entonces me enteré de que estaba embarazada de tres
meses.
—Lo siento —musitó ______ — . Debió ser muy duro para ti.
Él asintió con la cabeza.
—Ella no me había dicho nada, así que ignoro si no sabía que estaba en estado,
o si me lo había ocultado intencionadamente —se quedó callado de nuevo—. Me ha
llevado tres años empezar a aceptarlo. Cuando murió yo heredé su fortuna, y eso es
decir mucho, porque era tan rica como yo. Esa es la razón por la que vine aquí, para
empezar de cero. Quería apartarme de todo ese dinero, un dinero que no había
ganado yo, sino que simplemente había llegado hasta mí; quería averiguar si sería
capaz de llegar a algún sitio con el sudor de mi frente. Y en cierto modo ha sido
divertido, abrirme camino por mi mismo.
— A nosotros nos salvaste la vida, Tom.-murmuro ______—. Te debemos muchísimo.
Para mi padre y para mí siempre fuiste un misterio, pero aun así, desde el principio
te adaptaste muy bien al rancho, a nuestro estilo de vida. Tú encajas aquí.
— Excepto por un día al año —contestó él con amargura—. Cada año, cuando
llega esa fecha, es como si perdiera la cordura. Es extraño que no me diera cuenta
de cuánto deseaba tener un hijo hasta que ya era tarde.
La joven no sabía qué decir para reconfortarlo.
—Aún eres joven —le dijo finalmente—. Puedes volver a casarte y tener otros
hijos, Tom.
—Pero ya lo estoy, ______ —respondió Tom entornando los ojos—, estoy casado
contigo, ¿o lo has olvidado?
______ sintió que le ardían las mejillas. Bajó la vista a la colcha.
— No por mucho tiempo. El señor Hardy me dijo que estando de acuerdo los
dos, no deberíamos tener problemas para obtener la anulación.
—Me gustaría escuchar la versión completa de lo que ocurrió esa noche, _______
—dijo él, sorprendiéndola. Ella se encogió de hombros.
— No hay mucho más que contar aparte de lo que ya te dije. Te encontré
borracho como una cuba en una cantina de Juárez. Traté de convencerte para
hacerte salir de allí, pero tú me lanzaste una serie de comentarios insultantes, y me
dijiste que, ya que parecía que siempre estaba queriendo hacer de tu niñera, lo
mejor sería que me casara contigo. De hecho, me amenazaste con hacer que los dos
acabáramos en la cárcel si no aceptaba. Yo no estaba segura de poder tomar esa
amenaza a la ligera, porque no sabía si llevabas la pistola encima, y borracho como
estabas... Además, no hace falta mucho para que te metan en una cárcel mexicana,
pero no es igual de sencillo salir. De pronto empezaron a pasar por mi mente
imágenes de los dos en una prisión, muriéndonos de asco allí durante meses, mientras
mi padre perdía el poco dinero que tenemos pagando a abogados para sacarnos.
— ¡Por todos los santos! ¿Y por qué no me contaste todo eso?
—Tú ni siquiera querías escucharme —contestó ella molesta—. Estabas
convencido de que era una mujer mercenaria que solo quería sacarte los cuartos.
Tom dejó escapar un suspiro de frustración.
—En eso tendrás que perdonarme, pero es que toda mi vida he tenido que lidiar
con gente de esa calaña por mi condición.
— ¡Eso no excusa para que pensaras que yo era una cazafortunas! —replicó
______—. He cuidado de ti siempre que lo has necesitado, y me gustaba pensar que
éramos amigos, pero eso era todo —mintió, queriendo salvar lo poco que quedaba de
su orgullo—. ¡Nunca cruzó por mi mente la idea de casarme contigo!
Tom escrutó el rostro de la joven mientras sopesaba aquella vehemente
declaración. No la creía. Estaba convencido de que sentía algo por él. Tal vez si
procedía con cuidado y cautela, lograría que lo admitiera.
—¿Recuerdas aquella ocasión en que te dije que no quedaba ningún amor que
dar? —comenzó—. Durante mucho tiempo después de la muerte de Marsha fui
incapaz de reaccionar ante cualquier demostración de afecto por lo culpable que
me sentía. Era como si se me hubiese dormido el corazón.
—Lo comprendo —le dijo ella bajando la vista—, pero yo jamás he sido una
amenaza para ti, Tom.
— ¿Eso crees? —murmuró él, sonriendo débilmente —A mí me pareciste desde
el principio la persona más cariñosa que he conocido en mi vida. Te preocupaste de
mí como una madre, y es gracioso cómo llegue disfrutar con tus atenciones: pastel
de manzana cuando estaba melancólico; galletas caseras en las alforjas de mi caballo,
cuando tenía que pasar el día en los pastos... Sí, desde el principio te me metiste en
el alma, y lo extraño es que hasta ahora no me haya dado cuenta de hasta qué punto.
—No trates de arreglarlo, Tom. Sé que lo que me dijiste cuando te enteraste de
que sí nos habíamos casado es lo que piensas en realidad de mí, que soy un
marimacho, una chica gorda y fea.
—¡______!
—¿Y sabes qué? Me da igual que sea verdad — masculló la joven—. Soy fea, y
estoy gorda, y soy provinciana. Eddie, en cambio, siempre ha sido tu estilo, tan
bonita y tan sofisticada.
—Eddie no quiere una casa en el campo, ni dos o tres hijos —respondió Tom
calmadamente.
¿Se trataba de eso? ¿De que si Eddie no estaba dispuesta a darle lo que quería,
sería capaz de conformarse con ella, como si fuese la opción más práctica, aunque
menos apetecible? ¿Qué se había creído? Estaba loca por él, pero eso no significaba
que iba a dejar que la tratase como un segundo plato.
—Pues hazla cambiar de idea. ¿O es que no te ves capaz? ¿Tiene demasiado
carácter para ti?
—No quiero hacerla cambiar de idea —le respondió él irritado,
sorprendiéndola—. Estoy casado contigo.
—Eso no es problema —se obstinó _____—. Ya te he dicho que el señor Hardy
está tramitando la anulación, y que solo tendremos que firmar unos papeles el
viernes.
Tom la miró fijamente.
—Escucha, ni siquiera te has parado a considerar las opciones: el negocio de tu
padre aún no está saneado, y yo podría darle el empujón que necesita. De hecho,
habrá alguna cosa que tú quieras. Puedo comprarte lo que quieras. Después de todo,
soy rico.
—No quiero tu dinero —le espetó Penélope indignada—. Como cualquiera
necesito comida en la mesa y un techo sobre mi cabeza, pero el dinero nunca me ha
importado, y creía que tú lo sabías, pero parece que no.
Tom resopló irritado.
—¿Es por Hale? —exigió saber—. ¿Es él la razón de que tengas tanta prisa por
obtener la anulación?
—¿Pero qué dices? —exclamó ella indignada—. ¡Eras tú quien quería poner fin a
esto cuanto antes!
—Bueno, sí, lo sé, pero lo he pensado mejor —contestó él descruzando las
piernas—. Verás, lo cierto es que es ventajoso para mí, porque, al estar ya casado, no
tendré que preocuparme por espantar a las cazafortunas que acuden a mí como
abejas a la miel.
¡Aquello ya era demasiado! ______ se irguió en la cama.
—Escúchame bien, Tom: no voy a convertirme en una especie de tabla de
salvamento para ti. ¡Lo de casarnos fue idea tuya!
—Bueno, tú no te negaste, ¿no? —repuso él con malicia
—¡Ya te he dicho por qué no lo hice, idiota! ¡Porque no quería pasar el resto de
mi vida en una cárcel mexicana!
— ¡Oh, vamos, ______! Si como me has contado estaba tan borracho que me caí
redondo después de casarnos, ¿cómo iba a causar problemas?
Ella lo miró sin pestañear, pero no podía refutarlo.
—Tienes respuestas para todo, ¿verdad? —le dijo molesta.
Tom bajó un instante la vista, como pensativo.
—Una vez me diste a entender que Hale y tú erais amantes... ¿Lo sois?
—inquirió alzando la vista.
_______ lo miró recelosa. ¿Habría leído entre líneas?, ¿se habría dado cuenta de
que le había mentido cuando le había hecho creer que era muy experimentada?
—Eso no es asunto tuyo.
— ¡Ya lo creo que lo es! Ahora eres mía.
El corazón de ______ dio un brinco, pero no podía permitir que él viese cómo la
habían afectado esas palabras.
—No, no lo soy. Solo te casaste conmigo por accidente. No tienes derecho a
entrometerte en lo que haya entre Brandon y yo.
—Te equivocas —dijo Tom, poniéndose de pie y acercándose a la cama. Se
quedó allí de pie, observándola con los ojos entornados y llameantes, como
advirtiéndole que no lo desafiase—. No vas a volver a acostarte con él —le ordenó—.
Y no más citas.
— ¿Quién te has creído que eres? —exclamó ella, mirándolo de hito en hito,
boquiabierta.
— Su marido, «señora Kaulitz».
—No me llames así —murmuró ella, sintiendo mariposas en el estómago al oír
ese nombre de sus labios.
— Ahora ese es tu nombre. Y ya puedes irte olvidando de la anulación, porque
no pienso firmar esos papeles.
— ¡Pero tienes que hacerlo! —exclamó _______. ¿Por qué estaba jugando con
ella de aquel modo?
— ¿De veras? ¿Por qué? —inquirió él, mirándola con interés.
—¡Porque es la única manera de deshacerte de mí! ¿No es eso lo que querías?
Tom frunció los labios y le dedicó una larga mirada.
—No estoy muy seguro. Después de todo, llevas tres años cuidando de mí, tres
años a mi lado, en las duras y las maduras. Eres un tesoro, ______, y no pienso renunciar
a ti y dejar que se quede contigo ese veterinario pelirrojo. Ya puedes ir
diciéndoselo.
— ¡Pero yo no quiero ser tu esposa! —exclamó la joven desesperada. No
comprendía aquel cambio repentino de opinión en él, y la asustaba.
—¿Cómo puedes decir eso? —inquirió él burlón, enarcando las cejas—. Espera a
que te haya hecho el amor.
La joven se puso roja como la grana. Tom dio un paso hacia ella, y vio como se
ponía tensa, abriendo los ojos como platos por el temor.
El vaquero meneó la cabeza y chasqueó la lengua.
—Por amor de Dios, ______, si persistes en esa actitud, nos será muy difícil tener
hijos.
— ¡No pienso tener ninguno contigo! —musitó ella incómoda, echándose hacia
atrás, y encontrándose acorralada contra el cabecero de la cama—. ¡Sal de mi
cuarto! —casi chilló cuando él se inclinó hacia ella.
Justo cuando Tom había apoyado las manos en el colchón, aprisionando a
_______, se abrió la puerta del dormitorio, y entró el padre de la joven.
—¿Qué demonios está pasando aquí? —farfulló—. ¡T.T! —exclamó sorprendido—.
¿Qué estás haciendo en el dormitorio de mi hija?
—Estamos casados —le recordó Tom con socarronería, sacando el
certificado de su bolsillo—. Y esto lo prueba.
—Sí, pero tú no querías estar casado con ella — repuso Ben frunciendo el ceño
— . Creía que te habías marchado para obtener una anulación.
— He cambiado de idea. Es una excelente cocinera, que yo sepa no tiene ningún
vicio. Podría haber sido peor.
—¿Cómo te atreves? —le gritó ______ roja de ira—. Sal de aquí ahora mismo,
Tom Kaulitz! ¡Por mí puedes irte al infierno! Voy a conseguir esa maldita
anulación con o sin tu colaboración.
Tom intercambió una mirada divertida con Ben.
—Me parece que habla en serio, T.T. —murmuró el ranchero enarcando una
ceja—. Nunca la había visto tan enfadada.
— Pues claro que no —contestó Tom sonriendo—. Me llevará algo de tiempo
convencerla, pero al final verá que es lo mejor para todos. Pero, entre tanto —dijo
rodeando los hombros de su suegro con su brazo—, me gustaría hablar con usted de
algunas mejoras que tengo en mente para el rancho.
— ¡No lo escuches, papá! —gritó ______ iracunda—. ¡Está tratando de comprarnos!
— No es verdad —se defendió Tom, fingiéndose ofendido—. Solo estoy
tratando de vencer tus objeciones, y estoy seguro de que a tu padre no le
importaría tener un socio, sobre todo tratándose de su flamante yerno, verdad,
¿«papá»? —añadió, dirigiendo al ranchero una amplia sonrisa.
—Cierto, «hijo» —asintió Ben sonriendo también —.La verdad es que no lo
había visto desde ese punto de vista. Serás para mí el hijo que siempre quise tener.
______ los estaba mirando sin dar crédito a lo que oía.
—¿No os estáis olvidando de un pequeño detalle? — les dijo, sonriéndoles con
fingida dulzura—: ¡No pienso seguir casada con ese oportunista! —masculló irritada,
señalando acusadora a Tom.
—No te preocupes, papá —le dijo Tom a Ben —.Me necesita para la
anulación, y yo no pienso firmar nada. Nunca creí que hubiera una mujer tan dura de
corazón como para querer deshacerse de su marido antes incluso de la luna de miel.
—Es cierto, cariño, ni siquiera habéis tenido un viaje de luna de miel —le dijo el
ranchero a su hija, como cayendo en la cuenta de repente.
— ¡Por mí puede irse él solo de viaje! —gruñó ______ — . ¡Al Triángulo de las
Bermudas! Con suerte, tal vez desaparezca y no tenga que volver a verlo.
—Ahora no tenemos tiempo para viajes —contestó Tom como si tal cosa— Hay
mucho trabajo por hacer aquí en el rancho. He pensado en invitar a mis hermanos a
que vengan para hablar de la compra de uno o dos sementales de la ganadería de
Santa Gertrudis, y...
— ¡Ya basta, T.T.! ¡No tiene gracia! No pienso dejar que...
—¿Y qué tienes que ver tú en todo esto? —le espetó T.T. con aire inocente—.
Somos tu padre y yo los que vamos a hacernos socios.
—¡Papá, no puedes dejarle hacer esto! —exclamó ______, mirando suplicante
a su padre.
—¿Por qué no? —inquirió Ben enarcando las cejas—. Unos sementales de Santa
Gertrudis nos vendrían estupendamente para el rancho.
—Déjala, papá, es solo que se siente algo frustrada — le dijo Tom llevándose al
ranchero hacia la puerta—. Tras un par de noches de pasión la tendré comiendo de
mi mano.
— ¡Si te atreves a volver a poner un pie en mi habitación te abriré la cabeza
con el mango de una escoba! —rugió ______.
Tom le dirigió una sonrisa lobuna a través de la puerta entreabierta.
—Me encantan las mujeres con carácter — murmuró.
— ¡Lárgate ya! —le gritó ella—. Quiero dormir.
—Creo que lo necesitas —respondió él —.Tal vez se mejore un poco tu humor.
______ le había tirado un almohadón, pero él cerró la puerta antes de que pudiera
acertarle.
—Mejorar mi humor... —farfulló _______, observó furiosa la puerta cerrada—.
Primero me insulta, después se larga con un berrinche de mil demonios, exigiendo la
anulación, y ahora dice que quiere hacerse soció de mi padre. ¡No entenderé jamás a
los hombres!
Capítulo 7
No era inusual que Tom desayunara con ______ y su padre, pero, como en los
últimos meses se había mostrado tan distante y reservado, a la joven le sorprendió
encontrarlo sentado en el comedor a la mañana siguiente con su padre. Sin embargo,
lo que más le chocó fue encontrar el desayuno ya hecho.
—¿Sorprendida? —murmuró Tom divertido, recorriendo posesivamente la
figura de ______ con sus ojos negros — . ¿Por qué será que todas las mujeres piensan
que los hombres somos unos inútiles? Vamos, siéntate antes de que se enfríen las
tortitas, el bacon y los huevos revueltos.
_______ tomó asiento frente a él, al lado de su padre. Observó extrañada que
este estaba vestido con su mejor traje.
—¿Me he perdido algo, hay una celebración hoy, o algo así?
—Um, no —contestó el ranchero incómodo—. Voy a ... bueno, esta mañana voy a
ir al banco para pagar la hipoteca sobre la propiedad.
—¿Con qué dinero? —inquirió ella suspicaz.
—Ya te lo contaremos más tarde —intervino Tom—. Ahora come.
—¿Papá? —insistió _______, mirándolo. Su padre tenía un aire de culpabilidad, y
cuando la joven se volvió a mirar a Tom, una sonrisa de satisfacción brillaba en sus
labios—. Esto es cosa tuya, ¿no es cierto? ¿Le has dado el dinero para pagar la
hipoteca? —exigió saber.
— Ahora es mi suegro —contestó Tom calmadamente—, y pronto seremos
socios. De hecho, tu padre va a encargarse del papeleo hoy mismo, cuando vaya a la
ciudad.
—¿Y tú?, ¿no vas con él? —inquirió ella extrañada, fijándose en que se había
puesto la ropa de trabajo. Él se encogió de hombros a modo de disculpa.
—Hoy nos llega una partida nueva de ganado, y alguien tiene que quedarse aquí
para firmar los recibos y supervisar su descarga.
—¿Una partida nueva? —repitió la joven perpleja —. ¿Qué partida nueva?
— Unas cuantas vaquillas, eso es todo —contestó él, y añadió con una sonrisa—.
Pero vamos a tener dos toros de Santa Gertrudis. Mis hermanos vienen mañana para
cerrar el trato.
—¿Cuántos hermanos dijiste que tenías? —inquirió ella, recordando
vagamente que los había mencionado la noche anterior.
—Tres.
— Dios nos asista —murmuró ella—. ¿Y están casados?
Él la miró con los ojos entornados.
—Uno sí, el más joven. Los dos mayores aún están solteros, y más vale que no
empieces a tener ideas raras porque ya tienes marido, por si no lo recuerdas.
—Solo hasta que consiga que me firmes cierto papel —contestó ella sonriendo
dulcemente.
—Cuando nieve en el infierno.
—Primero quieres una anulación, y de repente ya no la quieres. ¿Se puede
saber de qué va todo esto?
— Digamos que recobré el sentido común justo a tiempo —le contestó Tom,
sonriendo mientras untaba margarina en una tostada. Bajó la vista a los generosos
labios de ______, donde se detuvo largo rato antes de volver a fijarse en los ojos de la
joven—. Reconozco la calidad cuando la veo.
El corazón de _______ se disparó de pronto. No era justo que le hiciera
aquello, que jugara con sus sentimientos de esa manera.
—Pensaba que solo me necesitabas para «espantar a las cazafortunas» —le
espetó _______.
— Y es verdad —asintió él—. Voy a establecer aquí una rama del negocio
familiar —le explicó—. La mayoría de la gente del sur de Texas conoce las
propiedades de los Kaulitz, así que muy pronto la noticia de que nos expandimos
hacia El Paso correrá como la pólvora, y me veré perseguido por toda una horda de
mujeres sedientas de dinero, como me ocurría en Jacobsville, mi ciudad natal. Pero
en cuanto vean a mi dulce mujercita a mi lado, eso las disuadirá de su propósito.
— Yo no soy dulce, y tampoco soy tu mujercita — masculló ella, dejando la taza
de café—. Soy un chicazo, soy fea y estoy gorda, tú mismo lo dijiste.
Tom contrajo el rostro, como si le hubieran pegado un puñetazo en el
estómago.
—Escucha _______, te dije un montón de cosas de las que me arrepiento —le
contestó —. Espero que no vayas a pasarte los próximos veinte años echándome eso
en cara cada vez que te enfades por algo.
La joven bajó la vista y no contestó. Empezaba a estar cansada de todo aquello.
No comprendía nada, ya no sabía si Tom hablaba en serio o si se estaba burlando
de ella.
—¿No estás bien, ______? —preguntó su padre, mirándola preocupado.
—No es nada, solo que no he dormido muy bien — murmuró la joven.
—Pobrecilla, no ha podido dormir pensando en mí— la picó Tom, sonriendo con
malicia.
La joven lo habría fulminado con la mirada si hubiera podido.
— ¡No es verdad!
—Como quieras, ______, lucha contra lo que sientes, niégalo, pero al final ganaré
yo, y lo sabes —le contestó Tom poniéndose de pie y mirándola.
La joven alzó el rostro hacia él, confundida.
—Estás totalmente perdida, ¿no es verdad? —murmuró él—. Bueno, es normal.
Tardarás algún tiempo en hacerte a la situación, pero a todo se acostumbra uno.
Hasta luego, Ben —apuró de un trago el resto de su café, se puso el sombrero, y
miró una última vez a _______ antes de salir del comedor—. ¿Por qué no vienes a vernos
descargar a las vaquillas en el embarcadero? —le dijo.
Era la primera vez que le hacía una invitación así, expresamente, como si
deseara su compañía. _______ no sabía qué responder. Abrió la boca, pero no acertó
a articular palabra.
— Si te decides ya sabes dónde voy a estar — murmuró él ahorrándole el
esfuerzo. Y se marchó. La joven se volvió hacia su padre anonadada.
—¿Qué diablos está pasando aquí? ¿Por qué de repente está tan cambiado?
—No tengo ni idea —le contestó Ben—, pero desde luego no puedo decir que
esté descontento con su cambio de actitud y lo que está haciendo por nosotros.
Estas tierras han pertenecido a nuestra familia desde el final de la Guerra Civil, y
me dolería mucho ser yo quien las perdiera por mi mala gestión.
_______ sabía lo mucho que el rancho significaba para su padre, y sintió una
punzada de culpabilidad por estar mostrándose tan difícil cuando Tom era la
respuesta a sus problemas y en el fondo lo que ella siempre había soñado.
—¿Qué opinas tú de todo esto, hija? —inquirió Ben.
—Que T.T. simplemente está sacando provecho de la situación. O tal vez crea
que anular el matrimonio sería como un golpe a su masculinidad —aventuró
encogiéndose de hombros—. O quizá sea verdad lo que dijo ayer, que es para
mantener a raya a las cazafortunas. Lo único que no me cuadra, es que hace unos
días casi quisiera matarme cuando se enteró de lo que había pasado en Juárez, y de
repente esté tan suave.
—Bueno, tal vez mientras ha estado fuera se le hayan aplacado un poco los
ánimos —murmuró Ben pensativo—. Tal vez haya decidido como dice que no era tan
malo.
La joven recordó en ese momento lo que Tom le había insinuado acerca de
que él quería formar una familia, y como Eddie no le parecía la pareja adecuada
porque se negaba a tener hijos.
—¿Ya estás dándole vueltas otra vez a algo, ______? —dijo el señor Mathews
sacándola de sus pensamientos—. Vamos, ¿por qué no intentas vivir el presente y
esperar a ver qué pasa?
—Supongo que tienes razón —murmuró la joven—. Oh, y hablando del presente.
Aún no te he dicho que he conseguido un empleo.
—¿Un empleo?
—Bueno, aún no es definitivo, pero de momento voy a hacer la suplencia de una
recepcionista en una aseguradora de El Paso. Acaba de tener un bebé, y todavía no
les ha dicho si va a volver o no —explicó. Su padre estaba mirándola con el ceño
fruncido, como si no acabase de aceptar la idea de que fuera a trabajar—. ¿Qué?
¿Qué hay de malo en que haya conseguido un empleo? Tendrías que estar contento
por mí.
—Pero, ______, ¿pero qué voy a hacer sin ti aquí?, ¿cómo me las voy a apañar?
—Papá, no puedo quedarme en casa para siempre —repuso ella, enarcando las
cejas.
—Pero ahora que estás casada no te hace falta trabajar fuera —insistió su
padre—. Yo pensé que estarías contenta: tienes un marido atractivo, rico,
inteligente...
— ...y también cabezota, irrazonable, déspota...
—Oh, vamos, ______, es un buen hombre, y además le gustan los niños —continuó
su padre—. Y a mi me encantaría tener nietos. ¿Te imaginas nuestra casa llena de
niños? Nada me haría más feliz.
—Estupendo —farfulló Penélope—. Si eso es lo que quieres, en cuanto obtenga
la anulación, me casaré con Brandon y te daremos un montón de nietos, todos
pelirrojos —le dijo con una sonrisa maliciosa.
— ¡Pero yo no quiero nietos pelirrojos! —exclamó Ben irritado.
—Peor para ti —replicó _______ muy calmada mientras terminaba su desayuno—,
porque no pienso pasarme el resto de mi vida espantándole cazafortunas a T.T.
—¿No se te ha ocurrido que quizá tenga otras razones para querer seguir
casado contigo? —inquirió su padre al cabo de un rato—. ¿Razones más personales de
las que te ha dado?
—¿Te refieres a lo de su esposa y su hijo? -Ben asintió con la cabeza.
—Aquello debió ser durísimo para él, y entiendo muy bien que se haya sentido
culpable todo este tiempo. Nadie sabe mejor que yo lo que es eso, echarse la culpa
todo el tiempo. ¿Cuántas veces me habré preguntado si tu madre no habría muerto si
yo no hubiese bebido aquella noche? Tardé mucho en comprender que el
mortificarme no la haría volver, y que no podía seguir viviendo en el pasado, así que
me eché mi cruz al hombro y seguí adelante. Creo que él está comenzando a darse
cuenta de eso mismo ahora. Tal vez haya decidido que es el momento de volver a
empezar.
—Puede que tengas razón, papá, pero, ¿qué pasa conmigo? A mí no me basta
con ser un bálsamo curativo para él, yo quiero sentirme amada, deseada, necesitada.
—¿Y acaso no te necesita T.T., hija? Te necesita muchísimo, y eso ha quedado
patente a lo largo de estos tres años —le recordó su padre.
—Oh, sí, claro, la tonta de ______: sacándolo siempre de apuros, asegurándose de
que se pone el chubasquero cuando llueve, de que come bien... eso no es lo que él
necesita, papá. Necesita a una mujer a la que pueda amar. Eddie es la mujer que le
conviene. Al menos ellos tenían una relación de verdad. T.T. y yo nunca... Ni siquiera
me ha besado —confesó sonrojándose.
—Bueno, podrías pedirle que lo hiciera —contestó Ben con una sonrisa
maliciosa—. Para... comprobar que estás satisfecha con la «mercancía» que has
adquirido.
La joven enrojeció aún más y bajó los ojos al plato.
— Yo no quiero que me bese.
—Pues hasta que no lo haga, no sabrás lo que te estás perdiendo —dijo su
padre con sorna—. A pesar de los intentos de Hale, has llevado una vida de monja
todos estos años.
—¡Papá! —exclamó ______—. No le habrás dicho eso a T.T., ¿verdad?
—Me temo que ya se lo habrá figurado por sí mismo —contestó Ben—. T.T. no
está ciego, hija mía, y tú te sonrojas con demasiada facilidad.
—¿Qué voy a tener que hacer? ¿Ponerme polvos de arroz en la cara o llevar una
máscara? —gruñó ______ desesperada—. ¡Hombres!
— Vamos, vamos... —trató de calmarla Ben.
— Y tú... tú... mi propio padre, confraternizando con el enemigo...
—Yo solo quiero lo mejor para ti, cariño.
—Y el que él te haya prometido pagar tus deudas es como la guinda del pastel,
¿no es así? —lo acusó _______.
—Bueno, no puedo negar que una oportunidad así no se presenta todos los días
—dijo su padre sonriendo conciliador—. Pero tienes que entenderlo, _____, estas
tierras son el legado de los Mathews. Han pasado de una generación a otra durante
años. Sí, hija mía, esta es una propiedad cargada de historia, y yo querría que tus
hijos la heredasen y se sintiesen tan orgullosos de ella como yo.
La expresión de la joven se suavizó, y puso su blanca mano sobre la mano
arrugada de su padre.
—Lo comprendo, pero es que el matrimonio ya parece bastante duro cuando uno
se casa con alguien a quien ama, con que un matrimonio sin amor...
—Pero tú sí lo amas —replicó Ben—. Me he fijado en cómo lo miras, en el modo
en que se ilumina tu rostro cuando entra en la habitación en la que tú estás. Él
simplemente no lo ha visto nunca porque no se ha molestado siquiera en mirar, pero
me parece que el hecho de que no quiera esa anulación debería darte alguna
esperanza.
—Pero, papá, está muy claro por qué ya no quiere anular nuestro matrimonio:
porque cualquier mujer dispuesta a tener hijos y llevar una casa le valdría, ¿es que
no lo ves?
—No, me niego a creer eso —dijo su padre mientras sacaba su reloj de bolsillo
y comprobaba la hora—. Vaya, me temo que debo marcharme o llegaré tarde. No me
esperes para almorzar —le dijo poniéndose de pie —. Oh, pero T.T. me dijo que sí
vendría para comer contigo.
—Estupendo —masculló la joven—. Tranquilo, le dejaré algo en el horno.
—Vamos, chiquilla... ¿Es esa forma de tratar al hombre que va a sacar a tu
anciano padre del atolladero? -La joven contrajo el rostro.
—Supongo que no. Oh, está bien, no tienes que preocuparte, solo era una broma
—le aseguró levantándose y empezando a apilar los platos—. Y si me disculpas tú a mí
también, tengo cosas que hacer. Ah, y no pienso renunciar a ese trabajo —le dijo
mirándolo por encima del hombro mientras metía las cosas en el lavavajillas.
El señor Mathews salió del salón lanzando los brazos al aire, dejando a ______
sola. Mientras recogía la mesa, la joven no podía dejar de pensar en T.T., y en su
invitación a que fuera a verlo trabajar. Tal vez precisamente porque no la había
presionado, decidió ir.
Montó en un caballo, y cabalgó hacia el embarcadero sin prisas. Ya a lo lejos
pudo distinguir las embarcaciones que transportaban el ganado por el río, y a los
peones haciendo bajar a las reses para conducirlas a los pastos vallados del rancho.
Y entonces divisó a Tom, supervisando la operación. Debió verla acercarse
porque de pronto se giró hacia ella, sus ojos se encontraron, y a ______ le pareció que
sonreía. El corazón de la joven dio un vuelco. ¿Por qué tenía que ponerse nerviosa
como una tonta?
Tom se alejó del embarcadero, caminando hacia ella con sus andares
elegantes, casi felinos. ______ se dijo que nunca en su vida había visto a un hombre
tan sexy como él.
— Vaya, así que al final has decidido unirte a nosotros —le dijo Tom divertido—.
Muy bien. Desmonta.
La joven se apeó del caballo y se quedó de pie al lado de él, con las riendas en
la mano y observando el ganado que los hombres estaban descargando.
—Qué cantidad de reses... —comentó admirada, mientras dejaba que Tom
atase las riendas a un poste del vallado.
—Un ranchero necesita muchas cabezas para salir adelante hoy día —apuntó él
mirándola a los ojos—, sobre todo si no se emplean atajos.
—¿Atajos? —repitió ella frunciendo el entrecejo.
—Implantes de hormonas, complejos vitamínicos... esa clase de cosas.
—¿Y finalmente vamos a comprar a tus hermanos esos toros de Santa
Gertrudis? —inquirió ella recordando la conversación que habían tenido durante el
desayuno. Él asintió con la cabeza—. ¿Y cómo son?, tus hermanos quiero decir
—preguntó curiosa—. ¿Se parecen a ti?
—Evan sí —contestó Tom—. Es el mayor de los cuatro. Sin embargo en el
carácter no nos parecemos demasiado. Él es muy reservado. Harden es el segundo, y
todo el mundo dice que nos parecemos un poco en los rasgos de la cara, pero él tiene
los ojos azules. Y después está Donald, el más joven de nosotros. Se casó un mes
antes de que yo viniera aquí. Su esposa es una chica encantadora. Se llama Jo Ann.
—¿Y vuestros padres?, ¿aún viven?
—Nuestro padre murió cuando éramos chiquillos, pero mi madre sigue con
nosotros. Se llama Theodora -añadió—. Si tenemos una hija me gustaría que le
pusiéramos su nombre —le dijo a ______ sonriendo—. Es una mujer muy especial:
resuelta y eficiente, y muy cariñosa. Estoy seguro de que le encantarás, _______
Mathews Kaulitz.
La joven se sintió enrojecer por momentos. De pronto le pareció que Tom
estaba demasiado cerca de ella, y se sintió intimidada por esa turbadora proximidad.
Se apartó un poco, pero él volvió a colocarse a su lado, sonriéndole de un modo que
daba a entender que sabía muy bien lo atraída que se sentía por él.
—No seré una Kaulitz por mucho tiempo —le dijo ______ desafiante.
—Lo serás mientras yo no quiera que dejes de serlo —murmuró él seductor—.
El matrimonio no es algo que pueda tomarse a la ligera. Si no querías casarte
conmigo, no deberías haber entrado conmigo en aquella capilla.
En eso tenía toda la razón, pero ______ no estaba dispuesta a admitirlo. La joven
se metió las manos en los bolsillos para ocultar su temblor. Ni siquiera se atrevía a
levantar la vista más allá de la camisa de cuadros azules que llevaba Tom. Una vez,
mientras él estaba trabajando en los pastos, lo había visto sin camisa, a lo lejos, y
desde ese día siempre había fantaseado con ver su torso desnudo de cerca. De
repente notó que las mejillas le ardían. ¿Por qué habría tenido que ponerse a pensar
en eso?
—Vaya, vaya... parece que estás un poco acalorada, ¿eh? —dijo Tom divertido,
enarcando una ceja—. ¿Quieres que me quite la camisa, ______?
La joven apartó el rostro, girando la cabeza hacia el ganado. Se notaba la
garganta terriblemente seca.
—No... no es verdad, solo estaba mirando el diseño—balbució.
—Querrás decir que estabas desnudándome con la mirada — corrigió Tom
sacando un cigarrillo y encendiéndolo—. Si quieres puedes quitarme la camisa y
tocarme. No me importaría. Después de todo, estamos casados.
La joven dejó escapar un gemido ahogado, y trató de dar un paso atrás, pero
Tom enredó sus dedos en un mechón de su larga cabellera, haciéndola detenerse,
como si se hubiera quedado paralizada.
—No huyas de mí —le dijo con una voz profunda que destacaba por encima de
los mugidos de los animales y el voceo de los peones—. Creo que ya es hora de que
empieces a afrontar la realidad de nuestra situación.
—Nuestra situación se resolvería muy rápido si aceptaras firmar la anulación
—murmuró ella en un hilo de voz.
Los dedos de Tom se deslizaron hasta la nuca de la joven, obligándola con un
suave masaje a echar la cabeza hacia atrás y mirarlo a la cara. ______ observó que
había un brillo extraño, en sus ojos negros, un brillo casi salvaje.
—Una anulación es para las parejas que no pueden resolver sus diferencias
—murmuró Tom—, pero nosotros vamos a darle una oportunidad a este matrimonio
aquí, ahora mismo.
—¿Qué estás... ?¡Tom!
Los labios de Tom ahogaron sus protestas, y ni siquiera la dejó ir cuando se
revolvió contra él, intentando zafarse de su abrazo. El vaquero levantó la cabeza un
instante, tiró el cigarrillo a un lado, lo apagó con la punta de su bota, y atrajo a la
joven más hacia sí con su fuerte brazo. El calor del cuerpo de Tom estaba anulando el
deseo de luchar de _______, y cuando él inclinó la cabeza hacia ella para tomar sus
labios de nuevo, se lo permitió, disfrutando el lento y sensual beso, incluso cuando se
fue haciendo más insistente, más apasionado.
Brandon la había besado y también otros chicos, pero nunca había
experimentado nada similar a aquello. Apenas sentía el calor del sol, ni escuchaba el
ruido de los animales, ni le molestaba la polvareda que levantaban.
Tom volvió a despegar los labios de ella cuando no hubo más remedio, porque
los dos necesitaban respirar. La joven se había derretido en su abrazo, y pudo leer
el placer en su rostro. Sus ojos lo estaban mirando fascinados por entre las densas
pestañas, llenos de curiosidad y una gran necesidad.
—Tom, los hombres... —acertó a balbucir—. Nos van ver...
—¿Qué hombres, cariño? —susurró él contra sus labios, acariciando la boca de
la joven con la suavidad de las alas de una mariposa. Tomó los brazos de ______ e hizo
que lo rodeara con ellos, para a continuación y comenzar a mordisquearle
ligeramente el labio inferior—. Ven aquí... —y la atrajo más hacia sí.
Ella se abandonó a aquel delicioso placer recién descubierto, notando que todo
su ser palpitaba con aquellas nuevas sensaciones que se estaban despertando en ella.
De pronto se descubrió subiendo las manos hacia el estómago de él, y después
ascendiendo hacia el tórax y los hombros. Resultaba tan extraño y tan perfecto a la
vez, el modo en que sus cuerpos parecían encajar, como las piezas de un puzzle.
Tom hizo que abriera la boca y el beso se hizo más profundo. _______
estaba en el cielo, regocijándose en la presión variable que los labios de Tom ejercían
sobre los suyos: primero suave y delicada, después más fuerte, más ardorosa. Sintió
que las piernas le temblaban. Quería más.
Sin embargo, de pronto, Tom se apartó de ella. Tenía la mandíbula apretada,
y los ojos le brillaban otra vez de un modo extraño.
—Es el momento equivocado, y el lugar equivocado —le dijo con voz ronca.
Inspiró profundamente, y escrutó el rostro de ______, asintiendo satisfecho, al
comprobar que la había excitado—. Me deseas, puedo verlo. Al menos eso es un
comienzo —murmuró.
La joven quería preguntarle qué había querido decir con aquello, pero él la tomó
de la mano, llevándola hacia el embarcadero, y empezó a hablarle de los terneros que
habían comprado, como si no hubiera pasado nada. _______ no podía dejar de
mirarlo, y sentía como si estuviese ardiendo por dentro. Era como si hubiese
cruzado un puente, y la joven sintió una emoción que no había creído posible, y que
en cierto modo le preocupaba, porque se dio cuenta de que estaba empezando a
albergar esperanzas.
HOLA!!! BUENO AQUI ESTAN LOS CAPS ... YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA ... HASTA LUEGO :))
Sigueeeee
ResponderEliminarsigue dios ese tom
ResponderEliminarSube pronto *.*
ResponderEliminarAwww que emoción!
ResponderEliminarSiguelaaaaa..
Awww que emoción!
ResponderEliminarSiguelaaaaa..
Sigueee virgi esta buenisimaaaaa
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